Just like an Engel Alastor
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Just like an Engel

Just like an Engel

Por Mrs Karen Andrea Diaz

© inepub.com

Alastor

Bailar me encanta, pero Isabella sigue negándose a hacerlo conmigo. Sigue molesta por lo ocurrido en el bosque, y no puedo hacer mucho para cambiar eso. Hay secretos que toca llevarse a la tumba y aquel es uno de ellos. Por lo tanto, allí estoy, bailando solo entre la gente.

—¡Canard! —escucho de pronto, una voz que se hace notoria entre la multitud.

Me giro y de inmediato le doy un abrazo al dueño de esas palabras. Es Tyr Petriev, un gran amigo mío.

Aunque se dicen muchas cosas de ellos, él y yo tenemos una historia muy particular y somos muy buenos amigos. No acostumbro a juzgar a las personas. Claramente no me gusta que vendan drogas, pero Tyr es diferente.

—Pero mírate —exclamo guiñándole un ojo —Te ves muy bien.

Tyr sonríe alzando las cejas.

—Tú te ves… comestible —muerde su labio.

Niego, riendo.

Tiene anillos en todos los dedos y lleva una camisa holgada, como la mía, que cubre los tatuajes de sus brazos. Su piel es pálida, sus labios un poco gruesos, rosados. El cabello lo trae teñido de rojo intenso. Un piercing en la nariz. Sus ojos son oscuros y siempre tienen un aspecto cansado.

—No te veía desde que estuvimos metidos en el mismo agujero —comenta, quitándole una copa de espumante a un tipo que pasa.

Pongo los ojos en blanco.

—No seas cochino.

—Bien que te gustó, deberíamos repetirlo —alza las cejas varias veces.

—¿No se supone que haces esas cosas con Fenrir? —pregunto, refiriéndome a su no gemelo. Jamás entenderé por qué les gusta decir que son gemelos si ni siquiera se parecen y se llevan por dos años.

—Fenrir cada día se parece más a nuestro tío. Ya no es tan divertido como antes, y a mí me gusta compartir agujeros.

—¡Demonios! Deja de decir la palabra agujero.

—En fin… Vi que traes otros amigos.

—Sí, los conocí gracias a Caín. Te caerán bien.

—Seguramente Julsita ya se encargó de hablar las peores cosas sobre mí.

Me largo a reír. Es obvio que eso ya ocurrió. Juls no se guarda nada.

—El espectáculo que le montaron tus amigas a Logan estuvo de lujo —añade.

Como no sé qué ha ocurrido, me pone al tanto. No puedo evitar sentirme orgulloso de mi rubia.

En cuestión de segundos, Logan aparece junto a nosotros, abrazado de dos muchachas.

—Lo único que te voy a decir es que esa gente que trajiste son unos mala clase —bufa —No entienden nada de respeto y posiciones.

Al rato aparece Alejandra, bastante ebria pero lo suficientemente alerta como para oír sus palabras.

—Mira, idiota, de las únicas posiciones que entiendo son aquellas que hago en la cama.

Dicho aquello, lo empuja a él y a las muchachas antes de irse.

—Por alguna razón eso me ha puesto cachondo —exclama Logan, relamiéndose los labios, antes de ir detrás de ella.

Tyr y yo compartimos una mueca. Optamos por no decir nada y salir de allí.

Sigo sin ver a la cerezita por ningún lado. Tampoco a Caín. Juls coquetea con Óscar mientras Kaya e Isabelita bailan. Me quedo mirándolas. Tyr lo nota.

—¿Cuál es la que te gusta?

No digo nada. Mi mirada está clavada en Isabella. No hace falta que hable.

—Vamos y la sacas a bailar —añade.

—No quiere bailar conmigo.

Se pone frente a mí y toma mi mentón para que lo mire.

—¿Qué pasó con el Alastor que yo conozco? —hace una pausa. Por favor, que no diga la palabra agujero otra vez —¿Qué pasó con mi amigo que llegaba y tomaba lo que quería?

Suspiro y tomo una copa para bebérmela de un golpe. Tiene razón. Jamás me he rendido tan fácil.

Nos acercamos. Tyr toma a Kaya del brazo y se aproxima a ella para bailarle y curiosamente, ella no se aparta y acepta. Seguramente también está ebria, no encuentro otra razón para que baile con él, creo que ya todos nos dimos cuenta que Kaya tiene otro tipo de gustos.

Yo, por mi parte, pongo mis manos en la cintura de Isabella y la atraigo hacia mí sin decirle absolutamente nada, apego nuestros cuerpos. La música lenta que comienza a sonar es casi perfecta para la ocasión.

Sus mejillas están teñidas de carmesí mientras entre nosotros casi no hay distancia, tanto que puedo sentir lo agitada que está su respiración.

Quiero besarla. Quiero tocar su piel. Pero no puedo. Isabella es diferente.

Quiero tratarla con dulzura. Quiero grabarme en ella para siempre. No solo en su piel… sino en su corazón.