Amethyst
Cyhan abre la llave de la ducha y el agua comienza a caer con fuerza. Ninguno de los dos se toma el tiempo de desvestirse; entramos así, tal como estamos, cubiertos de sangre, mientras el agua arrastra lentamente el rojo de nuestros cuerpos y la ropa mojada se pega a la piel.
Su boca encuentra la mía de inmediato, urgente, como si necesitara besarme para volver a respirar. Aún puedo sentir el sabor metálico en sus labios y, lejos de incomodarme, solo consigue encenderme más. Hay algo oscuro en todo esto, algo que debería asustarme… pero no lo hace.
Deslizo mi mano bajo su pantalón y lo siento duro al instante. Cyhan deja escapar un suspiro pesado contra mi boca y aprieta mi cintura con fuerza. No hay paciencia entre nosotros, ni intención de ir lento. Solo necesidad.
Aparta la tela húmeda de mi ropa interior, levanta mi vestido y separa mis piernas mientras me sostiene contra él. La forma en que me toca no se siente brusca, sino posesiva, como si estuviera reclamando algo que siempre fue suyo.
El agua golpea nuestras espaldas mientras me besa el cuello y baja la mano por mi muslo. Todo en él quema. Sus manos, su respiración, la manera en que me mira como si quisiera perderse dentro de mí.
Me aferro a sus hombros cuando entra en mí de golpe y el aire se me corta por completo. Un jadeo se escapa de mis labios mientras él me sostiene firme entre sus brazos. El sonido del agua apenas logra cubrir nuestras respiraciones agitadas.
Cyhan es intenso en todo, incluso cuando me besa parece hacerlo con demasiada hambre.
Sus labios recorren mi cuello lentamente, contrastando con la fuerza de sus movimientos, y esa mezcla termina desarmándome por completo. Porque por un lado siento que podría destruirme… pero al mismo tiempo me sostiene como si no quisiera romperme jamás.
Y creo que eso es lo que más me afecta, la forma en que puede hacerme sentir segura y perdida al mismo tiempo.
Salgo de la casa de Cyhan todavía temblando por el recuerdo del orgasmo que me dejó entre sus brazos. No puedo dejar de pensar en la sangre resbalando por su piel bajo el agua, en la forma en que me miraba, en cómo me sostuvo después como si no quisiera soltarme.
Estar con él fue distinto, oscuro pero también cálido, una mezcla rara y peligrosa.
Mi Güzel, mi héroe de la infancia, mi protector y ahora también; mi debilidad.
Solo quiero volver a sentirlo dentro de mí otra vez. Empiezo a preguntarme si hay algo mal conmigo… aunque, hace mucho que sentirme así no parece un error.
Entonces, ¿Realmente hay un problema… o solo estoy terminando de aceptar mi oscuridad?
Nuevamente siento que mi corazón está partido en tres; Asher, Fenrir y Cyhan… aunque, siendo honesta, serían cuatro. Pero ya me hice a la idea de que Caín y yo jamás volveremos a ser uno solo. Aun así, el amor permanece intacto, imposible de arrancar.
Ha caído la noche, pero ya no nieva. Me coloco la capucha de mi abrigo impermeable y camino por el centro del pueblo.
No tengo ganas de volver a casa todavía.
Me gusta mirar la nieve acumulada sobre los techos y las luces cálidas reflejándose en ella, así que enciendo un cigarrillo y continúo avanzando despacio, dejándome envolver por el paisaje.
A lo lejos distingo una silueta conocida, detenida junto a la construcción del bar de Saúl. Sin pensarlo demasiado, camino hacia ella.
—¿Isabella?
Se gira al escucharme y corre hacia mí para abrazarme. No entiendo qué sucede, pero le correspondo. Se siente… necesario.
—No debí juzgarlos como lo hice —dice, aferrándose a mí.
—¿A qué se debe esto?
Toma mi mano y caminamos hasta la plazoleta, donde nos sentamos en una banca. La castaña rompe en llanto mientras comienza a contarme todo lo ocurrido. A medida que habla, entiendo el cambio en su actitud, el peso que lleva encima. Cuando termina, la abrazo con fuerza.
Quiero abrirme con ella del mismo modo, contarle lo de Cyhan pero eso implicaría hablar de la violación, y aún no puedo, todavía no.
Sólo le confieso que me reencontré con el héroe de mi infancia, al final, ambas tenemos a nuestro héroe de regreso.
—Creo que tienes que hablar con alguien —digo, sacando mi celular y mostrándole la pantalla con el número de Alastor —Dile que ya es momento de volver a Graydale.
Isabella sonríe y marca de inmediato, visiblemente emocionada. Hablan largo rato; sus ojos brillan mientras escucha su voz, y verla así me llena de una calma inesperada.
—Dice que organicemos la cena de Navidad en su casa —comenta cuando cuelga —Él y su madre llegan ese mismo día. Debes llevar a tu madre y a Hansen con Kaya.
—Claro, lo haré —respondo, tomando su mano— Oye.. ¿Y tus padres?
Niega suavemente.
—No quiero saber nada de ellos, Ame. No debieron mentirme así, entiendo que hayan querido protegerme cuando niña, pero merecia saber la verdad tarde o temprano.
Suspiro y asiento. Nos levantamos y comenzamos a caminar de regreso mientras tratamos de hacer parar un taxi.
—¿Isa?
—¿Sí?
—Te quiero mucho.
Las palabras salen solas, son realmente sinceras.
—Y yo a ti, Ame.
Me abraza con fuerza y, poco después, ambas corremos detrás de un taxi que finalmente se detiene frente a nosotras.