Juramento Cinéreo (Las sombras crecientes 1) 26 #3
75%

26 #3

—Y no sabías qué.

—Sí.

Ridley se acercó hasta quedar frente a él. —Eso es una locura.

—En este caso, parece que sí.

La respuesta lo detuvo. Había esperado una defensa. Una explicación sobre riesgos necesarios. Alguna variante de que el conocimiento justificaba el peligro.

Calethar miró hacia la plataforma. —Vamos a revisar el sistema completo. Si una evaluación puede interferir con infraestructura ocupada, deja de ser una evaluación y pasa a ser un fallo de seguridad.

Ridley señaló hacia el vacío. —Podrían haber muerto.

—Sí.

—¿Y eso es todo?

Calethar volvió a mirarlo. —No. Pero repetir que estuvo mal no va a reparar el anclaje.

Ridley dejó escapar aire. Aquello, al menos, podía entenderlo. Miró a Mara.

—Ve a que te revisen las manos.

Ella alzó una ceja.

Ridley se corrigió. —Si quieres una opinión: yo iría.

Mara sonrió. —Mucho mejor.

Se marchó hacia el interior.

Ridley esperó hasta que desapareció. —¿He pasado?

Calethar se agachó para recoger la herramienta que había dejado en el suelo. —¿Pasado qué?

—No hagas eso.

—¿Qué?

—Fingir que no sabes de qué hablo.

Calethar limpió la sangre de los nudillos con la manga. —No hay puntuación.

—Armathyel dijo que queríais saber qué hacemos cuando una respuesta cuesta algo.

—Lo dijo.

—Pues ya lo sabes.

Calethar levantó la vista. —Sé algo.

Ridley esperó. El otro hombre no añadió nada.

—¿Y?

—Que al principio intentaste hacerlo todo tú.

Ridley señaló el vacío. —Había gente en peligro.

—Sí, y decidiste inmediatamente que eso te convertía en la persona más adecuada para cada tarea.

Ridley sintió regresar el enfado. —Funcionó.

—Funcionó cuando dejaste de hacerlo.

La frase encontró un lugar incómodo. Ridley no respondió.

Calethar señaló el borde. —Querías bajar tú aunque tu pierna está herida y yo conocía el mecanismo. Estuviste a punto de impedir que una técnica utilizara el gancho porque no podías garantizar que saliera bien. Ordenaste a Mara soltar una línea sin saber cómo funcionaba el sistema.

—Podían caer.

—Sí.

—Entonces tenía motivos.

—Por supuesto que los tenías. El miedo no era incorrecto.

Ridley lo miró.

Calethar continuó: —El problema es qué haces con él. Durante unos minutos trataste a todas las personas de esa plataforma como partes de una solución que tenías que dirigir tú. Después empezaste a preguntarles qué podían hacer y qué necesitaban.

Ridley volvió a mirar el enlace.

Recordó la voz de Mara diciendo cuando yo diga. La otra mujer medio cuerpo fuera del contrafuerte. Calethar suspendido bajo sus pies. Cuatro personas resolviendo cuatro partes distintas del mismo problema.

—No podía hacerlo solo.

—No.

—Eso ya lo sabía.

Calethar sostuvo su mirada.

Ridley sintió la mentira antes de que el otro hablara.

—Lo sabías como se sabe que una mesa tiene cuatro patas. Hoy tuviste que poner peso encima.

Ridley resopló. —Hablas demasiado para ser soldado.

—Paso demasiado tiempo con Armathyel.

—Se nota.

Calethar se dirigió hacia la puerta.

Ridley no lo siguió enseguida. La plataforma permanecía horizontal y, desde aquella distancia, parecía completamente segura. Sabía que no lo era.

Pensó en Eshvar. En el soldado arrodillado. En Dorian. En Elyndra preguntándole qué significaba proteger cuando proteger empezaba a confundirse con decidir por otros. No le gustó descubrir la misma pregunta en una plataforma de piedra.

—Calethar.

El hombre se detuvo.

—¿Qué?

Ridley miró hacia la puerta. —Lo que Armathyel dijo ayer. Los cuatro antiguos.

Calethar no respondió enseguida. —¿Qué pasa con ellos?

—¿También los estáis utilizando para decidir qué deberíamos ser?

Calethar giró finalmente hacia él. —Yo no.

—¿Y Armathyel?

—Pregúntaselo a Armathyel.

Ridley soltó una risa breve. —Ya sé cómo terminará eso.

—Entonces formula mejor la pregunta.

Ridley lo miró.

Calethar empezó a caminar otra vez. —Y antes de que preguntes: no sé quiénes eran los cuatro.

Eso hizo que Ridley acelerara un paso.

—¿Nada?

—Sé lo mismo que os contamos ayer y algo más sobre los registros militares de aquel periodo. Armathyel guarda los documentos históricos. Lysendra guarda aquello que puede intentar entrar en tu cabeza. Yo procuro que las murallas sigan levantadas mientras ellos discuten.

—Una división muy cómoda.

—Hasta que una plataforma intenta matarte.

Ridley sonrió pese a sí mismo.

La vuelta fue más lenta porque la pierna había empezado a endurecerse.

Intentó ocultarlo durante dos corredores antes de aceptar que estaba cojeando.

Calethar no dijo nada. Ridley agradeció que, por una vez, alguien tuviera esa habilidad.

Al llegar a una bifurcación, el hombre señaló hacia la izquierda.

—Enfermería.

—Voy a mi habitación.

—Como quieras.

Ridley dio dos pasos y se detuvo. —¿Mara irá?

—Sí.

Ridley cambió de dirección. —Entonces yo también.

Calethar sonrió. —No he dicho nada.

—No lo hagas.

Siguieron hacia la enfermería.

Ridley caminó unos metros antes de mirarlo de reojo. —¿Los otros también están haciendo esto?

—¿Caminando?

—Pruebas.

—Puede.

—Eso significa sí.

—Significa puede.

—¿Saben que han empezado?

Calethar tardó un momento en responder. —¿Tú lo sabías?

Ridley pensó en el enlace, en el anclaje bloqueado, en Mara gritándole que no comprendía las líneas y en la facilidad con que había intentado convertir miedo en órdenes.

—No.

—Entonces quizá esa sea parte de la respuesta.

Ridley dejó de preguntar.

Al final del corredor había una ventana estrecha desde la que podía verse buena parte del archipiélago.

Varias plataformas cruzaban sobre el agua llevando cajas, personas y materiales entre las islas; cada una avanzaba siguiendo su propia ruta sin que otra tuviera que arrastrarla.

Ridley estuvo a punto de convertir aquello en una metáfora.

Decidió que ya había aprendido bastante por una mañana.

—Vamos.

Calethar lo siguió. Esta vez Ridley echó a andar sin comprobarlo.