29 #3
Ridley asintió. No discutió. El gólem apoyó una mano en el suelo y parte de las placas del muslo comenzaron a desplazarse hacia la articulación rota. No se estaba reparando exactamente; sacrificaba protección de otras zonas para recuperar estabilidad.
Blaid lo miró con disgusto. —Eso es hacer trampas.
Calethar habló desde el estrado. —Adaptación.
Ridley levantó la vista. —Gracias. Muy útil ahora.
Calethar sonrió. El constructo consiguió incorporarse. La pierna seguía dañada, pero volvía a funcionar.
El sello superior derecho empezó a latir. Ridley reconoció la pauta.
—Ese es el que aprende.
Fïrn respiró hondo. —Sí.
Ridley miró el comportamiento de las placas y después al resto. —Entonces hagamos que aprenda demasiado.
Blaid giró hacia él. —Eso necesitará una explicación.
El constructo cargó. Ridley no dio órdenes enseguida. Paf Paf se abrió hacia la derecha, Blaid hacia la izquierda y Fïrn retrocedió buscando una columna. El gólem eligió a Blaid.
—Cambia.
Blaid modificó trayectoria sin preguntar adónde. El constructo corrigió.
—Paf, amaga alto.
Paf Paf levantó el mazo y una placa del gólem se desplazó hacia el hombro. —No golpees.
El goliat frenó.
—Fïrn, ahora.
Una nota hizo girar al constructo.
—Blaid, abajo.
El tiefling atacó la rodilla. El gólem cambió el apoyo.
—No termines.
Blaid retiró la espada antes del contacto.
Ridley entró y golpeó el torso. El constructo redistribuyó la respuesta y Paf Paf aprovechó el movimiento para atacar de verdad, no donde había amagado, sino contra la parte posterior del codo.
El gólem intentó cubrirlo demasiado tarde.
Fïrn alteró de nuevo la resonancia. La línea del rostro parpadeó.
Ridley vio lo que necesitaba. —Seguid cambiando.
A partir de ahí dejó de dirigir cada acción.
Empezó a marcar espacios, tiempos y riesgos, dejando que los demás resolvieran cómo ocuparlos.
Blaid improvisaba ataques altos que cancelaba a mitad de recorrido, golpes con el pomo, cambios de mano y movimientos que ni siquiera parecían destinados a causar daño; Paf Paf abandonó los grandes arcos del mazo y utilizó recorridos más cortos de hombro, cadera y muñeca; Fïrn dejó atrás cualquier melodía reconocible y trabajó con fragmentos, silencios y pequeñas disonancias que impedían al constructo estabilizar una respuesta.
Ridley empezó a limitarse a lo necesario. —Izquierda libre.
—Columna detrás.
—Dos pasos.
—Abre.
—Cierra.
El combate cambió sin necesidad de que nadie lo anunciara.
Ya no parecían cuatro personas golpeando a una misma cosa, sino un conjunto de movimientos que se abrían espacio unos a otros.
Cada retirada obligaba al gólem a escoger una respuesta y cada respuesta creaba un hueco que alguien más podía utilizar.
Ridley vio a Blaid sonreír. No porque estuviera cómodo. Porque tampoco él sabía exactamente qué iba a hacer después. Eso era lo que necesitaban. El sello de adaptación empezó a parpadear.
Fïrn lo vio. —Está perdiendo el ritmo.
Ridley no apartó la vista del constructo. —¿Puedes señalar cuándo?
Fïrn escuchó. El gólem atacó a Paf Paf y el goliat, en lugar de responder con el mazo, retrocedió y lo obligó a corregir distancia. Blaid entró, el gólem modificó el apoyo y Fïrn cerró los ojos durante un instante.
—Todavía no.
Ridley bloqueó un golpe y el azul volvió a recorrer el escudo. El gólem giró. Blaid amagó. Paf Paf cambió posición.
Fïrn abrió los ojos. —¡Ahora!
Ridley atacó. Los demás también. No al mismo punto. Ridley golpeó el pecho con el escudo, Blaid clavó la espada en una junta del hombro, Paf Paf descargó el mazo contra el muslo y Fïrn lanzó una nota breve que recorrió toda la estructura.
El sello superior derecho se encendió por completo y después se apagó. Tres. El gólem quedó inmóvil.
Ridley retrocedió. —No os acerquéis.
El constructo levantó la cabeza y el último sello empezó a emitir pulsos.
Fïrn palideció. —Ese es la resonancia.
El gólem golpeó su propio pecho con un puño. La onda llegó sin pasar por el suelo.
Fïrn gritó y una de las cuerdas del laúd se partió.
Ridley perdió el equilibrio y cayó sobre una rodilla; Blaid se llevó las manos a la cabeza y Paf Paf soltó el mazo.
El sonido ya no parecía estar fuera. Estaba dentro.
Ridley intentó levantarse, pero su cuerpo respondió tarde.
El gólem avanzó. Fïrn era quien peor estaba.
Tenía sangre bajo la nariz y los dedos no le obedecían del todo cuando intentó buscar una cuerda intacta.
Ridley quiso interponerse. La pierna no respondió a tiempo. Blaid llegó primero.
Se colocó entre el constructo y Fïrn sin escudo y levantó la espada, no para bloquear el golpe, sino para alcanzar la muñeca antes de que completara el movimiento.
La desviación fue mínima. Suficiente. El puño pasó junto a su hombro y le rozó las costillas.
Blaid cayó. Paf Paf recuperó el mazo con la izquierda y empujó al gólem lo suficiente para obligarlo a corregir un paso.
Ridley alcanzó a Fïrn y lo arrastró hacia atrás.
—¿Puedes tocar?
El bardo respiraba con dificultad.
—Puedo insultarlo.
—¿Musicalmente?
Fïrn se limpió la sangre. —Siempre.
Una cuerda estaba rota. Quedaban otras.
Fïrn apoyó la mano sobre ellas. —No puedo vencer la frecuencia.
Ridley miró al gólem. —No hace falta. Dime dónde cambia.
La expresión de Fïrn se ordenó.
—Eso sí.
El constructo volvió hacia ellos. Paf Paf intentó detenerlo, pero el hombro derecho falló cuando quiso elevar el mazo y tuvo que compensar con ambas manos. Blaid seguía en el suelo tratando de recuperar aire.
Ridley avanzó. —Yo lo entretengo.
Fïrn le agarró el brazo. —No repitas.
Ridley comprendió la advertencia. El gólem ya conocía sus bloqueos, la inclinación del escudo y la manera en que protegía la pierna herida.
Cuando llegó el siguiente golpe, Ridley no bloqueó. Se agachó, dejó pasar el puño y golpeó con el borde del escudo contra el abdomen del constructo antes de salir por el lado de la pierna dañada. El gólem corrigió. Ridley lanzó el escudo al suelo.
Fïrn abrió mucho los ojos. —Eso sí es nuevo.
Ridley desenvainó. —Esa es la idea.
Sin escudo era peor. Pero el gólem no lo sabía.
Atacó con la espada a dos manos. El constructo respondió tarde y una placa se cerró sobre el filo.
Ridley tiró. La espada no salió. La soltó.
También eso era nuevo. Corrió hacia un lado y el gólem giró tras él.
Fïrn escuchaba. Paf Paf volvió a ponerse en pie. Blaid también.
Ridley vio la pregunta en las caras de los tres y comprendió que no tenía una respuesta completa.
—Improvisad.
Blaid sonrió. —Finalmente has entrado en razón.
El gólem golpeó el pecho.
Fïrn tocó y, en lugar de intentar cancelar el pulso, lo siguió mediante dos notas sucesivas. Mantuvo los ojos cerrados mientras la sangre volvía a descender desde la nariz.
—Está desplazándose.
Ridley siguió moviéndose. —¿Dónde?
—Espera.
Otro pulso.
Fïrn respondió. —Pecho… no. Hombro.
El siguiente llegó casi de inmediato.
—Cuello.
Ridley vio el patrón.
—Cambia para que no podáis atacarlo.
—Sí.
Blaid observó la línea del rostro. —Entonces existe un instante entre posiciones.
Fïrn abrió los ojos. —Sí.
—¿Cuánto?
Fïrn hizo una mueca. —Poco.
Blaid resopló. —Excelente unidad de medida.
Ridley recuperó el escudo al pasar junto a él. —¿Puedes marcarlo?
Fïrn respiró hondo. —Una vez. Quizá dos si después quieres hablarme desde muy cerca.
Ridley negó. —Una.
No sabía si bastaría. Tendría que bastar. Miró a Paf Paf.
—Necesito que lo obligues a emitir.
Paf Paf movió con cuidado el hombro. —Puedo.
Ridley volvió hacia Blaid.
—Cuando Fïrn marque, abre el lado que veas.
—Muy específico.
—Confío en ti.
La ironía desapareció del rostro del tiefling. Ridley miró a Fïrn.
—Tú decides cuándo.
Fïrn apoyó los dedos sobre las cuerdas. El gólem avanzó.
Paf Paf golpeó el suelo frente a él, no con toda su fuerza, sino con la suficiente para que interpretara la amenaza y respondiera golpeándose el pecho. El pulso comenzó.
Fïrn tocó. Una nota limpia atravesó el ruido. Después otra. Ridley no oyó la diferencia.
Fïrn sí. —Ahora.
Blaid entró y no atacó el sello, sino una placa situada bajo la clavícula. Utilizó la espada como palanca y, cuando la mano derecha falló, desplazó el peso hacia la izquierda hasta hacer ceder el mecanismo.
—¡Abierto!
El núcleo quedó expuesto. El gólem intentó cerrar la protección y Ridley empujó con el escudo contra el brazo derecho para bloquear el movimiento. Paf Paf avanzó. La otra mano del constructo se levantó.
Blaid seguía debajo. —¡Blaid, fuera!
El tiefling abandonó la espada clavada y metió el hombro contra el mecanismo para impedir que la placa se cerrara.
—¡Hazlo!
Ridley vio el golpe venir. No podía mantener el brazo bloqueado y proteger a Blaid al mismo tiempo. Antes habría intentado ambas cosas. Ahora no.
—¡Fïrn!
El bardo entendió. No atacó al gólem. Tocó para Blaid.
Una nota breve le marcó la salida justo cuando el puño descendía y el tiefling se dejó caer hacia un lado, dejando pasar el golpe por donde había estado.
Ridley liberó el brazo y atacó la articulación contraria.
El núcleo seguía abierto. Paf Paf llegó.
Levantó el mazo. El hombro derecho tembló.
Ridley lo vio. Paf Paf también. No descargó todavía. Cambió el apoyo, desplazó el peso hacia el lado izquierdo y reajustó las manos.
Blaid, desde el suelo, agarró una pieza suelta de la pierna del constructo y tiró para desviarlo unos centímetros. Fïrn sostuvo una única nota, apenas suficiente para impedir que el mecanismo recuperara ritmo.