Caín
—Oye, te ves estresado.
Estoy apoyado sobre la barra inhalando unas cuantas líneas cuando siento una mano posarse en mi hombro. Es Daylenia.
—Quizás estoy un poco cansado —me encojo de hombros.
—No sé, te conozco muy bien —se sienta a mi lado —Creo que tienes mucha tensión acumulada.
Me giro para verla. Ha abierto las piernas y su vestido transparenta casi todo. Maldita sea.
—No lo creo —respondo en tono seco.
—¿Acaso la niñita pelirroja no te da buen sexo?
—¿A ti qué te importa eso, Day? Estás ebria, deja de joder.
—Déjame adivinar, ni siquiera te la has cogido —exclama riéndose —Me extraña viniendo de ti. Eres un maniático sexual.
Pongo los ojos en blanco y me meto otra línea.
—¿Desde cuándo Caín Reynolds espera a una mujer por sexo? —insiste.
Golpeo la barra con el puño.
—Quizás desde que esa mujer lo vale… y podría esperarla una eternidad si así lo quisiera.
Sin esperar respuesta, me pongo de pie y me alejo.
Daylenia es mi amiga. La quiero como tal, pero cuando bebe se pone en plan exnovia tóxica no la soporto. Prefiero apartarme.
Necesito ver a Amethyst. Desde que me fui de su casa siento que me falta algo, y quiero aprovechar la fiesta para pasar el mayor tiempo posible con ella.
Empiezo a caminar por todos lados buscándola. Conozco esta mansión a la perfección, pero no logro verla en ningún rincón. Subo hasta algunos salones. Tampoco está allí.
Finalmente camino por el pasillo de los espejos. El único acceso es la enorme puerta espejo. No pierdo nada con revisar. Ame es despistada; podría haberse metido en cualquier sitio.
Estoy por abrir la puerta cuando una mano fuerte se posa en mi brazo. Me giro con el ceño fruncido, pero mi expresión cambia cuando recibo un abrazo.
—Ya se me hacía extraño no haberte visto en ningún lado —digo riendo.
—Venga, estaba ocupado… O más bien mi polla lo estaba —responde él.
Fenrir es el tipo de hombre que puede desagradarte y caerte bien al mismo tiempo. No tiene tapujos ni vergüenza. Es consciente de su fama y parece orgulloso de ella.
—¿Qué haces aquí? —pregunta.
—Buscaba a… una amiga —respondo, desordenándome el cabello mientras miro alrededor.
—La seguirás buscando después. Vamos por un trago, que tenemos mucho que hablar.
Nos alejamos del lugar y volvemos hacia la multitud. Vamos a una de las barras junto a la laguna. Allí están Genesys y el Cuervo; ambos bajan la cabeza apenas Fenrir pasa a su lado.
—Mi dinero —exige Fenrir.
—Aquí tiene, señor —dice Genesys, entregándole un fajo de billetes mientras lo mira con expresión coqueta.
Juntarse con Fenrir es asomarse al paraíso de las drogas y el dinero. Soy un hipócrita: odio que ganen tanto de esa forma, pero soy cliente frecuente. La doble moral me sale por los poros.