Amethyst
Estoy recostada junto a Cyhan mientras vemos la televisión, aunque ninguno está realmente mirando la pantalla. Las luces cambian de color sobre el techo y el sonido llena el silencio incómodo que ninguno quiere nombrar.
Fenrir no deja de escribirme.
El teléfono vibra una y otra vez sobre la mesa, insistente, casi desesperado. No respondo. Desde que supe que seguía viendo a la maldita de Genesys decidí ignorarlo. No tengo energía para más decepciones.
Aún no tomo una decisión respecto a la propuesta de Asher, pero pensar que podría no verlo durante meses me aprieta el pecho. Sé que no estará lejos para siempre… pero casi un año en Europa suena a otra vida.
Jamás he salido del país. Con suerte he ido a la playa o al campo con mi madre.
Lo más lejos que he viajado han sido cuatro horas en auto, y ahora se supone que debo cruzar un océano entero.
La idea me aterra.
Y aun así… también es mi sueño.
Quisiera que alguien simplemente me dijera qué hacer, pero todos repiten la misma maldita frase: escucha a tu corazón.
Si supiera hacer eso, probablemente no estaría rodeada de errores.
Cyhan es el único que no sabe nada sobre Madrid. No se lo dije porque no quiero enfrentar su reacción. No quiero ver decepción en sus ojos.
—¿En qué piensas, Güzelim? —pregunta acariciando mi mejilla.
Su voz es suave, demasiado suave. Como si ya sospechara la respuesta.
—¿En lo mucho que te deseo, tal vez? —respondo, acomodándome encima de él.
Necesito distraerme. Necesito apagar mi cabeza.
Pero él coloca las manos en mis brazos y me aparta con cuidado.
—No creo que sea el momento para eso.
Parpadeo, confundida.
—¿Qué ocurre?
Cyhan suspira largo, como si llevara horas ensayando lo que dirá.
—Quisiera conversar contigo algo… Sin querer escuché una conversación. Supe que te irías con Asher.
El aire se vuelve pesado.
Demonios. No ahora.
Respiro profundo antes de responder.
—Aún no tomo una decisión.
Él me observa en silencio. No hay enojo en su rostro, solo algo peor: tristeza.
—No quiero que te vayas con él.
La frase cae entre nosotros como algo frágil que acaba de romperse.
—¿Es en serio, Cyhan? Creí que habías dicho que no te importaba mi situación.
Sonríe apenas, pero no hay humor en ese gesto.
—Lo dije… aunque no lo sintiera. —baja la mirada un instante—. Si fuera por mí, me gustaría que fueras solo mía.
El corazón me da un vuelco.
Nunca lo había dicho tan claramente.
—Pero más allá de lo que deseo —continúa—, Asher no es bueno para ti.
Me tenso.
Otra vez lo mismo. Otra voz alguien diciéndome qué está mal en mi vida.
Me parece estar escuchando a Caín.
Guardo silencio unos segundos antes de hablar.
—Cyhan, no quiero discutir esto contigo. Yo quiero a Asher. Lo conozco. Él me cuida, me acepta tal como soy… me deja ser libre.
—¿De verdad crees que eso es libertad? —pregunta, enarcando una ceja, todavía calmado. Demasiado calmado—. Sé que fue él quien te hizo esa marca en la mano… y quien llenó tu cuerpo de cicatrices.
El comentario me atraviesa.
—Cyhan… —tomo su mano—. Eso es entre él y yo. Yo también lo marqué. No lo entenderías.
Él retira la mano lentamente, como si mi contacto le incomodara.
Niega con la cabeza.
—Conozco muy bien a Asher. Y si digo que te hará daño… es porque lo hará.
Sus ojos brillan, húmedos.
—Él te está engañando con esa imagen de hombre libre. Pero tú no ves lo que hay detrás.
Algo dentro de mí se cierra.
No quiero escuchar esto. No ahora. No de él.
—Cyhan, sé que quieres cuidarme, pero no quiero seguir con esta conversación. Será mejor que me vaya.
Me pongo de pie demasiado rápido. Tomo mis cosas y salgo sin mirar atrás.
El aire frío me golpea apenas cruzo la puerta.
Camino unas cuadras… hasta que recuerdo.
Mi celular.
Maldigo en voz baja y regreso. No tengo ánimo para hablar con él, así que entro en silencio y voy directo al baño.
Cuando estoy por salir, escucho voces desde el despacho.
Me detengo.
Reconozco ambas de inmediato.
Cyhan… y Asher.
—Solo te voy a advertir una vez —dice Cyhan, y su voz ya no se parece en nada a la que usa conmigo—. No quiero verte cerca de ella. Déjala en paz.
Me acerco un poco más, conteniendo la respiración.
—Vine porque necesito un contacto en Madrid —responde Asher con absoluta calma—, no para hablar de la supuesta relación que tienes con Amethyst… algo de lo que acabo de enterarme, por cierto. En otras asociaciones, esto habría significado la muerte.
El silencio que sigue es peligroso.
—En eso estamos de acuerdo —responde Cyhan—. La muerte parece una buena opción si no te alejas de ella.
Mi corazón empieza a latir con fuerza.
Esto se salió de control.
Entro al despacho antes de pensarlo demasiado.
—Basta los dos. Asher, vámonos.
Cyhan me mira confundido.
—¿Amethyst? ¿Qué haces?
—Lo que situaciones como esta me obligaron a hacer… elegir.
Tomo la mano de Asher. Estoy cansada. De todos. De las advertencias, de las decisiones imposibles, de sentirme un campo de batalla.
Asher me atrae hacia él sin dudar y me besa con intensidad. El mundo desaparece unos segundos.
Cuando me separo, veo a Cyhan inmóvil, observándonos. No grita. No discute.
Eso duele más.
Camina lentamente hacia su escritorio, toma una tarjeta y se la entrega a Asher.
—Esa es la persona que trabaja para mí en España. Les agradecería que salgan de mi casa. Necesito descansar.
Su voz es fría. Vacía.
Salimos tomados de la mano, pero algo en mi pecho se rompe mientras camino.
Siento que acabo de traicionar al hombre que me cuidó cuando más lo necesité… aunque fue él quien me llevó a este límite.
Elegí.
Tenía que hacerlo.
Asher me da todo lo que necesito: pasión, amor, contención y locura.
¿Entonces realmente me iré a España?
Creo que me he precipitado demasiado.
Mierda.
¿Hice realmente lo correcto?