Juramento de fuego (Blood and Vows 1) Capítulo 18
39%

Capítulo 18

Sangre

Dante

Esperó hasta que estuvimos a tres metros del porche antes de encararse conmigo.

—¿Qué cojones estás haciendo, Dante?

Me lo esperaba. Sabía que llegaría en el momento en que nos había visto juntos. A mi hermano no se le escapaba nada. Esa era su puta razón de ser.

—No empieces —le advertí.

—Tendría que estar ciego para no darme cuenta de que pasa algo entre vosotros dos.

Fruncí el ceño. —No pasa nada entre nosotros. —Como si no la hubiera besado hasta dejarla sin aliento anoche, para luego hacer que se corriera con mi mano.

No se dejó engañar. —Ya, claro.

—Ella no es el topo —dije.

Él separó los pies y se cruzó de brazos sobre el pecho. —¿Eso es lo que ella te ha dicho?

—Es lo que sé, ¿vale? He estado con ella todo el maldito fin de semana, Nico. No sabe nada. Joder, ni siquiera sabía a qué nos dedicábamos hasta que entré con Izzy.

—Me cuesta creerlo.

—Pese a lo que creas, no todo el mundo es tan escéptico como tú y yo. Hay personas que simplemente viven sus vidas con inocencia...

Nico se burló. —Escúchate. ¿Quién eres y qué has hecho con mi hermano?

—Vete a la mierda —repliqué.

Pero tenía razón. No me estaba comportando como siempre. No lo hacía desde que la había visto allí de pie, como una princesa, con aquel camisón de seda. Sin embargo, tenía una cosa clara.

—Ella no es el topo.

Nico extendió las manos. —Es lista. Es guapa. Es exactamente el tipo de persona que podría enfrentarse a una organización como la nuestra. ¿Cómo sabes que no somos nosotros los que estamos siendo engañados? Quizá Malakov la infiltró y la está usando para llegar a ti. Para llegar a nosotros.

Negué con la cabeza.

—Sabes que a él le gustan las que llaman la atención —advirtió Nico.

Puse los ojos en blanco. —Cielo santo, eres un paranoico.

—Y tú eres un tonto. —Caminó hacia su moto, cogió los guantes del asiento y empezó a ponérselos—. Vincent nos advirtió de que había una filtración en esa galería.

—Nunca dijo que fuera ella.

—Nunca dijo que no lo fuera —me espetó—. Te la está jugando, hermano. ¿Es que no lo ves?

Apreté la mandíbula. —Tú crees que todo el mundo es culpable.

—¿Qué te ha pasado, tío? Hace seis meses, habrías encerrado a esa mujer en un sótano y habrías dejado que Rocco hiciera lo suyo hasta que la verdad saliera a la luz de una forma u otra. Ahora entro aquí y estás sentado frente a ella a la mesa como si fuera la puta abogada de la familia.

—Ella no tiene nada que ver con esto —solté entre dientes, dándome cuenta de repente de que lo decía en serio.

Cerré los puños. Podría ser de mi propia sangre, pero no me importaría darle un puñetazo a mi hermano en la cara.

Así es como hemos resuelto muchas de nuestras rencillas a lo largo de los años.

—O quizá no quieres que lo tenga.

Lo miré con furia. —Limítate a mirar las transacciones, ¿vale? Si encuentras algo que la señale, dejaré que me des el primer golpe.

—¿En serio? —Arqueó una ceja.

El cabrón no me había ganado una pelea desde tercero de la ESO. Y eso fue solo porque me distraje con Janey Campbell, de la que más tarde supe que mi hermano le había pagado para que pasara por delante de mí en bikini.

Pero así era Nico. Él tampoco jugaba limpio.

—No lo harás —le advertí—. Está limpia. Y ha planteado un buen punto sobre el perista. Céntrate en eso. Tenemos que averiguar quién más está haciendo lo mismo que nosotros.

Nico me observó durante un largo momento. —¿Qué tiene que ver todo esto con el cargamento? Si no ha sido ella, y no digo que no lo haya sido, ¿por qué estamos perdiendo el tiempo aquí?

—Porque alguien intentó matarla ayer. —Me aclaré la garganta—. Alguien que no era yo.

Nico se me quedó mirando. —¿Qué? ¿Quién?

Me encogí de hombros. —Fui a su apartamento a recoger algunas cosas y la puerta había sido forzada. No se llevaron nada.

Frunció el ceño. —¿Estás seguro?

—Segurísimo. Quienquiera que entrara no buscaba robar. La buscaban a ella.

Hubo un momento de silencio. Un águila gritó sobre nuestras cabezas. Uno de los guardias, que mantenían una distancia discreta, hizo crujir la grava al caminar.

Finalmente, Nico preguntó: —¿Por qué?

—Porque tal vez quien emboscó nuestro cargamento estaba usando su galería para blanquear su dinero. Quizá así fue como se enteraron de los cuadros y de nuestra mercancía.

La mirada de Nico se agudizó. —¿Crees que se lo dijo ese canalla de Alberto?

—Podría ser. —Miré hacia la cabaña antes de preguntar—: ¿Cómo de bien investigaste a la asistente, Chloe?

—Bastante a fondo. No he podido encontrar ninguna conexión con Malakov, ni con ningún otro grupo del crimen organizado.

—¿Y qué hay de Centroamérica? —pregunté.

Gruñó. —Echaré otro vistazo.

—Y habla con Vincent. A ver qué tiene que decir sobre ella.

—Lo haré. Creo que hoy se reúne con Valentina de todos modos, así que le preguntaré cuando lo vea.

Asentí. Mi madre y Vincent eran viejos amigos, desde los tiempos en que mi padre aún vivía. Pero desde que tengo uso de razón, él ha sido su principal solucionador de problemas y gestor de dinero.

—¿Vas a hablarle de Evelyn? —pregunté, sabiendo que no sería capaz de mantener el secreto. Ella lo calaría en un instante. Yo era un mentiroso un poco mejor, pero incluso a mí solo podía engañarme por poco tiempo. Esa mujer era un detector de mentiras humano.

Se encogió de hombros como si fuera obvio. —No puedes ocultarle esto.

Asentí con brusquedad. —Está bien, pues.

Arqueó una ceja. —¿Estás preparado para la que se avecina?

Eché los hombros hacia atrás. —Estaré listo.