Capítulo 16 #2
Se retorció, poniéndomela aún más dura, pero yo la tenía bien sujeta y no iba a ninguna parte. Sin embargo, agradecí la dureza de mis vaqueros.
—Él te agarrará y te matará. Tienes unos cuatro segundos para reaccionar.
Dejó de moverse.
Dejé pasar un largo silencio y luego dije: —Dobla las rodillas y deja caer tu peso.
Se dejó caer. El tirón me arrastró el brazo.
—Ahora pisa con fuerza, primero el talón. Usa todo el peso de tu cuerpo. El empeine tiene una docena de huesos pequeños que se harán pedazos con el impacto. No necesitas ser fuerte, solo necesitas golpear bien.
Lanzó el talón hacia abajo. Me aparté un centímetro y dejé que diera contra la tierra.
—Más rápido. Otra vez.
La molestia cruzó su rostro. Bien. Quería que se enfadara.
La segunda vez casi me pilla. Justo logré apartarme antes de que su talón chocara contra el lateral de mi bota. Sentí el impacto a través del cuero.
—Sí, así mejor. Ya le vas pillando el truco.
Se iluminó ante el elogio. Le di un segundo para recuperar el aliento. Mi polla seguía latiendo por el contacto con su preciosa retaguardia y me ajusté la cinturilla a escondidas para darme un poco de espacio.
—¿Qué sigue? —preguntó, remangándose.
Esbocé una sonrisa burlona. —Me alegra que preguntes. Si sigue en pie, pivota fuera de su eje central y lanza el codo hacia atrás. Así.
La guié a través del movimiento una vez, lo bastante despacio para que sintiera la mecánica.
—Gira. Afiánzate. Golpea.
Luego la solté. —Ahora inténtalo tú.
—Gira. Afiánzate. Golpea —masculló mientras realizaba los movimientos. Su forma estaba mejorando. Se mantenía más erguida, se la veía más fuerte y segura.
—Otra vez.
Giró más rápido esta vez. Su codo impactó en mi hombro exactamente donde yo quería. El golpe fue lo bastante sólido como para sacudirme. No era poca cosa.
—Muy bien —hice una mueca, aceptando el dolor.
Cualquier cosa para aliviar la tensión que crecía en mi interior. Excepto que no funcionó, porque el problema no estaba en mi hombro.
Estaba en la sensación de su cuerpo lleno de curvas pegado al mío. En los jadeitos que soltaba cuando se movía. En la forma en que me miraba después de cada movimiento, como esperando mi aprobación. Como si le importara lo que yo pensara.
Los hombres a los que había entrenado antes lo hacían porque tenían que hacerlo, porque necesitaban sobrevivir. Evelyn me miraba como si quisiera complacerme. Me estaba jodiendo la cabeza.
—En una situación real, el codo va aquí. —Me toqué el lateral de mi propia cabeza—. La sien. El hueso más fino del cráneo.
Frunció el ceño y me di cuenta de que esto la incomodaba. Bueno, iba a incomodarla aún más.
—Un golpe limpio ahí no solo le hace daño, desconecta el sistema. Y a menudo de forma permanente.
Tragó saliva pero mantuvo la mirada.
—En cuanto aterrice el impacto, corres. No te detengas a comprobar nada y no mires atrás. ¿Entendido?
Ella asintió.
—Enséñame. —Levanté las palmas de las manos.
Se lanzó contra mí. Una vez. Dos. A la tercera le cogí el codo y corregí el ángulo. Mi otra mano la agarró por la cintura y encontró su piel cálida y húmeda, con los músculos tensos bajo el jersey. Se estaba esforzando mucho.
Ambos nos quedamos helados. La sujeté un breve instante antes de soltarla a regañadientes. —Ingle —dije con voz ronca.
Sus ojos se clavaron en los míos. —¿Perdona?
—Rodillazo a la ingle. Él te agarra así, tú le agarras los hombros y lanzas la rodilla recta hacia arriba entre sus piernas con todas tus fuerzas.
Enarcó una ceja. —¿Quieres que te dé un rodillazo en los huevos?
—Sí, fuerte. No le estás avisando. Estás intentando romperle algo.
Hizo una mueca de dolor y me miró la entrepierna. —No estoy segura de querer romper nada.
—Si tu vida depende de ello, lo harás.
No me respondió.
—Voy a agarrarte, ¿vale? Haz lo que te he enseñado. Solo estamos practicando el movimiento.
Me acerqué a ella y la agarré por la parte superior de los brazos. Era menuda, y pensé con qué facilidad podría reducirla si quisiera.
Excepto que eso significaba que cualquier otro también podría hacerlo... y mi familia tenía muchos enemigos.
—Ya sabes qué hacer —le dije.
Puso sus manos tímidamente sobre mis hombros.
Asentí para animarla. —Lo haremos... despacio.
Levantó la rodilla. La parte interna de su muslo rozó el mío al subir. Le cogí la pierna y la mantuve ahí. Se sentía suave y cálida bajo los leggings. Las vívidas imágenes de lo que le había hecho anoche me hicieron romper a sudar.
—Más alto —le ordené—. Con suficiente fuerza, caerá. Tendrás unos tres segundos, así que aprovéchalos.
La solté y ella bajó la pierna al suelo.
Junto a la cabaña, Max se había unido a Kyle y ambos observaban con expresiones divertidas en sus rostros.
Evelyn fruncía el ceño y apretaba la mandíbula por la concentración.
El pelo se le estaba soltando y unos mechones húmedos le caían sobre la cara.
Estaba tan jodidamente sexy que quería cogerla en brazos, llevarla dentro y hacerle cosas indecentes.
Solo para volver a oír mi nombre en sus labios, pero esta vez no sería un gemido. Sería un grito.
Tras una patada rotunda que me hizo exhalar y doblarme, se detuvo. —Oh, Dios. Lo siento. ¿Te he...?—
—Estoy bien —dije con dificultad. El dolor tardó un segundo en remitir. Eso me pasa por perder la concentración—. Muy bien. Ya lo tienes.
Parecía agotada. La había presionado mucho, pero no se había quejado.
—Vamos a tomarnos un descanso —dije, señalando la cabaña. Me vendría bien un respiro y una bolsa de hielo. Oí una carcajada a mis espaldas. Los cabrones se estaban divirtiendo.
Evelyn asintió y soltó un suspiro de alivio.
Estábamos a punto de volver a entrar cuando oímos el rugido ronco de una moto acercándose. Me giré para ver la Ducati de mi hermano volando por el camino, con una nube de polvo tras él.
Tanto Kyle como Max se tensaron y levantaron sus fusiles, pero negué con la cabeza para indicar que no era una amenaza. Sin embargo, no los bajaron hasta que se detuvo por completo frente a la cabaña y se quitó el casco integral.
—Nico —dije, dándole un brusco asentimiento.
Nos miró a Evelyn y a mí, luego volvió a mirarme a mí y frunció el ceño.
Las cosas estaban a punto de ponerse interesantes.