Juntas en Barcelona En una nube #5
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En una nube #5

Lina estaba muy contenta. Había sido un fin de semana mágico.

Ambas necesitaban un tiempo a solas de calidad y desde luego, lo habían tenido.

Debía reconocer que la conversación con Pilar la había sumergido en un mar de dudas.

Cuando dijo: «permítete sentir», se refería a que sintiese con Espe y diese rienda suelta a esa atracción o que se centrase en lo que sentía por Inés y se olvidase la otra.

Sin darse cuenta, su mente empezó a divagar entre los recuerdos de la noche anterior, algunas de las frases de Pilar, conversaciones con Espe, risas…

fue de un lado a otro. Escenas sin un orden, sin una coherencia.

Era como si otra persona hubiese elegido los capítulos que quería mostrar en su cabeza.

Recordó a Espe en el bar, enfrente de ella.

Muy cerca. El deseo que sentía por besar esos labios, la curiosidad que le generaba saber cómo serían sus besos.

Recordó a Espe cada vez más cerca. Podía sentir su aliento, su calor en el rostro.

La música y el bullicio del bar era un ruido apenas imperceptible porque todos sus sentidos estaban puestos en la mujer que tenía delante.

Lina soltó un suspiro que la devolvió a la realidad.

—Cuéntame cualquier cosa o me voy a quedar dormida, esto es soporífero. —Inés la sacó de sus pensamientos.

—Claro, claro. ¿Qué quieres que te cuente? —preguntó, volviendo a la realidad.

—No sé, algo interesante, divertido… ¿qué tal Sofía con el chico del bar?

—¿Tomás? —preguntó. Sus pensamientos por un momento se habían ido a otro bar.

—Eso es, Tomás. Me comentaste que él y Sofía se gustaban.

Sopesó cómo contarle toda la información nueva que tenía sobre él, sin desvelar sus fuentes. En lugar de eso decidió cambiar de tema.

—¿Crees que a una persona le pueden gustar las mujeres y los hombres? —preguntó sin darle mayor importancia. Inés se quedó he-lada. No esperaba un giro tan radical de la conversación.

—Sinceramente, nunca me lo había planteado. —Hizo una pausa—. Antes de enamorarme de ti, tampoco me había planteado que existiesen otros tipos de amor que no fuesen entre un hombre y una mujer —respondió con sinceridad—, pero… ¿a qué viene esa pregunta?

—No sé. —Se tomó un par de segundos para pensar por dónde llevar la conversación sin delatar a Pilar—. Anoche, al verte vestida de hombre estabas muy atractiva —dijo acercándose hasta donde le dejaba el cinturón de seguridad.

—No seas tonta —bromeó.

—Es cierto, nunca me había fijado en los hombres, ya sabes que tengo claros mis gustos desde que era una niña. Pero, debo reconocer que estabas preciosa y ese olor tan varonil hizo que me sintiese atraída más por ti. —Puso la mano en su pierna y empezó a subir por ella.

—Lina, no juegues que estoy conduciendo y es peligroso —le advirtió con cierta severidad.

—Tienes razón, perdona. Es que… si me pongo a recordar cosas de anoche… me acuerdo también de lo que pasó en la habitación.

La luz del sol en el rostro de Inés impedía que se viese el rubor de sus mejillas. No supo de dónde había sacado esa manera de darse placer, pero debía reconocer que le gustó, le gustó mucho.

—Tengamos la fiesta en paz, Lina. —No tenía claro si se lo decía a ella misma para relajarse o a su acompañante.

—Vale. —Se acomodó recta en su asiento—. ¿Qué citas tienes mañana en el trabajo? —preguntó para cambiar de tema.

—Pues… mañana va a ser un día muy completo. Por la mañana se incorporará Mireya a la oficina. —Guardó silencio porque sabía la reacción que iba a tener.

Lina dio unos aplausos muy rápidos mientras sonreía.

—Dile que se pase por la tienda y nos vamos a comer juntas.

—Se lo diré —prometió Inés.

—¿Qué más tienes? —preguntó muy animada.

—Viene Carlos. Al parecer, tiene el local ideal que necesitamos. Además está muy cerca de la oficina.

—¿Carlos? ¿Tiene un local para ti? ¿Tan rápido? —preguntó bastante incrédula.

—Eso ha dicho. A mí también me parece muy raro cómo ha surgido todo. Cuando le di mis condiciones era evidente que había bebido demasiado, pero esta mañana en la piscina me ha repetido todos y cada uno de los requisitos que le solicité. Según él, tiene el local perfecto —aseguró.

Lina hizo una mueca de incredulidad.

—Mañana lo sabrás —sentenció.

Las siguientes conversaciones giraron en torno a las anécdotas de la Colonia. Lina le contó algunas de las historias que habían pasado en la tienda y en su momento no le contaron por ser la jefa. Ahora, ya no tenía importancia.

—Cuando lleguemos a casa, deberías llamar a las chicas —sugirió Inés.

—Sí, la verdad es que las echo mucho de menos. Aquí estoy bien, porque estoy contigo y tengo amistades nuevas. Pero… siento que me falta algo —confesó.

El tiempo pasó tan rápido hablando de cosas divertidas que ya estaban en casa sin darse cuenta.

—Me muero de hambre —pregonó Lina nada más bajarse del coche.

—Siendo domingo, las tiendas no están abiertas.

Lina no sabía si proponerlo o no. Le apetecía ver a Espe. Aún no había tenido tiempo de solucionar las cosas. Evidentemente, con Inés allí no lo iba a hacer, pero quería saber cómo estaba. Inés leyó su cara como un libro abierto.

—¿Te apetece cenar algo rápido en el bar de Esperanza? —lo propuso muy a su pesar. Pero si confiaba en ella, debía demostrarlo.

—No se me ocurre otro sitio cerca donde nos den de cenar.

Inés se colocó el bolso en el brazo. Le hizo un pequeño gesto con la cabeza en dirección al bar y ambas emprendieron el camino.

Una vez dentro, Inés respiró aliviada al no verla detrás de la barra. En ese momento recordó lo sucedido la última vez que estuvo allí. Se sentaron en la mesa y esperaron a que Tomás viniese a tomarles las comandas.

Sin pensárselo dos veces, porque si lo hacía seguramente se arrepentiría, le dijo:

—Lina, te tengo que contar una cosa —dijo intentando que su tono fuese divertido, pero no terminó de lograrlo.

—¿El qué? — preguntó.

Inés echó un vistazo a su alrededor para comprobar que nadie les prestaba atención. Acercó su silla a la de ella, solo un poco, y dijo como si fuese un secreto:

—El otro día vi a Espe con una chica. —Esperaba una reacción de interés por su parte.

—¡Ah! —se limitó a decir.

—¿Cómo que «¡ah!»? —imitó su forma de hablar.

—Sí, Inés, no sé qué esperas que diga. La viste con una chica. ¿Y? Esa chica puede ser su amiga, su prima, alguien a quien estuviese ayudando...

Inés no esperaba esa indiferencia. Acercó más su silla y bajó el tono de voz, tanto, que casi hablaba en susurros.

—Las vi salir del almacén. Espe se estaba abrochando la ropa y la otra… tenía el lápiz de labios corrido —explicó casi sin mover los labios.

—¿Crees que se estaban…? —terminó la frase llevándose las manos a la boca.

Inés asintió como una niña pequeña que acaba de descubrir un gran secreto.

Lina miró a su alrededor. Una parte de ella buscaba a Espe para comprobar si eso era cierto.

Sintió cómo los celos le invadían y se agarraban a su estómago.

Pero no era el momento de mostrarlos. Habían pasado un fin de semana de ensueño y no lo iba a estropear bajo ningún concepto.

—Lina… —le apremió Inés— ¿no me vasa preguntar nada más?

—Inés, es que no doy crédito. Espe tiene novia —dijo un poco a su pesar.

Inés omitió el resto de la conversación que tuvo aquella mañana. Mejor no mostrar su momento de debilidad. Tomás llegó a la mesa.

—Cuánto tiempo sin veros. ¿Qué os pongo? —preguntó mientras hacía una señal a otra mesa para que esperasen un minuto.

—¿Qué tienes para cenar? —preguntó Lina.

—Pues poca cosa: tortilla de patata, sopa que ha sobrado del medio día y filete de pollo empanado.

—Para mí —Lina pensó en voz alta— quiero un poco de sopa y el filete de pollo. ¡Ah!, y un gran vaso de agua. Tengo mucha sed.

—Marchando. ¿Y usted? —preguntó a Inés algo impaciente.

—Yo quiero tortilla de patata.

—¿No quiere sopa? Está muy sabrosa —explicó.

—Bueno, pero si puede ser, solo el caldo —aceptó finalmente.

—Perfecto. Ahora lo traigo —dijo antes de marcharse para atender a otra mesa.

En ese momento Espe entró por la puerta.

Fue directa a Tomás. No se escuchaba lo que decían, pero estaba claro que él no estaba muy contento con la conversación.

Espe se metió detrás de la barra, se puso el delantal y mientras se arremangaba las mangas vio a Lina.

Se quedó petrificada por un segundo, no esperaba verla allí y mucho menos con Inés.

Desde aquel día en la tienda no habían vuelto a coincidir las tres en el mismo espacio.

Lina detectó que su mirada era diferente. Había una mezcla de dolor y culpa en ella. Debían tener ya la conversación. Había que aclarar las cosas. Espe apartó la mirada y se puso a trabajar. Entró en la cocina y tardó mucho en salir. Ya no volvieron a cruzar miradas en toda la noche.

La cena transcurrió tranquila. Como había dicho Tomás, la sopa estaba muy sabrosa.

Ambas estaban cansadas y mañana les esperaba un duro día de trabajo.

Inés se disculpó para ir al baño. Nada más irse, Lina buscó a Espe por el bar.

En cuanto sus miradas se cruzaron, Espe fue directa a retirar los platos de su mesa.

—¿Qué tal todo? —preguntó Lina, su semblante serio le generaba ciertas reticencias.

—Con mucho trabajo. ¿Y tú? No te veo muy descansada para haber estado un fin de semana en un balneario —dijo mientras amontonaba los platos.

—¿Cómo sabes dónde he estado? —preguntó bastante desconcertada.

—Me lo dijo ella. —Espe señaló con la cabeza el asiento donde estaba sentada Inés.

—Espe, creo que deberíamos hablar.

—Deberíamos, pero ahora mismo no quiero hablar. Además, no tengo tiempo. Y… dudo mucho que a tu… amiga—bajó la voz en esta última palabra— le haga mucha gracia que hablemos en su ausencia.

Lina fue a defenderse, pero ya se había marchado con los platos.

A los pocos segundos, Tomás dejó la cuenta encima de la mesa y fue a otra mesa.

Lina intentaba entender por qué y cuándo Inés le había contado que se habían ido al balneario. Era una escapada de las dos. No había motivos para contárselo a na die.

Inés llegó del baño. Vio que Lina ya había pagado.

—¿Nos vamos? —propuso cogiendo su bolso.

—Sí, claro. Estoy deseando coger la cama.

—Yo también —le susurró con voz suave.

De camino a casa Lina le dio varias vueltas a las últimas noticias, los actos de Inés la tenían completamente desconcertada. ¿Quiso marcar territorio? ¿Su intención era herirla? ¿Quería comprobar si a Espe le molestaba?

Quería aclarar las cosas, pero al mismo tiempo no le a petecía afrontar esa conversación. Era una contradicción en sí misma.

Borró todas esas preguntas, inquietudes y miedos de su mente para poder volver al presente, a su realidad con Inés.