32 #4
—No recuerdo haberla escogido.
La frase salió con demasiada facilidad.
Fïrn la examinó. —Bueno. No elegí Beregost ni lo que vino después. Pero sigo entrando voluntariamente en archivos prohibidos, así que supongo que una parte de la responsabilidad es mía.
Aria sonrió. —Parte.
—Qué generosa.
Permanecieron allí hasta que la sombra del muro alcanzó el árbol.
Cuando se levantaron, Fïrn recogió los restos de comida y Aria tomó una hoja que él había llevado consigo sin darse cuenta.
—Has traído trabajo.
Fïrn miró el papel. —Ha aparecido solo.
—Claro.
—Los documentos me siguen.
—Empiezo a comprender a Arelia.
Fïrn se llevó una mano al pecho. —Retira eso.
Aria empezó a caminar. Fïrn fue detrás. No porque necesitara hacerlo.
El duodécimo día, Ridley entró en una pequeña capilla dedicada a Elyndra. No había ido buscando una visión.
Se lo recordó varias veces mientras permanecía junto a la entrada.
El espacio era sencillo. Un círculo de piedra ocupaba el suelo y en el centro habían representado el Tejido mediante líneas entrelazadas que no convergían en ningún punto concreto.
No había estatua, algo que Ridley agradeció sin saber muy bien por qué.
Una mujer rezaba al fondo. Se sentó lejos de ella.
Esperó. No ocurrió nada. No sintió una presencia distinta en el aire, el azul no apareció en sus manos y ninguna voz surgió para explicarle qué debía hacer después.
Durante los primeros minutos aquello le resultó decepcionante, aunque poco a poco empezó a comprender que quizá esa decepción era precisamente la razón por la que necesitaba estar allí.
Había pasado buena parte de su vida buscando respuestas en personas capaces de darlas: superiores, maestros, gente que supuestamente sabía qué hacer cuando él no.
Después había conocido a una diosa y Elyndra tampoco le había entregado un camino completo.
Le había ofrecido una elección y la posibilidad de rechazarla.
Ridley observó las líneas del suelo. —No necesito que respondas.
La mujer del fondo levantó la cabeza.
Ridley carraspeó. —No hablaba contigo.
Ella lo miró durante un momento.
—Ya.
Ridley decidió que cualquier explicación adicional empeoraría la situación. Se levantó, apoyó una mano sobre el Escudo de Aren y esperó un instante. Nada. Aquello también estuvo bien.
Saevon cenó con ellos aquella noche. Apareció sin invitación, ocupó una silla vacía y aceptó un plato como si aquello fuera una costumbre establecida.
Fïrn lo miró mientras servía. —¿Dirigir la resistencia incluye robar comida a refugiados?
—Solo cuando parece mejor que la mía.
Paf Paf examinó ambos platos. —Es la misma.
Saevon miró el suyo. —Entonces me han engañado.
Ridley apartó algunos papeles de la mesa. —¿Qué quieres?
—Comer.
—Además.
Saevon tomó una cucharada antes de responder. —Armathyel me ha contado lo que habéis encontrado sobre los movimientos posteriores a Vardhenn y Caldris.
Fïrn señaló a Aria.
—Nosotros lo encontramos.
—Armathyel me lo contó.
—Eso es apropiación institucional.
Aria siguió comiendo. —También te habrá contado que no demuestra autoría.
Saevon asintió. —Por eso me interesa.
Blaid, que había estado hojeando un libro, levantó la vista.
—¿Vienes a felicitarnos por no concluir demasiado?
—Es una habilidad menos frecuente de lo que debería.
Fïrn sonrió. —Finalmente reconocimiento.
Ridley se inclinó. —¿Qué cambia?
Saevon dejó la cuchara. —Nada todavía. Pero empieza a tener sentido revisar lugares que Aster abandonó hace años.
Aria lo miró. —¿Qué lugares?
—Depósitos, puestos de observación, refugios. Algunos están en Neraval; otros, no.
Fïrn dejó el pan. —Ahora sí parece que quieres algo.
Saevon señaló con la cuchara. —Hoy no.
Blaid soltó aire. —Esa frase debería estar grabada en la entrada.
Ridley sostuvo la mirada del archimago. —¿Qué refugios?
Saevon pensó antes de responder. —Uno se encuentra en las colinas de Laertes.
Aria dejó de mover la cuchara. —¿El Bastión?
Saevon asintió.
Ridley miró a ambos. —¿Qué Bastión?
—Bastión de la Luz Velada —respondió Aria.
Fïrn sonrió. —Por supuesto que se llama así.
—El nombre es posterior a su construcción —dijo Saevon.
—Eso no lo mejora.
Ridley volvió hacia él. —¿Qué es?
—Un refugio antiguo. No exactamente una fortaleza y tampoco una sede permanente de la Orden. Se ha utilizado en distintas épocas para esconder personas, materiales o recursos lejos de nuestras rutas habituales.
—¿Está activo?
—No de manera regular.
—¿Cuándo fue la última vez que alguien estuvo allí?
Saevon tomó otra cucharada. —Hace tiempo.
Blaid arqueó una ceja. —Magnífica precisión.
—No os estoy enviando allí.
Ridley abrió la boca y Saevon levantó una mano.
—Precisamente por eso no necesito daros todavía todas las instrucciones.
—Entonces ¿por qué lo mencionas?
—Porque has preguntado qué lugares podríamos revisar. Y porque cualquier estructura responsable mantiene lugares de contingencia para el día en que su centro deje de ser el sitio más seguro donde guardar algo.
La conversación perdió algo de ligereza.
Fïrn dejó de sonreír. —¿Hay algún problema?
—Siempre.
—Uno nuevo.