Just like an Engel Caín
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Caín

Asher pone los ojos en blanco al oír lo que digo. —Acá no hay ningún lugar donde analicen cenizas. Yo me iré a Europa en un par de días y puedo llevarme eso —exclama señalando la bolsa que le entrego.

Durante la cena de Año Nuevo aproveché de sacar un poco de cenizas de la ánfora que corresponde a la bebé de Dalila. Sabía que estaba muy mal lo que hice, pero debía seguir con mi investigación. Aquello se había convertido en un propósito personal y me gustaba mantenerme ocupado.

—Tú no eres quién para tratarme de loco —respondo, mirándolo con seriedad.

Le entrego las cenizas y, antes de irme, no puedo evitar quedarme callado un instante.

—¿Qué opina Amethyst de que hayas adelantado el viaje?

—Ella no opina nada porque sabe que podrá irse conmigo cuando quiera —dice con una sonrisa bufona dibujada en el rostro.

A pesar de nuestra relación “cordial”, siento que en el fondo aún lo odio. No puedo dejar de pensar que me la arrebató y, aunque fue ella quien eligió estar con ellos, no logro quitarme esa sensación amarga. Amethyst jamás fue mía, pero tampoco soy capaz de aceptarlo, y eso me jode.

Luego de la reunion con Asher me encuentro con Alastor quien por fin logra hacerse un espacio dentro de su relación con Isa para juntarse conmigo y con Juls como en los viejos tiempos. Ha pasado demasiado desde la última vez que estuvimos solo los tres.

Estamos en el Bluedale, él y yo bebiendo mientras esperamos a la castaña.

—Caín, lo mejor es soltar y seguir adelante. ¿Por qué no buscas algo que estudiar o algún trabajo?

—No puedo simplemente seguir adelante, Alastor. No mientras Saúl siga libre —suspiro—. Quiero verlo tras las rejas por lo que le quede de vida y no descansaré hasta conseguirlo.

Alastor se limita a beber de su trago sin decir nada. Actúa raro, aunque quizás solo sea impresión mía.

—¡Feliz Año Nuevo, mis amores! —grita de pronto Juls antes de sentarse junto a nosotros.

—Ya ha pasado una semana, Jules —digo frunciendo el ceño.

—Ash, siempre tan pesado, Caín —me saca la lengua en tono de burla—. En fin, tengo una idea. ¿Qué les parece si nos vamos este fin de semana a Nueva York? Salimos mañana temprano y volvemos el domingo por la noche.

—Son más de seis horas en auto, Juls —responde Alastor sin demasiado entusiasmo.

—Si conduzco yo pueden ser cinco —río, dándole un codazo.

—Oh, vamos. Podemos irnos extremadamente temprano y volver de madrugada el domingo —insiste ella.

—Eso significa volver el lunes, Juls —replica Alastor.

—¿Por qué siento que estás poniendo muchos peros? —levanto una ceja esperando su respuesta.

Alastor sacude la cabeza.

—No es eso. No me hagan caso, ¿sí? Vámonos a Nueva York.

—Esa actitud me gusta —dice ella sonriendo.

—¿Y cómo vas con Tyr? —pregunto, notando cómo sus mejillas se sonrojan.

—Mhh… ya no estamos. O sea, jamás estuvimos —se encoge de hombros—. El tema es que aún siento cosas por Óscar y, cuando vuelva, quiero ver qué puede pasar entre nosotros.

—Es una decisión muy madura de tu parte —añade Alastor.

—Qué bueno que no hiciste la gran Amethyst de estar con todos —bromeo, pero ninguno se ríe.

—Lo siento… —suspiro con pesar.

No debería hacer ese tipo de bromas. Sé lo que le ocurrió y sé también que, en parte, fue por mi culpa. Si aquel día no me hubiera dejado llevar por los celos, quizás habría podido ayudarla. Es algo que jamás voy a perdonarme… aunque espero que algún día ella sí pueda hacerlo.