Isabella
—¿Dime qué te detiene a declarar en contra de Saúl? —exclamo mientras mis ojos siguen expulsando lágrimas. Soy feliz de tener a mi hermano conmigo otra vez, pero la angustia no desaparece.
—Tú… —se queda pensativo un momento —Comencé a matar desde muy pequeño. ¿Te acuerdas de ese niño que te molestaba cuando vivíamos en Portugal?
—Sí me acuerdo, me dijiste que jamás me volvería a molestar.
—Y así fue, porque lo maté —dice con total normalidad—.
Desde ese momento quise hacer lo que fuera para protegerte…
pero también me gustó. Dicen que todos en esta vida tienen un talento, ¿no?
El mío es matar. —esboza una pequeña sonrisa—.
Ahí nuestro padre decidió que debíamos volver a Graydale y tomar su lugar como miembros de los fundadores.
—¿Fundadores? —pregunta Alejandra.
—Así es, Barbie, pero ese punto no es importante ahora —la mira con un leve regaño —Con eso empecé a hacer contactos y convertí todo en un oficio.
Mis muertes eran casi artísticas; jamás dejaba huellas y todo salía perfecto.
Saúl me contactó en un foro de la dark web hace diez años.
—suspira—. Cómo extraño ese lugar… había una mujer serbia que me tenía enamorado, me recordaba a mi preciosa Dalila.
Todos lo miramos con evidente incomodidad.
—Eso no nos importa, ve al grano —interrumpe Caín.
Ramsen pone los ojos en blanco antes de continuar:
—Me explicó lo que debía hacer y añadió la cláusula de declararme culpable. Yo puse el precio: un sueldo anual por cada año de condena y que mi familia quedara desligada de mí.
—Nos cambiaste por dinero… —digo con la voz quebrada y los ojos llenos de lágrimas.
—No, mi pequeña RunRun, fue protección. Para ese entonces ya tenía demasiadas personas siguiéndome la pista.
Me metí con narcos, políticos, gente muy peligrosa.
No quería que nada les pasara, especialmente a ti, mi vida.
Saúl tenía los contactos y los medios. Nuestros padres aceptaron empezar de cero: la familia Fiorell desapareció de Graydale.
Yo morí… y ustedes se convirtieron en la humilde familia Santos.
Tomaron el apellido de nuestra madre y yo pasé a ser el único Fiorell vivo.
Me limpio las lágrimas, intentando procesar la red de secretos en la que crecí sin saberlo. Necesito aire. Necesito distancia. Por primera vez en mi vida siento más oscuridad que luz dentro de mí.
Me pongo de pie dispuesta a irme, pero antes me acerco a Ramsen.
—¿Harías lo que fuera por mí, no es así? —pregunto mirándolo fijamente.
Él asiente sin dudar.
—Mata a Saúl entonces…
—Isabella, no quiero esa vía para vengarme de mi padre —interrumpe Caín.
—Esto no es por ti, Caín. Es por mí… por quitarme lo que yo más amaba —respondo con una frialdad que incluso a mí me resulta desconocida antes de salir de la sala.