13 #3
Blaid atacó desde la izquierda con una estocada corta.
Kirel estrechó un hombro hasta un ángulo que habría dislocado a cualquier otro hombre y la punta pasó por encima de la clavícula.
Paf Paf apareció en el otro lado antes de que pudiera completar el giro y descargó el mango del mazo contra las costillas.
El golpe habría derribado a un hombre. Kirel cambió mientras lo recibía.
Su caja torácica pareció ensancharse bajo la ropa para repartir el impacto y el rostro se alteró con suficiente rapidez para hacer vacilar a Paf Paf: durante un instante fue una mujer de cabello gris, después un hombre con la nariz rota y, antes de que ninguna forma terminara de fijarse, alguien mucho más joven.
El goliat perdió medio paso. Kirel lo aprovechó.
—No miréis la cara —dijo Blaid.
Paf Paf reajustó las manos sobre el mazo.
—Ya.
La pelea cambió en cuanto dejaron de responder a los rostros.
Kirel modificaba altura, longitud de los brazos y centro de gravedad lo justo para convertir ataques correctos en errores.
No necesitaba adoptar otra persona por completo; le bastaba ganar unos dedos de alcance, permitir que una articulación cediera en otra dirección o adelgazar el torso cuando una hoja atravesaba el espacio que debería haber ocupado.
Ridley empezó a mirar los pies. Los rostros podían mentir y los hombros cambiar.
Los pies seguían necesitando suelo. Aquello funcionó mejor.
Vio cómo Kirel cargaba peso sobre la pierna derecha antes de que el resto del cuerpo pareciera decidir hacia dónde iba.
Ridley entró por ese lado y consiguió que la espada encontrara carne por primera vez.
El filo abrió la manga por encima del codo.
La sangre que apareció era roja y corriente. Kirel miró la herida.
—Eso ha sido innecesario.
Ridley mantuvo la espada delante.
—Todavía puedes rendirte.
—No.
—Entonces no lo era.
Fïrn cambió el ritmo sin abandonar la resonancia que contenía los ecos.
Sobre la nota grave empezó a construir una melodía más rápida, reconocible para los otros después de apenas dos compases: la misma estructura que habían utilizado en el camino cuando la patrulla de la Luz Púlida los alcanzó antes de Eshvar.
La Armonía no dictó ningún movimiento. Se apoyó en los meses que llevaban viajando juntos, en el sonido de las botas de los demás, en la forma de recuperar un arma después de golpear y en las pequeñas decisiones que ya no necesitaban explicar.
Ridley dejó de mirar a Paf Paf para saber cuándo avanzaría; los amagos de Blaid empezaron a convertirse en oportunidades antes incluso de terminar, y Fïrn encontraba huecos entre los tres para mantener la estructura sin obligarlos a pensar en la música.
Kirel empezó a quedarse sin espacio. Lo empujaron hacia el centro de la sala, lejos de las estanterías, hasta obligarlo a defenderse en lugar de buscar una salida.
Entonces sacó del interior de la chaqueta una hoja corta sin adornos, diseñada más para apartar y bloquear que para sostener un duelo.
Ridley atacó hacia el hombro. Kirel desvió el filo y, al mismo tiempo, alargó el brazo contrario hasta alcanzar la muñeca de Blaid antes de que el tiefling completara una estocada.
La mano derecha de Blaid falló durante un instante.
Kirel tenía abierta la línea hacia su vientre.
No utilizó la hoja. Golpeó la muñeca y retrocedió. Ridley volvió a verlo.
—No quieres matarnos.
Kirel no respondió. Paf Paf avanzó y dejó caer la cabeza del mazo casi hasta la piedra, cerrando el ángulo de la puerta.
—No.
Ridley miró al cambiaformas.
—¿Por qué?
Kirel levantó la pequeña hoja.
—Porque no he venido a hacerlo.
Fïrn perdió una nota, pero la melodía continuó.
—¿A qué has venido?
Kirel miró el volumen abierto sobre la mesa. El Bosque de Serpiente. Neraval. Las transferencias.
—A asegurarme de que siguierais avanzando.
Ridley sintió la respuesta como un tirón bajo las costillas.
—¿Hacia dónde?
—Eso ya lo habéis decidido vosotros.
—¿El bosque?
Kirel guardó silencio.
—¿Neraval?
Tampoco respondió. Blaid se movió mientras Ridley hablaba.
No buscaba herir, sino conducirlo. Atacó alto y obligó a Kirel a retirarse hacia un espacio que Paf Paf parecía haber dejado libre.
El engaño duró lo suficiente. El goliat golpeó el suelo delante del pie izquierdo de Kirel y lo obligó a saltar hacia la única zona segura.
Ridley lo esperaba allí. Su espada entró de lado y Kirel consiguió apartarla con la hoja corta, pero el impacto lo hizo girar.
Blaid completó el movimiento golpeando con el pomo la base del cráneo.
Kirel cayó sobre una rodilla. Su rostro cambió. Ridley se vio a sí mismo.
El parecido era tan exacto que durante una fracción de segundo ocurrió aquello que años de entrenamiento habían intentado eliminar: su cuerpo dudó antes de herir una cara conocida. El otro Ridley sonrió.
—Ahí estás.
Paf Paf no miró el rostro. El mazo golpeó el brazo con el que Kirel pretendía levantarse.
La articulación cedió mucho más de lo que debería y el hueso se reorganizó bajo la piel mientras el cambiaformas rodaba para evitar el segundo golpe.
La cara de Ridley desapareció y durante varios latidos ocuparon su lugar Blaid, Fïrn y el propio Paf Paf, cada uno lo bastante exacto para ser reconocible y demasiado fugaz para convertirse en una persona. Fïrn elevó la voz sobre la melodía.
—¡Tantas caras y sigues huyendo con la misma!
La burla encontró algo. Ridley no pudo saber exactamente qué, pero la reacción de Kirel fue inmediata.
Se volvió hacia Fïrn con una furia que no pertenecía a ninguno de los rostros prestados.
Había allí algo auténtico, aunque Fïrn no podía saber si era odio hacia la idea de no poseer una forma propia o hacia cualquiera que se atreviera a insinuarlo.
La emoción lo alcanzó a través de la Armonía y la dureza apareció también en su boca. No dejó de tocar.
—Ahí estás.
Esta vez Kirel fue por él con el arma. Fïrn tuvo que apartarse y abandonar una mano del laúd cuando la hoja corta buscó su costado.
La nota que contenía los ecos tembló y, durante unos instantes, la pelea recuperó todo su volumen dentro de la piedra.
Ridley embistió al cambiaformas con el hombro.
Ambos chocaron contra una estantería y una caja cayó desde la balda superior.
Paf Paf la atrapó antes de que alcanzara el suelo, la dejó sobre la mesa sin mirar el contenido y volvió a empuñar el mazo.
—Gracias —dijo Fïrn.
—Después.
Ridley mantuvo a Kirel contra la madera.
Durante un instante tuvo el rostro a pocos dedos.
No era Kirel ni ninguna persona reconocible.
La piel se había vuelto pálida y casi sin color, con unos rasgos blandos que parecían colocados de manera provisional sobre un rostro capaz de reorganizarse en cualquier momento.
Los ojos eran demasiado oscuros y la piel alrededor de las mejillas tenía una lisura extraña.
Kirel lo golpeó en el pecho y recuperó distancia.
La cara conocida volvió. Ridley levantó la espada.
—Eso sí eres tú.
—¿Seguro?
La pregunta alcanzó a Fïrn. Después de lo ocurrido en la sala doctrinal, era exactamente el tipo de frase que podía hacerle daño. Fïrn golpeó una cuerda con el pulgar y dejó salir una nota áspera.
—No.
Kirel volvió la cabeza. Fïrn sostuvo su mirada.
—No estoy seguro y no necesito estarlo para impedir que salgas.
La música volvió a asentarse. Kirel corrió hacia la puerta secundaria.
Esta vez no fingió otro ataque. Alteró el cuerpo entero mientras avanzaba, reduciendo altura y anchura hasta pasar por un espacio entre Blaid y la pared que parecía insuficiente.
El tiefling consiguió cortarlo en el costado.
Kirel no se volvió. Llegó al cierre y los dedos se alargaron hasta entrar en el mecanismo.
Hubo un chasquido y la puerta cedió unos centímetros. Ridley avanzó.
—¡No!
Paf Paf cruzó la sala. Blaid llegó primero y golpeó a Kirel con el hombro.
Ambos chocaron contra la puerta y el peso volvió a cerrarla.
La reacción del cambiaformas fue distinta a todo lo anterior.
Giró y utilizó la hoja para herir. Blaid consiguió apartarse, pero la punta le abrió la ropa a la altura de las costillas y dejó una línea roja sobre la piel.
Ridley entendió el cambio. Hasta aquel momento, Kirel había intentado escapar sin matarlos.
Había dejado de creer que pudiera conseguirlo.
Paf Paf lo golpeó de lado. El cambiaformas interpuso el antebrazo y su cuerpo trató de adaptarse al impacto, pero el cambio llegó tarde. El hueso se rompió.