Juramento Cinéreo (Las sombras crecientes 1) 21 #3
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El silencio se prolongó mientras el agua golpeaba el techo. Paf Paf entendió entonces que Blaid no estaba preguntando por Dorian, al menos no del todo.

—¿Te preocupa haberlo matado?

El tiefling tardó.

—No sé si «preocupar» es la palabra adecuada.

—¿Cuál?

—Si la supiera no estaría hablando contigo.

Paf Paf aceptó aquello sin exigir nada más.

Blaid se llevó una mano a las costillas y cambió ligeramente de postura. —Ridley habría intentado dejarlo vivir.

—Sí.

—Tú también.

—Sí.

—Y volvió.

Paf Paf reconoció el argumento. —Eso no hace que matarlo esté bien.

Blaid lo miró. —No he dicho que lo haga.

—Lo estás pensando.

Por primera vez desde que había empezado la conversación, Blaid pareció incómodo.

—Puede —admitió Blaid.

Paf Paf volvió la atención hacia la entrada. —A veces algo es necesario y sigue estando mal.

Blaid soltó aire. —Empiezo a sospechar que todos vais a utilizar esa frase contra mí durante años.

—No.

—Eso debería tranquilizarme.

—Solo si hace falta.

Blaid sonrió sin humor. —Peor.

La conversación terminó allí y el tiefling acabó regresando a su manta.

Paf Paf permaneció vigilando hasta pasada la medianoche, cuando la lluvia se redujo a un golpeteo fino y el viento empezó a caer. Fue entonces cuando reparó en que algo había cambiado dentro de la nave.

No oyó pasos ni una respiración distinta. La lámpara junto a la pared empezó a inclinar la llama hacia una esquina donde no había corriente de aire. Paf Paf se incorporó y cogió el mazo.

Al entrar vio que Blaid ya tenía los ojos abiertos. El tiefling no preguntó nada; siguió la dirección de la llama y llevó una mano hacia la espada.

Paf Paf habló lo bastante alto para despertar a los demás. —Arriba.

Ridley se incorporó casi inmediatamente, Fïrn necesitó unos segundos más para recordar dónde estaba y Aria abrió los ojos justo cuando la temperatura empezó a descender.

El frío no llegó de golpe. Se extendió desde la esquina como si la piedra hubiera empezado a devolver todo el calor acumulado durante el día, avanzando por suelo y paredes hasta convertir el aire húmedo de la nave en algo mucho más seco y desagradable.

Blaid señaló. —Ahí.

La pared parecía oscurecerse. Paf Paf avanzó un paso y comprendió que no era una mancha.

Algo se estaba separando lentamente de la piedra: primero parecía plano y después adquiría volumen a medida que avanzaba.

No tenía un rostro reconocible y sus extremidades cambiaban ligeramente de longitud cada vez que la llama oscilaba.

Otra presencia empezó a condensarse cerca del techo.

Ridley tomó el escudo, Fïrn se levantó con el laúd y Aria intentó incorporarse.

Paf Paf se colocó delante de ella antes de que pudiera hacerlo.

—Atrás.

—Puedo…

—Atrás.

Esta vez no discutió. La primera criatura avanzó hacia ellos y Paf Paf esperó hasta que estuvo cerca antes de golpear.

El mazo atravesó la parte superior del cuerpo sin encontrar resistencia y chocó contra el suelo con un impacto que le recorrió los brazos, mientras la forma se deformaba alrededor del arma como humo atrapado por una corriente.

Paf Paf recuperó el mango y retrocedió. —No tiene peso.

Blaid atacó a la segunda desde un lateral. Su espada encontró resistencia durante una fracción, suficiente para alterar la silueta de la criatura, y después pasó a través.

—No siempre.

La tercera apareció junto a la puerta y Ridley se interpuso antes de que pudiera entrar. El escudo recibió el impacto y una luz azul recorrió el borde metálico.

Fïrn dejó de moverse. —Otra vez.

Ridley empujó a la criatura hacia fuera. —No suelo aceptar peticiones de repetición en estas circunstancias.

—Cuando toca el escudo cambia.

Paf Paf lo había visto también. La criatura había adquirido una forma más definida tras el contacto: no huesos ni músculos, sino una estructura de líneas oscuras alrededor de un centro más denso. Cuando el azul desapareció, empezó de nuevo a perder consistencia.

Paf Paf se quedó con la parte útil. —Necesitan tocar algo.

Blaid bloqueó una acometida. —Una conclusión sorprendentemente útil.

—Tocar de verdad.

La criatura que había atravesado el mazo volvió hacia Paf Paf. Él no atacó enseguida, sino que esperó hasta que una de aquellas extremidades se cerró alrededor de su antebrazo. El frío atravesó la manga y, al mismo tiempo, la forma ganó densidad.

Entonces golpeó. El mazo encontró resistencia y lanzó a la criatura contra la pared.

—Ahora.

Fïrn ya estaba probando. Rasgó una cuerda y dejó que la nota se extendiera por la habitación, buscando primero una emoción, miedo o voluntad a la que la Armonía pudiera aferrarse. No encontró nada, del mismo modo que no había encontrado nada en los esqueletos del templo. Cambió de enfoque.

En vez de escuchar a la criatura, escuchó el suelo.

La madera vibraba con cada golpe, el mar llegaba desde fuera convertido en un pulso grave y la lluvia marcaba irregularidades sobre el tejado.

Cuando Ridley recibió otra embestida contra el escudo, Fïrn hizo coincidir una nota con la vibración producida por el impacto. La criatura se tensó.

Paf Paf lo vio. —Otra vez.

Ridley golpeó con el borde del escudo y Fïrn repitió el intervalo, utilizando la vibración física como referencia en vez de buscar una emoción inexistente. La forma ganó consistencia durante un instante y Blaid entró por el lateral, atravesando lo que parecía un hombro. La criatura retrocedió.

A partir de entonces dejaron de intentar golpear humo.

Ridley utilizaba el escudo para obligarlas a asumir forma; Paf Paf buscaba el momento en que entraban en contacto con suelo, pared o cuerpo, y Blaid atacaba solo cuando la materia parecía suficientemente estable.

Fïrn sostenía los ritmos que permitían distinguir cuándo aquellas cosas se hacían vulnerables.

El método era más lento que una pelea normal y, por eso mismo, más peligroso: cada error los obligaba a esperar a que la criatura volviera a hacerse tangible.

Una de las formas pasó por encima de Ridley y fue hacia Aria. Ella levantó una mano y Fïrn advirtió lo que pretendía hacer.

—No gastes…

Aria ya había actuado. El aire frente a ella se deformó apenas y la criatura perdió la trayectoria, chocando contra la pared en lugar de alcanzarla. No hubo fuego ni luz, solo una presión breve que obligó a Aria a apoyarse de nuevo en la plataforma.

Paf Paf llegó antes de que la criatura recuperara consistencia. Golpeó la piedra junto a ella, la vibración recorrió el muro y Fïrn encontró el sonido para sostenerla. Blaid remató. La forma se deshizo en filamentos oscuros que desaparecieron antes de tocar el suelo. Paf Paf miró a Aria.

—No más.

Ella respiraba demasiado deprisa.

—Lo sé.

—No parece.

Aria cerró los ojos un instante. —Ahora sí.

La última criatura seguía allí, así que la discusión tendría que esperar.

Otra criatura consiguió atravesar la defensa de Ridley y cambió de dirección hacia Fïrn.

El bardo apenas tuvo tiempo de levantar el brazo antes de que el frío lo alcanzara en el costado y le arrancara la nota.

Paf Paf cruzó la habitación. La entidad estaba tocándolo. Si estaba tocándolo, tenía peso.

El mazo golpeó el torso y la arrancó de Fïrn con suficiente fuerza para lanzarla hacia la puerta. Ridley recuperó posición, embistió con el escudo y Blaid aprovechó la forma sólida para atacar desde el flanco. La criatura se rompió bajo los tres movimientos. Fïrn cayó sobre una rodilla.

Ridley se agachó. —¿Sangras?

Fïrn se tocó el costado. —No. Pero tengo la desagradable sensación de haber respirado invierno.

Aria intentó levantarse y Paf Paf la detuvo con una mano.

—Quédate.

Esta vez no protestó. Blaid miró hacia la esquina.