En una nube #3
—Por eso no te preocupes, Esperanza es una chica con un pasado muy complicado. Le cuesta confiar en la gente. Eso sí, una vez que lo hace tienes a una persona a tu lado de manera incondicional. Por eso le hicieron tanto daño.
Lina se quedó en silencio, tenía muchas ganas de preguntarle, de saber más… una parte de ella deseaba conocer el pasado de Esperanza.
—Me encantaría saber más, pero entiendo que no me lo pueda contar —aclaró al ver que Pilar seguía mirándola como si buscara algo en ella.
Cuando terminó de analizarla, cogió aire, se mojó las manos para refrescarse la nuca y se sentó más cerca de ella.
—Algo me dice que puedo confiar en ti. Aunque tengo mis reservas. Debes prometerme que no dirás nada. —La señaló de manera muy seria con su dedo índice.
Lina intentó controlar su entusiasmo.
—Faltaría más, de esta boca no saldrá ni una sola palabra —prometió llevándose la mano al corazón. Pilar se acomodó como pudo en la roca. No era muy cómoda.
—A Esperanza no la conozco del todo bien, quien sí la conoce es mi… —hizo una pausa para elegir la palabra adecuada con la que referirse a su amante, pero cayó en la cuenta de con quién hablaba y continuó sin tapujos— amante. Hace un par de años fue ella quien le ayudó a instalarse en Barcelona.
Lina no articuló palabra, dejó que Pilar narrase su historia. Seguramente fuese la primera vez que se la contaba a alguien.
—Antonia, Toñi. Estaba enamorada de una mujer.
Llevaban juntas mucho tiempo, se habían conocido estudiando para ser maestras.
Empezaron su romance y todo fue muy bien.
Hasta que en las fiestas de su pueblo, una noche bebieron de más y fueron descuidadas.
Bailaron en público, creían que nadie vería nada raro en que dos amigas bailasen.
Pero el padre de Toñi no pensaba igual. Esa misma noche, cuando volvió a casa, se encontró una maleta fuera y la puerta cerrada a cal y canto.
Lina no daba crédito a lo que escuchaba. Todo por un baile. En ese momento vio lo absurdos que habían sido sus enfados en el pasado respecto a ese tema.
—Inés tenía razón: bailar como amigas puede ser una temeridad —pensó Lina.
—Sin saber dónde ir, se fue a casa de su pareja.
De esa no te voy a decir el nombre porque no lo merece —aclaró con cierta inquina en sus palabras—.
Ella no le abrió. Cuando Toñi le contó a través de la puerta lo que había hecho su padre, la tipe.
.. la otra, le contestó que era lo mejor que podía hacer, irse para no dar problemas a más personas, incluida ella —El odio invadió su mirada.
—Será mala péco… persona—dijo sin pensar. Pilar sonrió porque estaba totalmente de acuerdo con ella.
—El caso es que Toñi nunca quiere hablar de cómo llegó a Barcelona.
Al parecer tiene que ver con pasar noches sola a la intemperie y viajaren un tren de mercancías —dijo apenada—.
Nunca es capaz de hablar de esa parte. Por cosas de la vida un día llegó al bar de Esperanza, le pidió un vaso de agua y…
—centró su vista en el agua como si de esa manera pudiese recrear la escena— no sé qué le vio Esperanza pero se portó muy bien.
Esa misma noche la dejó dormir en su almacén y le dio un puesto de trabajo.
—¿La ayudó sin conocerla? —preguntó sorprendida por el final.
—Eso es, no la conocía de nada. Toñi dice que cuando la miró a los ojos algo en su expresión cambió y le ayudó en lo que pudo.
—Pero… cuando me habló de ustedes en el bar me dio a entender que apenas os conocía. —Intentó ordenar los hechos, porque no entendía nada de lo sucedido.
—Esperanza es así. Respeta mucho la intimidad de las personas.
Seguro que te contó lo que podrías haber averiguado por tu cuenta —se aclaró la garganta antes de seguir—.
Ella ha ayudado a muchas personas como nosotras en momentos muy duros, pero nunca ha dicho nada.
Una vez que les ayuda, no les pide nada a cambio, en casos como en el de Toñi la saluda de vez en cuando y poco más.
En el fondo quiero pensar que no desea reconocimiento.
Ayuda porque lo necesitan, porque es lo que se debe hacer.
Si no nos ayudamos entre nosotros… —dejó la frase en el aire, no era necesario terminarla.
Lina estaba sin palabras. Nunca habría imaginado que Espe, con el desparpajo que tenía, con su chulería, pudiese ser tan altruista en ese sentido.
Es cierto que parecía buena persona, pero de ahí a volcarse tanto en los demás…
—Entonces… ¿con Tomás está haciendo lo mismo? —preguntó atando cabos.
—La historia de Tomás no la conozco del todo. Toñi por esa época ya vivía conmigo. Por lo que dicen, su padre le encontró en uno de los barrios donde se juntan los chicos como Tomás. Nada más verle, le dio tal paliza que por poco no lo cuenta.
—¿Y cómo llegó al bar de Espe? —Estaba muy enganchada a las historias de Pilar.
—¿Conoces a Julio? —Lina asintió de manera muy enérgica.
No quería perder tiempo—. El novio de Tomás era amigo suyo, le llamó para que le llevase a un hospital.
Cuando el pobre chico salió de allí necesitaba reposo absoluto.
Julio pensó que Espe le haría un hueco en su casa.
Y así fue. Le estuvo cuidando durante meses.
—¿El novio? —preguntó con ternura. Imaginándosela escena de película.
—No. —Negó con la cabeza mientras apretaba sus labios—. Esperanza. El novio solo le cuidó las primeras semanas, después lo llama-ron a filas y se marchó dejándola sola. Ahora, Tomás está muy bien, ya lo has visto. No le han quedado secuelas en el brazo.
—No entiendo. —Frunció el ceño mientras repasaba la historia una y otra vez.
—Su padre le rompió el brazo para que no tocase con esa mano las cosas que no debía tocar —explicó muy seria.
Lina se tomó un momento para encajar toda esa información que sabía de Tomás hasta el momento: Por eso no era capaz de darle una respuesta directa a Sofía.
Se sentía en deuda con Espe, de ahí que tuviese tantos trabajos.
Pero… si había tenido novio, ¿por qué ahora estaba interesado en Sofía?
Pilar veía cómo los pensamientos iban de un lado a otro sin descanso.
Era imposible saber de qué se trataba. Sus dudas se reflejaban en el rostro.
—¿Qué pasa? —preguntó al fin.
—Has dicho que Tomás tenía novio, ¿no? —La miró esperando la confirmación.
—Sí, eso es lo que cuentan —confirmó sin saber a dónde quería llegar.
—No lo entiendo. Si a Tomás le gustan los hombres, ¿por qué ha besado a Sofía en alguna ocasión? Seguía dándole vueltas, sin terminar de entenderlo.
Pilar lo comprendió todo a la perfección.
—Lina, en lo referente al amor las cosas no siempre son blancas o negras. Las personas como nosotras, como Tomás, somos capaces de sentir más allá del exterior. Tal vez le gusten los hombres, y le guste Sofía.
—Yo sería incapaz de estar con un hombre —se defendió.
—De acuerdo. Pero ahí está la belleza. Todas somos diferentes. Amamos a quien amamos, indistintamente de si son mujeres, hombres o lo que quieran ser.
Lina empezaba a entender. Pero aún no lo encajaba todo.
—¿Conoces a Rosa, verdad? —preguntó Pilar.
—Sí, claro, es la camarera del bar.
—La persona que ame a Rosa se puede decir que… ¿ama a una mujer o a un hombre? —Esperó divertida su respuesta.
Cuando Pilar era joven, se relacionaba con personas más afines a ella y a sus gustos. Podía pasar horas y horas hablando con ellas sobre estos temas y otros más abstractos. Siempre había querido descubrir más sobre este mundo oculto ante los ojos de aquellas personas que lo ignoran.
Hablar con Lina le remontó a aquellas conversaciones en los bares donde el intercambio de historias fluía haciendo mucho más ricas y más tolerantes a las personas.
Pilar se divertía con las caras de Lina, no necesitaba preguntar para saber por dónde iban sus pensamientos.
Simplemente esperó a que se aclarase para seguir hablando.
—Claro, es que Rosa quiere ser una mujer, pero su cuerpo es de hombre. —Dio rienda suelta a su razonamiento en voz alta—. Entonces, la persona que se enamore de ella le tiene que gustar las mujeres y los hombres a la vez —dijo algo más convencida.
—No es más fácil que esa persona se enamore de Rosa por dentro y el físico pase a un segundo plano, dejando de ser importante.
—Sí… la verdad es que eso es más fácil. —Cayó en la cuenta.
Pilar se sintió como una maestra instruyendo a su pupila en el mundo de la homosexualidad y sus variantes. Era el turno de que Pilar resolviese sus dudas.
—Bueno… entonces… ¿a ti te gustan dos personas? —preguntó sin mirarla.
—¿Qué? ¿Lo dices por Espe? No, no. Yo amo a Inés —se alteró con la pregunta.
Pilar le hizo un gesto con la mano para que bajase el tono y miró las tumbonas.
Lina la imitó. Había estado tan metida en la conversación que se había olvidado de Inés.
Carlos le estaba dando conversación. Tenían tiempo para seguir hablando.
—No te pongas a la defensiva porque solo es una pregunta —aclaró de forma muy calmada—.
El otro día en el bar, me pareció que os gustabais mutuamente.
Nada más. Como estuvisteis a punto de besaros…
No me pareció verte incómoda. Anoche no dejaste de bailar con Inés.
Entiende que me surja la duda —se justificó sosegadamente.
Lina no contestó. Tenía razón. Ella estaba enamorada de Inés, pero todo lo que le había pasado con Espe… daba a entender otra cosa.
—Sé que nos conocemos desde hace poco. Como tú has dicho: no tienes motivos para confiaren mí. Pero, puedes hablar conmigo sobre este u otros temas cuando quieras.
—Muchas gracias, la verdad es que no tengo muchas personas con las que hablar de… estos temas. En mi entorno no hay muchas personas como yo.
—Seguro que las hay, solo que son más discretas que vosotras — bromeó.
Lina soltó una carcajada, la verdad es que anoche no lo fueron.
Lina se metió en el agua dando la espalda a Inés, se sentía más cómoda si no la miraba.