Amethyst
Llevamos un día en el pueblo vecino. Nos quedamos en una casa que pertenece a Fenrir; según nos cuenta, mantiene ese lugar para cuando quiere alejarse de todos y lo comparte con Tyr. No es tan grande como la mansión Petriev, pero aun así sigue siendo enorme.
Pedimos algo para comer los cuatro y luego nos metemos al jacuzzi para relajarnos.
—Me encanta esto de olvidarnos de todo por un momento —exclama Juls, jugando con la espuma.
—Pueden quedarse el tiempo que quieran —Fenrir se acerca y se coloca detrás de mí, rodeando mi cintura con sus brazos—. Aquí hay de todo, así que la oferta está hecha.
—Me encantaría, pero debo estar en casa y pensar qué voy a estudiar. Mis padres dicen que ya llevo demasiados años sabáticos y tengo que ocuparme en algo —ríe la castaña.
—No hablemos de estudios, por favor. Además, faltan muchos meses —hago una mueca y tomo una de las botellas de vodka que dejaron junto al jacuzzi.
A lo lejos escuchamos un celular sonar una y otra vez. Cuando presto atención al tono, me doy cuenta de que es el mío. Salgo rápidamente del agua y voy a buscarlo. En la pantalla aparece un número privado. Cuando vuelve a sonar, contesto.
—¿Quién habla?
—Necesito que vengas. Es realmente urgente. Te envié la dirección de la casa que alquilo, tienes que llegar, por favor.
Corta sin esperar respuesta y, un segundo después, recibo un mensaje con la dirección exacta.
Es Cyhan.
No sé cuándo volvió de Estambul ni qué puede estar pasando, pero su voz deja claro que me necesita.
Cuando regreso al jacuzzi, todos están bebiendo y riendo. Fenrir me mira con curiosidad.
—¿Puedes pedirme un taxi de regreso a Graydale? —hago un pequeño puchero.
—Vamos, yo te llevo. Luego regreso —responde sin dudar.
Entramos a la casa para vestirnos. Después nos despedimos de Juls y Tyr y subimos al auto para volver.