Alastor
Junto a mi madre nos habiamos largado a Paradis para fijar nuestro plan contra Saúl, sin embargo la llamada de Isabella lo cambió todo.
Pensar en pasar un poco más de tiempo con ella se vuelve prioridad absoluta.
Mi madre está decidida a entregarse, declarar todo lo que sabe y, como consecuencia, caeré junto a ella.
Si Saúl tiene las pruebas que me incriminan, no me importa terminar en la cárcel por ello; para nuestra suerte, el FBI es algo que Saúl jamás ha podido comprar.
—Bien, fija la cita con los agentes para ese día —respondo, a regañadientes.
Nuestro plan no se lo diremos a nadie. Por eso mismo nos hemos aislado. Respecto a las copias que hice de las cintas, optamos por esconderlas; una especie de plan B, por si todo sale mal.
Isabella me cuenta lo ocurrido con su hermano, pero siento que confía demasiado rápido en él. Creo que una persona deja de ser la misma después de arrebatar una vida; no puedo imaginar cuánto cambia alguien que ha quitado cientos.
Cuando llegamos a casa, mi madre se encuentra de frente con Hansen. Olvidé esos pequeños detalles al momento de invitar a medio mundo a la cena de navidad. Los dejo saludándose y voy directo a la cocina, donde están las chicas junto a la madre de Amethyst, a quien saludo con efusividad.
—Huele muy bien aquí —comento antes de acercarme a abrazar a Isabella —Aunque yo me quedo con esta cena para mí —añado, mordiendo suavemente sus mejillas.
Ella se sonroja de inmediato.
—¡Por dios, Alastor!
—Te quiero —le lanzo un beso —¿Lograron hablar con Óscar?
—Sí, pero volverá para año nuevo. Le está yendo bastante bien en las tocadas que han hecho —responde la cereza.
Hago un pequeño puchero, resignado. Óscar se convirtio en esas amistades ausentes pero que igual de una forma u otra tienes presente en tu vida.