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Kirel circulaba entre ellos e intervenía poco, pero casi siempre en el momento adecuado.
Sabía qué índice había cambiado de nombre después de una reforma, reconocía abreviaturas que ninguno encontraba en los glosarios disponibles y recordaba que ciertos fondos habían sido trasladados desde la planta occidental décadas atrás.
Cada respuesta tenía una explicación razonable en los años que había trabajado dentro de la Casa.
Fïrn empezaba a pensar que ese era precisamente el problema.
Blaid estaba consultando un índice de transferencias cuando su voz apareció dentro de la cabeza de Fïrn.
No reacciones. El sobresalto estuvo a punto de hacerle levantar la vista, pero continuó copiando una fecha.
Fïrn conocía la técnica: Blaid la había aprendido estudiando el Tejido, una forma de tender un vínculo breve entre varias mentes cercanas.
Exigía concentración y se volvía torpe con pensamientos largos, pero para unas pocas palabras bastaba.
La voz no pertenecía al reflejo. Era Blaid. ¿Qué ocurre?
Hubo una pequeña pausa antes de que llegara la respuesta.
Kirel acaba de hablarme dentro de la cabeza.
Fïrn siguió escribiendo. Ridley no levantó la mirada del documento que consultaba y Paf Paf pasó una página sin alterar el gesto.
¿Qué ha dicho? Que no solicitemos todavía el siguiente índice.
¿Por qué? No lo ha explicado. Fïrn dejó la pluma sobre el papel.
¿Estás seguro de que era él? Blaid tardó algo más en responder.
No. Por eso seguimos leyendo. A Fïrn le gustó aquella respuesta bastante más que una certeza apresurada.
Solicitaron el índice. Kirel no intentó impedirlo.
El documento los condujo primero hacia los Der. El símbolo aparecía entre marcas de función, no entre registros de nobleza, y Ridley reconoció la muesca inferior antes de que Fïrn terminara de comparar el dibujo con su calco. DER. LÍNEA DE CUSTODIA.
Las anotaciones utilizaban términos jurídicos desaparecidos hacía generaciones.
Después de consultar dos glosarios, Fïrn consiguió reconstruir una parte suficiente para afirmar que aquella familia había desempeñado funciones hereditarias en determinados lugares de guarda.
No figuraban como señores de grandes dominios ni como propietarios de territorios extensos.
Aparecían vinculados a custodias, obligaciones y determinados derechos de reconocimiento en puertas de guarda.
Otra frase necesitó más trabajo: Reconocimiento por sangre cuando la marca no pueda acreditarse mediante testigo. Ridley la leyó varias veces.
—¿Qué significa «por sangre»?
—No lo sé todavía. Puede ser literal o una categoría jurídica que haya cambiado de significado.
—¿Una familia utilizada como contraseña?
Fïrn negó ligeramente.
—Podría ser una forma de decirlo. O podría no serlo.
Blaid se acercó.
—También podría implicar magia.
Ridley lo miró. Ninguno necesitó mencionar el anillo. Kirel sí.
—¿Sigue en el refugio?
La pregunta llegó demasiado deprisa. Ridley volvió lentamente la cabeza.
—¿Dónde iba a estar? Me obligaste a dejarlo allí.
Kirel bajó los ojos hacia el documento.
—Bien.
El silencio posterior apenas duró un instante, pero fue suficiente para que todos lo notaran. Kirel pareció comprenderlo.
—Si esa reliquia responde a una línea hereditaria, entrar con ella habría generado un registro mucho más preciso de lo que esperaba.
La explicación tenía sentido. Fïrn empezaba a desconfiar de cuántas cosas relacionadas con Kirel lo tenían. La voz de Blaid reapareció dentro del vínculo. Le importa demasiado. Ridley respondió: Sí. Paf Paf añadió: Después. Y continuaron.
El rastro de las cuentas negras remitía a un libro de transferencias cuya localización aparecía marcada con una sigla que ninguno reconocía. Kirel sí.
—Fondos de procedencias extintas.
Fïrn levantó la vista.
—¿Dónde están?
Kirel señaló hacia el suelo.
—Debajo.
—¿Debajo de qué?
—De casi todo.
Explicó que la parte más antigua de la Casa había sido excavada directamente en la roca de la terraza.
Allí almacenaban documentos pertenecientes a instituciones desaparecidas, depósitos clausurados y fondos cuya clasificación original ya no correspondía a ninguna oficina viva.
Algunos llevaban años sin recibir una consulta.
Fïrn miró las referencias acumuladas sobre la mesa.
Era exactamente el tipo de lugar donde podía sobrevivir la huella de un registro que alguien había intentado hacer desaparecer sin conseguir borrar todas las pruebas de su existencia. Necesitaban otra autorización.
Neral Voss examinó la cadena documental durante un buen rato antes de aceptarla. Esta vez no entregó la solicitud a ningún empleado.
—Tendréis que bajar vosotros.
Fïrn cerró el diario.
—¿Por qué?
—Porque el volumen no puede trasladarse. Humedad, encuadernación y lectores convencidos de que una referencia les da permiso para abrir cualquier caja que encuentren.
Neral miró a los cuatro.
—Sobre todo lo último.
Ridley dirigió la vista hacia la escalera que descendía detrás de una puerta lateral.
—¿Nos acompaña alguien?
—No tengo suficiente personal para dedicar un archivero a cuatro investigadores patrocinados que quieren consultar un fondo sin visitas desde hace diecinueve años.
Aquella vez Fïrn no tuvo que preguntar qué significaba. Kirel extendió la mano y Neral le entregó una pieza rectangular de bronce.
—Esto abre el primer cierre. El segundo se libera desde dentro. Hay campanas de llamada en los corredores si necesitáis personal.
Fïrn miró a Kirel.
—¿Sabes llegar?
Neral respondió por él.
—Conoce la distribución antigua.
Otra explicación razonable. Fïrn guardó la pluma, comprobó que llevaba el diario y ajustó la correa del laúd. Por primera vez desde que habían entrado en la Casa, los documentos que buscaban ya no podían venir hasta ellos. Tendrían que ir a buscarlos.