Juntas en Barcelona ¿Amigas? #5
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¿Amigas? #5

Inés se situó entre las piernas de ella. Sin que nadie se lo pidiese se desabrochó la falda que cayó al suelo en un solo movimiento. Quería sentir su piel y esa fue la manera más rápida que se le ocurrió.

Lina, al ver lo predispuesta que estaba, dejó de desabrocharle los botones de la chaqueta y empezó a quitarse la camisa. Ambas se desnudaron a sí mismas entre beso y beso.

Lina abrazó el cuerpo semidesnudo de su amada. Ya que estaba ahí, le quitó el sujetador con la única intención de disfrutar de la piel más suave de su cuerpo.

Dejó de besar los labios para besar sus pechos. Inés sintió un escalofrío. Sabía lo habilidosa que era su lengua y el placer que le podía proporcionar.

Lina no la decepcionó, jugo primero con uno y luego con el otro. Inés notó cómo a cada roce ella estaba más húmeda.

Inés posó dos dedos en la barbilla de ella. La obligó con delicadeza a mirarla, cuando sus ojos se encontraron.

—Lina Escudero, me vuelve loca tu boca y lo que haces con ella.

Lina puso su mano de nuevo en el cuello de Inés y esta vez sin detenerse la atrajo hacia su boca. La esperaba ansiosa, con la lengua lista para jugar.

Con la otra mano acarició la tripa de Inés.

Esta, al notar la suavidad de sus manos, se le cortó la respiración.

Lina paseó un dedo por la línea que dibujaba su ropa interior hasta que llegó a la parte trasera del cuerpo de Inés.

Bajó esa tela delicada que le impedía cumplir con lo que más deseaba en ese momento.

Cuando el cuerpo de Inés estuvo totalmente libre de cualquier impedimento para disfrutar de su piel al completo, llevó su mano a la zona más húmeda en ella.

Un solo movimiento provocó un gemido que se pudo escuchar en todo el almacén. Las piernas de Inés temblaron.

Lina disfrutó al sentir en su mano esa respuesta incontrolada al placer. Inés, algo más tranquila, movió ligeramente la posición de sus pies para que tuviese mejor acceso.

Lina se lo agradeció en forma de caricias. Movió sus manos, de manera que el roce en las partes más íntimas se hiciese más intenso.

Inés la abrazó, necesitaba un punto de apoyo. No solo porque estaba perdiendo la noción de donde estaba, sino también por tenerla cerca, sentir su aliento, su corazón latir al lado del suyo le daba seguridad. Le permitía deshacerse de la coraza y entregarse plenamente a ella.

Inés se dejó hacer, echó su cabeza para atrás. Lina, al ver ese cuello tan fuerte y delicado a la vez, no pudo evitar morderlo.

Inés gritó de placer. Apoyó su frente sobre la de Lina y le pidió exactamente lo que necesitaba.

—Lina... dos... por favor—suplicó en un susurro.

Obedeció sin decir nada. Sintió cómo el cuerpo de Inés se estremecía ante el placer. Poco a poco empezó a mover los dedos de nuevo. Dentro y fuera.

Lina disfrutaba mirando su rostro, solo con la expresión de su cara podía saber perfectamente en qué punto del recorrido del placer estaba. Sabía que el final se acercaba, pero no quería que llegase al clímax tan pronto. Quería disfrutar de ella, alargarlo al máximo.

Decidió darle un poco más del placer que le había pedido y después... suavizó el ritmo. Sacó sus dedos y empezó a tocar ese punto concreto donde Inés podía perder el control absoluto sobre su cuerpo.

Inés sonrió. No podía evitarlo, pero Lina tenía la libertad de jugar con ella de maneras que nunca antes habría imaginado.

Lina estaba absorta en el rostro de Inés.

Le daba la sensación de que sus labios eran cada vez más carnosos y apetecibles.

La atrajo de nuevo a ella para poder besarla.

Solo quería sentir sus suaves labios sobre los suyos, pero Inés tenía otro plan.

Introdujo su lengua excitando a Lina hasta un nivel. .. superior.

Como consecuencia, Lina volvió a entrar dentro de ella. Ahora sí era el momento de dar todo el placer posible. Movió su mano. Inés no podía mantenerse apenas en pie. Apoyó su cabeza en su hombro y se entregó.

Lina escuchaba cómo cada movimiento de su mano provocaba un cambio en la respiración de Inés. Como una canción rítmica fue haciéndole disfrutar. Cuando la respiración se empezó a entrecortar, Lina sabía que era el momento de aumentar la velocidad.

Un gemido de Inés le indicó que sus sospechas eran acertadas.

Continuó, solo que intentando llegar más adentro, con más profundidad. Inés tensó su cuerpo. Lina lo notó en sus manos. Era el momento de máximo placer en ella. El momento de esperar... esperar ese instante en que Inés caería rendida en sus brazos, vulnerable y totalmente descubierta ante ella.

El corazón iba a mil revoluciones por minuto, el goce era tal que no era capaz de recordar dónde estaba. Solo sentía placer, amor y mucha excitación. Esta última estaba aumentando a unos niveles imposibles de soportar. Inés no podía más, el clímax estaba a punto de llegar y ambas lo sabían.

El silencio se hizo. Inés cogió aire, se preparó para lo que venía. Soltó un gemido que salió desde lo más profundo de su ser. Tensó todo su cuerpo, contrajo el aliento y... cayó rendida en los brazos de Lina. Al sentir su abrazo, respiró con cierta normalidad.

En ese momento unos golpes en la puerta de la tienda alertaron a la pareja.

Inés, sin aliento, se apoyó sobre la mesa para recomponerse.

Lina se abrochó rápidamente la camisa. Se asomó a la tienda y pudo ver a Espe.

El corazón le dio un vuelco. No sabía si ir a abrirle o dejarla ahí. Lina se quedó petrificada.

—Lina, ¿quién es? —preguntó mientras terminaba de abrocharse la camisa.

—Una clienta —respondió volviendo al almacén.

—No te preocupes, habrá pensado que estamos abiertos porque nos hemos dejado la luz encendida —explicó con la respiración alterada.

Lina se apartó de la puerta y volvió con Inés.

—Hemos sido un poco descuidadas —dijo Inés antes de besarla.

—Un poco... ¿solo? —La besó mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro—. Espero que los obreros de al lado no hayan escuchado tus gritos porque... Señora de la Corte... alguno casi me asusta. —Le lanzó la chaqueta al terminar la frase.

—No te preocupes por mis gritos… —Sonrió con picardía—. Ya verás los que vas a dar tú cuando lleguemos a casa. —Apagó la luz de la tienda y volvió a besarla.

—Lo estoy deseando, señora de la Corte —dijo antes de salir de la tienda.

Las dos emprendieron el camino de vuelta a casa. Cuando estaban en la esquina donde se despedían siempre, Lina se paró en seco.

—¡Inés! Como me has entretenido no he terminado el encargo para mañana. —Se llevó la mano a la frente.

Inés se rio mientras cogía a Lina de la mano y tiraba de ella en dirección a la tienda.

Una vez en la puerta, Lina vio a Espe en la acera de enfrente. Sus miradas se encontraron, a pesar de la distancia.

No sabría explicar la expresión del rostro de Espe. No era enfado, tampoco malestar... parecía más decepción. Como si un vacío se hubiese instalado en su corazón.

Inés también miró al otro lado de la calle, pero ella se centró en una pareja que caminaba en dirección opuesta al bar de Espe.

—Lina, ¿los has visto? —preguntó incrédula.

Lina hizo un barrido por toda la calle y encontró a quién se refería.

—¿Es Mireya con el comercial? —preguntó Lina bajando la voz.

Pensó que la podrían escuchar a pesar de estar tan lejos.

—Creo que se llama Antonio. Hoy —Inés le abrió la puerta— he hablado con Mireya sobre él. Ha tenido un par de... reacciones, que ahora entiendo perfectamente.

—Inés, ya me estás contando —la apremió entre risas.

Justo en la calle de enfrente.

—No creo que sea tan bueno como para formar a mis compañeros —dijo Antonio a la defensiva.

—No se trata de lo que tú creas, sino de lo que cree doña Inés. Ella ha visto tus cifras y quiere que le cuentes los métodos que utilizas para conseguir más clientes —le explicó Mireya con voz tranquila.

Antonio dudaba. No estaba seguro de ser capaz de poder hacerlo.

—¿Qué necesitas? —preguntó leyéndole el pensamiento.

—Mireya... no se trata de necesitar... se tratade que no sé expresar lo que hago.

No uso estrategias, solo soy amable, me preocupo por ellos, me acuerdo de sus familias, de sus negocios, no sé.

.. Para mí no son contratos, son personas.

—Se detuvo para mirarla a los ojos. En ese momento se sentía vulnerable.

Mireya acarició su rostro, lo miró con ternura.

—Todo eso, son estrategias. Preocuparte por ellos, recordar sus nombres, los datos importantes.

.. todo. Consigues que el cliente no te vea como un comercial, sino como un amigo con el que hacer negocios.

Por eso confían en ti. Solo tenemos que encontrar la manera de presentarlo como estrategias comerciales sólidas.

De esa forma, los veteranos creerán lo que dices y confiarán en ti. —No podía apartar los ojos de él.

—¿Tenemos? ¿Me ayudarás?—preguntó mientras ponía su mano sobre la de ella.

Mireya asintió con una sonrisa.

Antonio no pudo resistirlo, miró sus dulces ojos y un impulso más grande que él mismo se apoderó de su cuerpo. Tiró de su mano para acercarla y la besó.

En un primer momento Mireya se quedó petrificada, no imaginó que fuese capaz de hacerlo. Al menos no se lo esperaba así. Pero después, se dejó llevar por el momento y disfrutó ese beso. Un beso que cicatrizaba algunas heridas del pasado.