El pasado presente #2
—Sí, tienes razón. Lo mejor será descansar —se apenó al saber que era una despedida. Mireya, consciente de lo cortante que había sonado, quiso compensarlo. Extendió la mano para estrecharla con él.
—Me ha gustado mucho volver a verte. —Mireya le dedicó una gran sonrisa.
—Ya mí también. Buenas noches —se despidió algo más animado. Mireya no pudo contenerse, dio un paso al frente y le besó en la mejilla.
—Buenas noches —dijo rápidamente antes de darse la vuelta e ir directa al portal. José se fue con la esperanza de que mañana podría ser un gran día.
A la mañana siguiente.
—¡Lina! ¿Estás lista? De verdad, tengo que irme. —Inés esperaba impaciente en la puerta de casa.
Los obreros iban a llegar antes. Inés debía estar allí para explicarles las modificaciones de la tienda antes de que llegasen las clientas. Lina fue hacia la puerta.
—No me ha dado tiempo ni a desayunar. —Cogió sus llaves y las metió en el bolso.
Inés abrió la puerta para que saliesen. Lina empujó la puerta con su mano volviéndola a cerrar.
—¡Lina, voy tarde! —Inés la apremió.
—¡Sshhhh! —Le acarició la mejilla con el dorso de la mano—. Para esto tenemos tiempo —a cada palabra que decía se acercaba un poco más a sus labios.
Tenía razón, con las prisas no le había dado ni un beso de buenos días.
Las buenas costumbres no debían olvidarse, por muy tarde que llegase a los sitios.
Inés le devolvió el beso de manera sencilla.
Pero algo se encendió dentro de Lina y se lo hizo saber.
Introdujo su lengua en la boca de su amada, convirtiendo ese beso tímido en uno muy fogoso.
Lina quería jugar, un poco. Inés se encendió tan rápido…
Notó un calor inusual en sus partes más íntimas e intentó sofocarlo acercando su cuerpo al de ella. Lina detuvo el beso de golpe.
—Inés de la Corte, le recuerdo que vamos tarde —dijo controlando su respiración. Le regaló una sonrisa divertida por hacerla caer en su juego.
—Señorita Escudero, tiene usted razón —dijo alejándola de su cuerpo con un solo dedo—. Debemos irnos. Pero… —le apuntó con el mismo dedo, como si fuese a acusarle de algo— hoy comemos jun-tas —ordenó.
Lina sonrió. Le encantaba la idea. Comer con Inés era la mejor desconexión del día.
—Lo que usted diga, jefa —la última palabra iba cargada de un tono muy sensual.
Inés respiró profundamente, necesitaba relajarse un poco. En algún momento le devolvería esta provocación tan gratuita. Lina abrió la puerta para que ambas saliesen.
En la tienda.
—¡Buenos días, Lina! —Sofía la saludó muy animada.
—Sí que son buenos. Qué contenta te veo —bromeó alegremente con su compañera—. ¿A qué se debe? —preguntó después de mirar si la encargada estaba en el almacén.
—No está. Se ha ido a la obra. Quería hablar con los obreros para saber todos los horarios para este fin de semana.
Cuando Ana Belén no estaba, a Sofía se le notaba mucho más tranquila.
—¿Y por qué no le pregunta todo eso a doña Inés? —preguntó disimulando las sospechas de sus motivos.
—No sé. Nada más verme esta mañana me ha dicho dónde iba, por si doña Inés preguntaba por ella —explicó extrañada por el comportamiento de su encargada.
—Bueno, no te vayas por las ramas. No creo que estés tan contenta porque Ana Belén no esté. ¡Venga! ¡Cuenta! —le apremió mientras iba revisando las estanterías para apuntar todo lo que hiciese falta reponer.
—Pues… hoy he quedado a comer con Tomás. Ayer me esperó en la puerta de mi casa para proponérmelo. Dice que Espe le ha dado el día libre y quiere llevarme a comer —lo contó muy contenta al principio, pero después su cara cambió radicalmente.
—Eso es bueno, ¿no? ¿Por qué esa cara? —preguntó desconcertada por el cambio.
—Me hizo mucha ilusión que viniese hasta mi casa, pero… —So-fía estaba tan preocupada que empezó a morderse la uña del dedo gordo.
Lina le apartó la mano de la boca con delicadeza. Se movió lo justo para buscar su mirada. Tenía la sensación de que necesitaba hablar y quería darle la confianza suficiente para que lo pudiese hacer.
—Te da miedo que la invitación sea para cortar lo que tenéis. — Lina adivinó.
Sofía la miró preocupada. Sus ojos comenzaron a ponerse vidriosos.
—No debes preocuparte por eso. Los hombres no se toman tantas molestias para cortar una relación.
Además, si es así, ¿qué?… ¿No que-rías tener las cosas claras?
Pues mejor saberlo cuanto antes. Si corta la relación tan…
especial, que tenéis, ya puedes dejar el tema y centrarte en otras cosas —intentó que se sintiese mejor, pero no tenía claro haberlo conseguido.
—Lina… lo que siento por Tomás es muy real. No creo que pueda pensar en nadie más por un tiempo.
—Lo sé y lo entiendo perfectamente. Nadie está preparado para que le dejen. Pero si ocurre, que de verdad creo que no pasará, voy a estar aquí para ayudarte en todo lo que pueda. Necesites lo que necesites, dímelo. —Dio la vuelta al mostrador para darle un abrazo.
El abrazo la reconfortó un poco. Le gustaba la idea de tener una amiga con la que contar en los momentos complicados. Si Tomás le daba esa mala noticia, la iba a necesitar.
—Bueno, ya está. No vamos a pensar en eso. —Lina miró el reloj—. A trabajar, que se nos hace tarde para abrir.
Sofía fue directa a la puerta para cambiar el cartel y Lina al almacén para reponer.
La mañana se hizo interminable. Los ruidos de la obra se escuchaban desde la tienda.
Algunas clientas estaban encantadas por la ampliación, en cambio, otras opinaban que era innecesaria.
En los ratitos que tenían libres, fueron creando la lista de las clientas predilectas para invitarles a la preapertura.
Diez minutos antes de la hora del cierre, Sofía fue al baño para acicalarse un poco.
Quería estar presentable para Tomás. A los pocos minutos llegó Ana Belén.
—¡Buenos días! ¿Dónde está Sofía? —preguntó de camino al almacén.
—Acaba de entrar en el aseo. —Lina no pensaba decirle que llevaba más de diez minutos.
—¡Ah! Cuando salga, se pueden marchar. Ya cierro yo la tienda —le propuso la encargada.
—Un momento, doña Ana Belén. —Lina fue casi corriendo para interceptarla antes de que llegase a su despacho.
—Dígame —contestó mirando su reloj.
A Lina le molestó el gesto. Llevaba toda la mañana sin aparecer por la tienda y ahora iba con prisas.
—Le he preparado una lista con las clientas que, en mi opinión, deberían venir a la preapertura. —Estaba algo nerviosa.
No sabía por dónde saldría su encargada. Lo mismo le sermoneaba por hacer un trabajo que no le habían designado.
Ana Belén no había pensado en eso. Nunca había abierto una tienda y, en el último evento especial, su madre le ayudó prácticamente en todo.
—Muchas gracias, tendré en cuenta sus sugerencias —le agradeció en un tono sorprendentemente amable.
Fue tan amable que a Lina le extrañó. Se quedó esperando alguna pega en cualquier momento. En lugar de eso, pudo ver cómo leía la lista mientras entraba en su despacho.
Sofía salió del baño.
—¿Ha llegado Ana Belén? —preguntó alisándose el vestido. Lina estaba atónita mirando la puerta.
—Sí. Creo que ha llegado, pero no estoy segura de que esa mujer fuese ella —señaló la puerta del despacho.
—Lina… de camino al bar me lo cuentas —Sofía la apremió. No quería llegar tarde.
Las dependientas salieron de la tienda en dirección al bar. Lina aprovechó para dar ánimos a su amiga y, de paso, contarle lo de Ana Belén. Sofía fue decidida a abrir la puerta, pero alguien desde dentro la abrió por ella. Era Tomás, iba muy arreglado.
Lina pudo reconocer perfectamente de dónde provenía esa ropa.
Imaginó que Sofía se lo habría regalado anteriormente.
—¡Hola, Lina! —saludó Tomás algo nervioso.
—¡Muy buenas! —respondió con una gran sonrisa. Tomás se centró en Sofía. Le sonrió.
—¿Nos vamos? —preguntó mientras le cogía la mano.
Sofía no respondió, se limitó a seguirle. Lina, divertida, esperó a que se alejasen un poco para gritarles:
—¡Adiós, pareja!
Lina respiró tranquila. Si Tomás se había arreglado tanto y estaba tan nervioso, era porque la cosa iba a ir muy bien.
Con esa alegría entró. El bar estaba muy tranquilo.
Ahora entendía por qué Espe le había dado la tarde libre a Tomás.
Encontró a Espe hablando con unos clientes que solían comer allí todos los días.
«Esta mujer tiene tanto carisma que a todo el mundo le cae simpática» pensó.
Se fue a la barra y esperó tranquilamente, ojeando el periódico. Un artícul o llamó su atención:
Balneario mafioso
El pasado fin de semana, en el Balneario Muñoz, se produjo una redada en la que se pudieron identificar personas relacionadas con la mafia italiana y la catalana.
Ambas familias, que cuentan con delitos de malversación y tráfico de drogas a sus espaldas, fueron encontradas en las instalaciones.
Según nuestras fuentes externas, el balneario era un punto de encuentro donde se hacían reuniones para cerrar los pormenores de ciertos intercambios ilegales.
Desde comisaría hemos podido descubrir que esta redada ha sido una colaboración…
Espe la vio tan absorta en su lectura que pensó en la mejor manera de perturbar su concentración.
Se quedó unos segundos detrás de ella para ver si su presencia era suficiente.
Al no ser así, con cuidado le tapó los ojos y la fue echando lentamente hacia atrás.
La apoyó contra su pecho para que no perdiese el equilibrio y esperó.
Lina se sobresaltó en un primer momento, pero al llegarle el olor de Espe se quedó más tranquila. La situación le pareció muy divertida.
—Mmm… ¿Quién podrá ser? —preguntó al aire. Espe tuvo la tentación de hablar, pero decidió ver hasta dónde llegaba su imaginación.
—Tomás no es, porque sus manos son más suaves. Sofía tampoco, porque no aguantaría tanto rato callada. Tiene que ser alguien que está tan loca como para entretenerme cuando tengo hambre —fue deduciendo Lina con un tono muy divertido.