Just like an Engel Alastor
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Alastor

—¿Puedes solo confiar en mí? —pongo una mano en su hombro—. Voy a llegar justo a la hora que acordamos para que nos entreguemos.

Ella insiste en que yo no participe de ello, pero considerando que Saúl tiene las pruebas del crimen que cometí, prefiero entregarme por las mías a darle el placer a ese maldito.

—Allí estaré, mamá —le doy un fuerte abrazo y luego salgo de mi casa para subirme al Jeep. Debo ir a buscar a Juls y Caín para nuestro largo camino a Nueva York; según los cálculos de Juls vamos a llegar tipo siete de la mañana, aunque hay que considerar hacer paradas.

Una vez estamos todos arriba del auto, Caín se encarga de conducir.

Comenzamos la travesía con mucho ánimo, pero algo me llama la atención: al cabo de tres horas en la carretera Caín se ve demasiado despierto en comparación a Juls y a mí.

No quiero pensar mal de él, pero algo me dice que ha recaído.

—¿Qué trajeron por cierto? —pregunta Juls con bastante curiosidad. Ya llegamos a la etapa de hablar cualquier cosa porque estamos aburridos arriba del auto.

—No es que hayamos tenido tiempo de sacar muchas cosas —responde Caín.

—Oh vamos, nos vimos en la tarde, yo alcancé a hacer muchas cosas antes de juntarnos —comenta la castaña.

—¿Cómo que? —digo levantando una ceja de forma picarona.

—Como que Tyr me propuso que estemos los tres juntos.

Caín hace una cara de asco y yo me largo a reír.

Siempre he conocido muy bien a Tyr y aquello no me sorprende en absoluto; sé que le gustan tanto los hombres como las mujeres, pero dudo que Óscar acepte algo así.

Es una situación muy diferente a la de Amethyst, ya que a Tyr le gusta que sean todos quienes interactúan.

—Fuiste por cobre y llegaste con oro, esa es mi Juls —comento riendo.

—Por favor, solo estamos especulando, aún no hablo con Óscar. De hecho ni siquiera sé si tendré tiempo para esas cosas, recuerden que debo estudiar algo...

—Siempre hay tiempo para un polvo, Juls —añade Caín y los tres nos largamos a reír.

Transcurre un buen tiempo de charla y viaje y opto por cerrar los ojos e intentar descansar.

Siento algo de melancolía por saber que son mis últimos momentos de libertad, de pasarlo bien con los chicos.

No sé cuánto me irán a dar de condena, pero si de algo estoy seguro es de que asumiré toda la culpa; utilizaré el recurso de legítima defensa e intentaré como sea salir pronto de allí.

Mientras estoy medio dormido, se me viene un recuerdo en particular: aquella noche de la Mascarada Roja, antes de que todo se fuera al carajo.

Flashback

A Little Respect - Erasure

Estábamos todos bailando en la pista como si solo fuésemos simples adolescentes sin problemas.

Tomé una botella de champaña y, luego de batirla, comencé a mojarlos a todos mientras bailábamos al ritmo de la canción que sonaba en ese momento.

Me encantaba ver sus rostros con alegría; deseaba que siempre fuera así, aunque lamentablemente aquello era imposible.

—Mira cómo quedé de empapada —dijo Isabella mientras me miraba. Yo solo podía ver esa bella sonrisa dibujada en su rostro.

—Aún así te ves muy bonita —me acerqué lentamente a ella y ambos rozamos nuestras narices de forma lenta y pausada para luego juntar nuestros labios.

—Tienes sabor a champaña —exclamó ella.

—Digamos que este fue un champañeso.

—¿Champañeso?

—Un beso con champaña —me encogí de hombros—. No soy muy divertido, lo sé.

—Eres la persona más divertida que he conocido —mencionó mi ñeñe y, para total sorpresa mía, volvió a besarme de una forma mucho más apasionada mientras mi estómago se retorcía de la emoción.

Luego Alejandra se acercó a nosotros para abrazarnos y al rato se unieron todos los del grupo. Me gustaba que estuviéramos así, aunque fuera por un rato y todo fuera producto de la ebriedad.

Fin del flashback

❄❄❄

Me levanto con una resaca horrible, debí pensar que venir a Nueva York con estos dos sería una total locura, pero es momento de dejarlos.

Salgo de la habitación que alquilamos sin hacer el menor ruido posible; no quiero que sepan nada o van a querer detenerme.

Voy a dejarles el jeep a ellos, así que camino directo a la parada de bus.

Tengo que tomar cualquiera en dirección a Virginia y luego un taxi hacia Graydale; será una verdadera odisea.

Siento que se me va cayendo la baba cuando el sonido del celular me despierta.

—Mamá ¿qué quieres?

—Alastor fíjate cómo me hablas —exclama ella en tono de regaño—. Si te llamo es porque se cancela todo el plan.

—¿Es una mala broma?

—En absoluto, elegí negociar con Saúl.

—Joder, eso no te correspondía decidirlo tú sola ¿qué pasará con el agente con el cual nos íbamos a reunir?

—Él se ocupará. Lo importante, hijo, es que serás libre. Mi silencio le costó el documento que te incriminaba, así que ya está.

—¡No puedes confiar en eso, joder!

—Alastor no me grites, soy tu madre y haré lo que sea por tu bien. Esta tarde vendrá Saúl a entregarme el documento y yo firmaré un acuerdo para comprometer mi silencio. Sé que Saúl es una mierda, pero lo conozco hace mucho y él tiene palabra.

Doy un largo suspiro. Parece una broma lo que estoy escuchando.

No quiero seguir respondiendo y cuelgo la llamada.

Me cuesta creer que lo esté haciendo por mi bien; seguramente aún tiene sentimientos hacia él o él tiene demasiado dominio sobre ella, porque no encuentro otra explicación para tirar todo por la borda.

Mejor me hubiera quedado en Nueva York.

Decido irme al departamento de Caín en cuanto llego al pueblo porque prefiero estar allí en vez de verle el rostro a mi mamá.

Invito a Isabella y a Amethyst al departamento a beber algo y contarles todo lo sucedido, menos lo de Nueva York; eso es un secreto de los tres. Pero no fui infiel y eso es lo único que cuenta.

—¡Idiota! Ibas a entregarte sin decirme nada —grita Isabella lanzándome un cojín. Es un dulce mi linda mujer.

—Entiende que era un plan ultrasecreto —bufo—. Pero ya está, una cosa es lo que quiera mi madre y otra muy distinta es lo que quiera yo.

—Alastor ¿qué pretendes hacer? —pregunta la cereza.

—¿Ahora mismo? Morderles las mejillas —bromeo.

Ninguna de las dos se ríe.

—Qué mal sentido del humor tienen... Tengo un plan B. Hace rato que todo esto es más que personal, así que voy a llevarlo a cabo.

—Dinos más —ordena Isabella.

—No les puedo decir, pero mañana cuando tenga mi jeep me acompañan a la casa abandonada ¿va?

Ambas asienten al mismo tiempo.

—Yo ya me despedí de Asher así que no haré nada en todo el día —la cereza se encoge de hombros y una expresión algo triste se plasma en su rostro. Aunque es difícil de entender, ella tiene sentimientos reales por ese tipo. Qué asquito.

—¿Les diremos a los demás o qué? —Isabella continúa con su interrogatorio en vez de venir a darme besitos.

—No quiero que sepan, no es por confianza ni nada, pero si somos muchos las cosas pueden salir mal… más mal de lo que han salido —pongo los ojos en blanco.

Al llegar el lunes por la mañana, tengo todo listo para ejecutar mi plan. Tengo todo para que salga bien, estoy confiado que así será.