28 #2
Uno de los hombres se colocó detrás de él.
—No —dijo Eren—. Al otro lado. Si tiráis todos desde aquí, gira.
El hombre miró primero al muchacho y después a Paf Paf. Paf Paf señaló el lugar que Eren había indicado.
—Ahí.
El trabajador obedeció. Entre los tres, la carga perdió parte de su violencia. Desde arriba llegó un grito.
—¡Puedo bloquear el raíl, pero tenéis que levantar este lado dos dedos!
Paf Paf miró a Eren. El muchacho entendió antes que él.
—Hay que tensar arriba y abajo a la vez.
—Cuenta.
Eren tragó saliva. —¿Yo?
—Tú sabes cuándo.
El muchacho recorrió con la mirada a todos.
—A tres.
La plataforma crujió.
—Uno.
Paf Paf apretó la cuerda. —Dos.
El hombro ardió.
—Tres.
Tiraron. Las botas de Paf Paf rasparon la piedra. La plataforma subió apenas un dedo.
—¡Otra vez! —gritó la mujer desde arriba.
Eren volvió a contar. Tiraron de nuevo y esta vez consiguieron elevar un poco más el borde. Un golpe metálico resonó sobre ellos.
—¡Bloqueado!
Nadie soltó.
Paf Paf observó la plataforma. —¿Seguro?
—¡Seguro!
Eren esperó.
Paf Paf asintió. —Despacio.
Fueron aflojando la cuerda poco a poco. La plataforma permaneció en su sitio.
Paf Paf soltó al fin y flexionó la mano derecha. Los dedos temblaban ligeramente. —La mujer atrapada.
Eren señaló una escalera lateral. —Podemos llegar desde arriba.
Paf Paf empezó a caminar hacia ella. —Espera.
Se volvió.
Eren señalaba su hombro. —¿Qué?
—Te duele.
Paf Paf retomó la marcha. —Está.
—Eso no significa que esté bien.
Paf Paf se detuvo. Miró al muchacho.
Eren pareció arrepentirse de haber hablado y señaló hacia la plataforma. —Ya hay gente suficiente arriba.
Paf Paf observó la escena. Cinco personas trabajaban alrededor de la mujer herida y otra estaba preparando una camilla. Suficiente.
—Bien.
Eren parpadeó. —¿Bien?
—Sí.
Paf Paf volvió abajo.
La mujer atrapada salió veinte minutos después.
No hizo falta romper nada. Paf Paf estaba sentado sobre una caja cuando la vio pasar apoyada en dos compañeros.
Llevaba la pierna vendada y caminaba mal.
Pero caminaba. Eren se sentó a su lado. Durante un rato observaron cómo los trabajadores aseguraban el montacargas.
—Podrías haber roto el raíl —dijo el muchacho.
Paf Paf lo miró. —Sí.
—Yo también lo pensé.
—Sí.
—Habría sido más rápido.
—Sí.
Eren esperó. —¿Por qué no lo hiciste?
Paf Paf contempló la plataforma. El raíl seguía deformado, pero entero. —No sabía qué rompería después.
El muchacho asintió lentamente.
—Joras dice que eres muy fuerte.
Paf Paf miró sus manos. —Sí.
—Debe ser útil.
—A veces.
Eren pensó en aquello. —¿Y las otras veces?
Paf Paf recordó campos arados, piedras levantadas, puertas arrancadas, cuerpos derribados y cosas que habían dejado de existir después de un golpe suyo.
—También.
Alguien apareció en el corredor. Calethar.
Paf Paf lo vio y soltó aire. —Ah.
Eren siguió su mirada. —¿Qué pasa?
—Prueba.
Los ojos del muchacho se abrieron.
Calethar se acercó. —¿Cómo lo sabes?
Paf Paf señaló el montacargas. —Demasiado oportuno.
Calethar miró el raíl deformado. —El fallo ha sido real.
Paf Paf sostuvo su mirada. —Tenéis muchos.
—Últimamente más de los que me gustan.
—Mal momento para pruebas.
Calethar concedió aquello con un pequeño gesto. —Puede.
Paf Paf se puso en pie. —¿He pasado?
Calethar sonrió. —Estás aprendiendo vocabulario de Ridley.
—No.
—Entonces ¿por qué preguntas?
Paf Paf miró hacia Eren, que fingía con muy poco éxito no escuchar.
—Porque quiero saber.
Calethar asintió. —Podías haber roto el raíl.
—Sí.
—Y no lo hiciste.
—No.
—¿Por qué?
Paf Paf repitió lo mismo que había dicho antes. —No sabía qué rompería después.
Calethar observó el montacargas durante unos segundos. —Eso me sirve.
Paf Paf frunció el ceño. —¿Para qué?
—Para saber algo de ti.
No añadió más. Paf Paf tampoco necesitaba que lo hiciera. El silencio entre ambos resultó cómodo hasta que Calethar señaló su hombro.
—¿Te duele?
—Sí.
—Enfermería.
Paf Paf negó. —Carro.
—Paf Paf.
—Está desmontado.
—Sobrevivirá.
Paf Paf miró hacia los establos. —No me gusta dejar cosas a medias.
Calethar cruzó los brazos. —Entonces considera que arreglarte forma parte del trabajo.
Paf Paf lo pensó. —Eso es trampa.
—Sí.
—Bien.
Cuando regresó a la estancia común, Ridley estaba sentado con la pierna vendada y el pie apoyado sobre otra silla.
Fïrn ocupaba buena parte del suelo con varios libros abiertos alrededor, aunque uno permanecía separado de los demás.
Blaid estaba junto a la ventana. Aria todavía no había vuelto. Ridley vio el hombro de Paf Paf.
—¿Qué has hecho?
—Nada.
Fïrn levantó la cabeza. —Eso es claramente mentira.
Paf Paf dejó unas herramientas sobre la mesa. —No rompí un montacargas.
Blaid se volvió desde la ventana. —La formulación invita a preguntas.
Ridley retiró la pierna de la silla. —¿Estás herido?
—No.
Ridley esperó.
Paf Paf notó el hombro. —Me lo miraron.
La tensión de Ridley disminuyó un poco.
Fïrn cerró uno de los libros. —¿También era una prueba?
—Sí.
Blaid dejó escapar aire por la nariz. —Magnífico. Ya estamos todos oficialmente traumatizados por la arquitectura.
Ridley señaló a Fïrn.
—La tuya fue con libros.
—Precisamente.
Paf Paf miró a Blaid.
—¿La tuya?
—Puertas.
—¿Tuviste que abrirlas?
—Una.
—¿Difícil?
Blaid pensó un momento. —Molesto.
Paf Paf asintió. —Entonces sí.
Fïrn dejó el libro sobre las rodillas. —El problema es que ahora sabemos que nos están examinando.
Ridley miró hacia la puerta. —Eso cambia lo siguiente. Podemos prepararnos.
Blaid sonrió. —Y ahí está exactamente lo que quieren de ti.
Ridley lo miró mal. —No empieces.
—No estoy empezando. Llevo horas disfrutándolo.
Fïrn se incorporó un poco. —Tiene razón.
—Gracias.
—No te acostumbres.
Ridley cruzó los brazos. —Si sabemos que habrá una prueba, podemos pensar antes de actuar.
Paf Paf lo miró. —Pensamos antes.
—No siempre.
—Tú no.
Fïrn se tapó la boca. Blaid ni siquiera lo intentó. Ridley miró a Paf Paf.
—¿Qué?
—Ayer.
El silencio duró apenas un instante antes de que Blaid empezara a reír. Ridley señaló a Paf Paf.
—Tú también te has hecho daño hoy.
—Sí.
—Entonces estamos igual.
—No.
—¿Por qué?
Paf Paf señaló la pierna de Ridley.
—Tú querías hacerlo solo.
Después señaló su propio hombro.
—Yo pedí ayuda.
Fïrn dejó de contenerse.
Ridley giró hacia él. —Como digas una palabra…
—No necesito hacerlo. Este momento ya posee música propia.
La puerta se abrió. Aria entró y los cuatro callaron. Ella recorrió la habitación con la mirada.
—¿Qué?
Blaid respondió antes que nadie. —Paf Paf acaba de explicarle a Ridley el concepto de cooperación.
Aria miró a Ridley.
—¿Funcionó?
—No.
—Entonces necesitará más tiempo.
Ridley apoyó la cabeza contra el respaldo. —Me alegra que todos estéis disfrutando de mi recuperación.
Aria cerró la puerta. No sonreía. Su expresión cambió el ambiente.
—¿Qué pasa? —preguntó Ridley.
Aria se acercó a la mesa. —He estado con Armathyel y Lysendra.
Blaid dejó de sonreír, aunque no preguntó nada.
—¿Por nosotros? —dijo Ridley.
—Sí. El Consejo considera terminada vuestra primera evaluación.
Fïrn cerró despacio el libro que tenía entre las manos. —¿Primera?
Ridley miró a los demás. —Lo sabía.
Blaid levantó una ceja. —No sabías nada.
—Sabía que habría más.
—Eso lo sabíamos todos.
Paf Paf negó. —Yo no.
Fïrn lo señaló. —Gracias. Necesitábamos honestidad estadística.
Aria esperó hasta que terminaron. —Os quieren mañana en la sala capitular.
Ridley apoyó los antebrazos sobre las rodillas. —¿Para qué?
—No me lo han dicho.
—¿De verdad?
Aria sostuvo su mirada. —De verdad.
Ridley la observó unos segundos antes de reclinarse otra vez. —Bien.
Blaid arqueó una ceja. —Eso ha sonado preocupantemente maduro.
—Estoy cansado.
Fïrn miró a Aria.
—¿Los tres estarán?
—Sí.
—¿Alguien más?
—No lo sé.
Paf Paf vio cómo Ridley empezaba a tensarse otra vez.
—No sabemos qué es —dijo.
Ridley giró hacia él.
Paf Paf añadió: —Entonces no sirve prepararse para una cosa concreta.
Ridley abrió la boca. No llegó a responder.
Blaid se llevó una mano al pecho. —Estoy presenciando crecimiento personal. Qué jornada tan intensa.
Ridley le lanzó un cojín. Blaid lo esquivó.