Juramento Cinéreo (Las sombras crecientes 1) 13 #4
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El grito que salió de Kirel no perteneció a una sola garganta.

Empezó grave y acabó agudo, superponiendo voces de hombres y mujeres hasta que Fïrn tuvo que reforzar de golpe la resonancia que contenía el sonido antes de que aquella aberración viajara por los corredores.

Ridley entró mientras Kirel estaba desequilibrado.

Su espada fue bloqueada y Blaid atacó desde el otro lado, pero la pequeña hoja consiguió desviar también aquel golpe.

Durante varios segundos, el cambiaformas contuvo a los tres contra la puerta, alterando músculos y articulaciones tan deprisa que dejó de parecer una persona transformándose y pasó a parecer un cuerpo que utilizaba la anatomía como otra herramienta.

Fïrn cambió la canción. Esta vez no buscó ninguna emoción.

Escuchó el metal. La hoja de Kirel tenía una frecuencia fina y tensa bajo los impactos.

Fïrn la encontró, sostuvo una nota alrededor de ella y alteró la resonancia lo suficiente para que el arma empezara a vibrar dentro de la mano del cambiaformas.

Kirel miró hacia sus propios dedos. Ridley atacó alto.

Kirel levantó la hoja para detenerlo. Blaid entró por debajo.

La espada atravesó el costado del cambiaformas.

No hubo elegancia ni movimiento heroico; el hueco apareció bajo las costillas y Blaid estaba allí cuando ocurrió.

Kirel quedó inmóvil. Las transformaciones se detuvieron.

Blaid mantuvo la empuñadura con ambas manos durante un instante, sorprendido quizá por la resistencia del cuerpo o simplemente por haber conseguido alcanzarlo.

Después retiró la espada. Kirel cayó de rodillas.

Ridley avanzó por si intentaba cambiar de nuevo.

No lo hizo voluntariamente. Su rostro empezó a desplazarse de todas formas.

La apariencia de Kirel desapareció mientras la mandíbula, la nariz y el cabello cambiaban entre respiraciones.

Surgieron rostros desconocidos, algunos apenas completos y otros tan definidos que Ridley tuvo la certeza absurda de que aquellas personas habían existido alguna vez: una mujer anciana, un muchacho con pecas, un hombre de piel oscura y ojos claros. Y Kellen.

La semejanza duró menos de un segundo, pero bastó para que todos la vieran.

Después las formas conocidas desaparecieron y quedó un rostro pálido, de cabello casi blanco y rasgos suaves.

No parecía inacabado; parecía hecho para ofrecer a la memoria muy poco donde agarrarse.

El cuerpo cayó de lado. Fïrn dejó que la canción descendiera gradualmente hasta que el acero, las botas y la respiración dejaron de empujar contra la piedra. Paf Paf observó al muerto.

—No era Kirel.

Fïrn respiraba deprisa y se tomó un momento antes de contestar, quizá para separar la emoción recogida del cambiaformas de la suya.

—No podemos demostrarlo todavía.

Blaid volvió hacia él. Fïrn señaló el cadáver.

—Sabemos que utilizaba ese nombre y ese rostro. No sabemos de dónde los sacó.

Ridley pensó en Kellen y en lo fácil que el parecido familiar había convertido una historia dudosa en una historia plausible.

—Puede existir otro Kirel.

—Sí.

Fïrn abrió el diario, aunque no escribió enseguida. Observó el cuerpo una vez más y solo entonces anotó:

Cambiaformas que utilizaba el nombre y el rostro de Kirel Vorkos: muerto. Identidad real: desconocida.

Ridley leyó la frase. No la corrigió. Blaid estaba limpiando su hoja con un trozo de tela cuando el cuerpo respiró.

Los cuatro se volvieron. No fue una recuperación.

El pecho apenas consiguió elevarse una vez.

Ridley volvió a agacharse. Los ojos oscuros se fijaron en él y la voz salió baja, rota entre varios tonos que ya no conseguían formar uno solo.

—Deberías… haberlo dejado… donde estaba.

Ridley sintió frío bajo el esternón.

—¿El qué?

Los labios del cambiaformas se deformaron en algo parecido a una sonrisa. Ridley pensó en el rubí y en la cámara de las ruinas.

—¿El anillo?

Los ojos del otro se cerraron. No volvió a respirar.

Ridley permaneció agachado unos segundos.

La advertencia no demostraba que el anillo fuera el origen de nada, tampoco que perteneciera a los Der ni que el cambiaformas hubiese estado hablando de él; pero era la única cosa que Ridley había sacado de las ruinas y aquello por lo que el supuesto Kirel había mostrado un interés desproporcionado.

Se incorporó. Paf Paf ya estaba mirando hacia la puerta.

—Luego.

Ridley estuvo a punto de preguntarle qué podía ser más urgente.

Entonces también lo oyó. Pasos. Varias personas se acercaban por el corredor principal con suficiente rapidez para que el metal de su equipo golpeara contra el cuero al caminar.

Una voz dio una orden demasiado baja para distinguir las palabras.

Paf Paf levantó el mazo. Blaid dejó de limpiar la espada.

Fïrn cerró el diario y recuperó el laúd.

Ridley miró el cadáver del cambiaformas y la sangre que empezaba a buscar las juntas entre las losas.

No había tiempo para ocultar nada. La puerta comenzó a abrirse.