5 #4
El guardia avanzó y Fïrn golpeó los barrotes de una celda con el mango de una lámpara.
El estrépito estalló junto a la cabeza del hombre y este giró por reflejo.
Blaid aprovechó la abertura. Su espada cortó la cara interna del antebrazo del guardia; no fue profundo, pero bastó para que soltara el arma. Fïrn señaló el hueco. —Ahora.
—Había llegado a esa conclusión.
Ridley había recuperado el equilibrio. El muslo ardía, aunque todavía podía apoyar la pierna. —¡Al arco! —Paf Paf avanzó con Edric mientras desde arriba llegaban más pasos. Fïrn pasó junto a Blaid.
—¿La red?
Blaid miró las líneas azules. —Cruzamos.
Los cuarzos estallaron en luz cuando Edric pasó bajo el arco. El mago dobló el cuerpo y los brazales de sus muñecas se calentaron hasta adquirir un brillo rojizo en los bordes. Paf Paf tiró de él. —Sigue.
—Eso intentaba hacer.
Blaid atravesó el último y la red recuperó intensidad detrás de él. La Presencia permaneció en silencio, lo que no le resultó tranquilizador. Llegaron hasta Gared. El muchacho seguía atado junto a la mesa y tenía el rostro completamente blanco.
—Ahora sí van a matarme.
Ridley se agachó junto a él. —No si parece que intentaste detenernos. —Gared miró la sangre de su pierna.
Paf Paf dejó a Edric apoyado contra la pared y se agachó junto al joven. —Túmbate.
Gared abrió mucho los ojos. —¿Vas a golpearme?
—No.
El goliat lo ayudó a deslizarse hasta el suelo. —Caerse duele menos tumbado.
Gared lo miró sin comprender. Paf Paf comprobó los nudos y dejó la porra cerca de su mano, pero demasiado lejos para que pudiera alcanzarla mientras siguiera atado.
Ridley señaló la escalera. —Cuando nos vayamos, grita. Di que intentaste impedirnos pasar y que te redujimos. —Gared tragó saliva.
—Eso es verdad.
Desde arriba llegó otra voz. —¡Gared!
El muchacho cerró los ojos. —Marchaos.
Ridley se incorporó y la pierna protestó.
Bajaron la trampilla. Los dos guardias del colector seguían atados.
Uno había conseguido arrastrarse hasta la pared y trataba de alcanzar la palanca con un pie.
Ridley lo vio demasiado tarde. La reja interior empezó a bajar y Paf Paf tuvo que soltar a Edric para meter el mango del mazo entre las barras antes de que tocaran el suelo.
El mecanismo se detuvo con un crujido de madera.
—No aguanta.
Blaid miró hacia atrás. Las botas descendían ya por la escalera.
Paf Paf empujó y la reja subió apenas. Ridley intentó ayudarlo, pero en cuanto cargó peso sobre la pierna la herida cedió y tuvo que agarrarse al muro.
Edric miró el agua al otro lado. —No salgáis por ahí.
—Todos se volvieron. Ridley respiraba con fuerza.
—Es nuestra salida.
—Era vuestra salida. Mirad el nivel.
El agua alcanzaba casi la mitad de la reja exterior. Paf Paf había tenido razón. La corriente había regresado antes. Fïrn miró hacia el ramal. —Podemos intentarlo.
Edric negó. —Cuando abran la compuerta alta, ese túnel se llenará antes de que lleguemos a la calle.
Blaid miró al mago. —Espero que la siguiente parte de la frase contenga una alternativa.
—La compuerta de limpieza.
Ridley recordó lo que había dicho Gared. —La rueda está arriba.
—La rueda abre el mecanismo sin esfuerzo. La puerta es más vieja que esta prisión.
Paf Paf miró el mazo.
—¿Se rompe?
Edric observó al goliat. —Probablemente.
—Bien —dijo Paf Paf.
Ridley señaló la escalera. —¿Dónde?
Edric indicó una puerta baja al final de la cámara, casi oculta detrás de varias cajas. —Por ahí. El primer perseguidor apareció arriba. —Blaid empujó una mesa contra la trampilla.
—Moveos.
Atravesaron la puerta y entraron en un corredor estrecho que discurría paralelo a las celdas. El agua se filtraba por las juntas del suelo y, al final, una plancha de hierro cubierta por décadas de óxido cerraba una abertura circular. Paf Paf la examinó. —Vieja.
Edric se apoyó contra la pared. —Eso he dicho.
—Tú hablas mucho.
El mago soltó una breve risa. —Me han acusado de cosas peores. Paf Paf introdujo el extremo del mazo entre el marco y la plancha. Ridley se colocó a su lado.
—¿Qué hago?
—Empuja cuando se mueva.
Blaid estudió el borde. —Hay dos goznes arriba y uno abajo. Si cede el inferior, el agua hará el resto.
Paf Paf miró la mano derecha del tiefling.
—Tú no.
Blaid inclinó la cabeza. —Agradezco la preocupación.
—Molestas.
—Eso me resulta más familiar.
Fïrn recogió un trozo de hierro del suelo y lo encajó junto al gozne inferior. —Puedo hacer palanca.
Ridley miró hacia atrás. La mesa de la cámara anterior acababa de golpear contra el suelo.
—Ahora.
Paf Paf cargó todo el cuerpo sobre el mazo. El hombro derecho tembló bajo el esfuerzo mientras Fïrn empujaba con el hierro y Blaid mantenía la pieza en posición con la mano izquierda. Ridley introdujo el borde del escudo entre la puerta y el marco.
—Otra vez.
Paf Paf respiró hondo. —¡Ahora!
Empujaron. El gozne inferior saltó y el agua entró por la abertura como si hubiera estado esperando al otro lado. Ridley perdió pie cuando la plancha giró hacia dentro y Paf Paf consiguió apartarla con el mazo.
Fïrn pasó primero y Edric lo siguió, ayudado por Blaid. Ridley esperó a Paf Paf. —Sal.
El goliat miró hacia atrás. Los guardias ya entraban en el corredor. —Tú primero.
—No vamos a discutir ahora.
Paf Paf lo miró. —Ya discutimos.
Ridley no tenía tiempo para averiguar qué significaba y atravesó la abertura. El canal exterior era más estrecho de lo que esperaba y descendía con brusquedad; el agua les alcanzó de inmediato la cintura. Fïrn estaba varios pasos por delante y les hizo señas.
—¡Por aquí!
Ridley avanzó. Detrás de él, Paf Paf salió justo cuando una espada golpeó el borde de la compuerta.
El goliat giró y descargó el mazo contra el hierro, deformando la plancha lo suficiente para que los perseguidores tuvieran que trabajar antes de poder seguirlos.
Blaid miró la abertura. —Eso no los detendrá.
Paf Paf empezó a avanzar. —No.
—Magnífico.
—Nos da tiempo.
Blaid aceptó la corrección. El canal descendió hasta que el agua les alcanzó el pecho. Ridley tuvo que apoyar una mano contra la pared para no perder el equilibrio y la pierna herida empezó a entumecerse, lo cual le preocupaba más que el dolor.
Edric avanzaba entre Paf Paf y Fïrn, con los brazales todavía unidos por la cadena arrancada de la pared. —¿Cuánto queda? —preguntó Ridley.
Edric miró hacia delante. —No recuerdo haber hecho este recorrido mientras me traían.
Blaid levantó la voz desde atrás. —Eres una fuente inagotable de información útil.
—Me drogaron.
—Retiro aproximadamente la mitad de la crítica.
Fïrn se detuvo. —Escuchad.
Todos lo hicieron. Detrás llegaban golpes; delante, el rumor del agua era mucho más fuerte. Paf Paf miró el nivel.
—Sube.
Ridley sintió cómo la corriente ganaba fuerza alrededor de las piernas. Edric señaló más adelante. —El conducto desemboca en el río.
Ridley frunció el ceño. —¿Desemboca cómo?
Edric lo miró. —No como nos gustaría. —Paf Paf resopló.
—Hablas mucho.
—Eso ya lo has dicho. Empiezo a pensar que te molesta.
El suelo desapareció bajo el pie de Fïrn y el joven cayó, pero Paf Paf lo agarró por la capa antes de que la corriente pudiera llevárselo. Fïrn recuperó el equilibrio. —Gracias.
—Mira abajo.
—Lo estaba haciendo.
Ridley avanzó con mayor cuidado. El canal había perdido casi toda inclinación bajo ellos y se convertía en una rampa sumergida. Edric dio un paso y resbaló. La corriente lo giró de lado; Paf Paf intentó sujetarlo, pero la cadena de los brazales le golpeó el brazo y el mago desapareció bajo el agua.
—¡Edric!
Ridley vio la cadena y se lanzó hacia ella. La agarró, pero el tirón reabrió la herida del muslo y lo obligó a caer de rodillas. Blaid sujetó la parte trasera de su escudo antes de que la corriente lo arrastrara también.
—No lo sueltes.
Ridley apretó los dientes. —No pensaba hacerlo.
Tiró. Primero apareció la cadena, después las manos de Edric y, finalmente, Paf Paf consiguió agarrarlo por la camisa y sacarlo a la superficie. El mago tosió agua. —Eso ha sido desagradable.
Ridley respiró entre dientes. —La próxima vez entramos por una puerta. —Edric recuperó el aire.
—Eso también lo dice Kellen.
Fïrn los miró. —Empiezo a creer que conocéis a la misma clase de gente. Un golpe metálico resonó detrás. La compuerta acababa de ceder.
Ridley levantó la cabeza. —Moveos.
La corriente aumentó. Durante unos cuantos pasos todavía pudieron avanzar, pero después dejó de haber suelo y el agua los tomó a todos de golpe.
Blaid chocó contra una pared, perdió la espada y consiguió atraparla con la mano izquierda antes de que desapareciera.
Fïrn salió despedido hacia un lateral y Paf Paf sujetó a Edric con un brazo mientras golpeaba una tubería con el hombro derecho.
El gruñido del goliat apenas se oyó bajo el agua.
Ridley solo tuvo tiempo de coger aire antes de que el túnel terminara.
El Arenthil los recibió de golpe. El frío borró la ciudad.
Ridley se hundió varios palmos y salió a la superficie sin saber dónde estaba la orilla.
El escudo tiraba de él hacia abajo; soltó una de las correas y pateó hasta encontrar aire.
Oyó toser a Fïrn y después a Edric. Paf Paf emergió junto a una plataforma de madera y Blaid apareció algo más lejos, pronunciando una maldición con una precisión gramatical impecable.
Una cuerda cayó junto a Ridley. —¡Agárrala!
—Levantó la vista. Kellen Vorkos estaba sobre la plataforma.
Seco. Por supuesto. Ridley agarró la cuerda.
—Te odio.
Kellen hizo una señal a dos hombres situados detrás. —Me alegra verte también.
Entre los tres los sacaron del agua. Edric fue el último; Paf Paf prácticamente lo levantó desde abajo mientras los hombres de Kellen tiraban de la cadena que todavía colgaba de sus muñecas.
Cuando por fin estuvo sobre la plataforma, el mago cayó de rodillas y vomitó agua sobre las botas de Kellen.
El joven miró la mancha. —Veo que el rescate ha ido bien.