17 Rou #4
La Elegida seguía caminando por la Dimensión de los Creadores, técnicamente buscando a Morti para aclarar el origen de Odz .
Sin embargo, no es muy prudente vagar solo por esta dimensión, te puedes perder y acabar en sitios que no deberíais ver nunca.
Cuando Júlia decidió anotar sus ideas para preguntar por ellas en otra ocasión y centrarse en encontrar a Morti, advirtió que se había perdido, no tenía la menor idea de dónde estaba, y a su alrededor solo había un dédalo esponjoso y muy traicionero.
Nuestra protagonista desorientada, empezó a preguntar por el paradero de Morti a las almas que iba encontrando, aunque claro está no todas entendían a quién se refería, y las que lo entendían, no sabían cómo encontrarle.
Sintiéndose exasperada por su perpetuo carácter despistado, siguió preguntando sin perder la paciencia, pues no le quedaba otra opción.
Se encontraba hablando con un alma, cuando apareció Guía.
Júlia respiró aliviada, quien mejor que él para mostrarle el camino correcto.
—¡Al fin Júlia! Te estaba buscando ¿Hablando con Timmy? —preguntó Guía señalando al alma que parecía ser de un chico joven.
—No sé cómo se llama, acabamos de empezar a hablar —indicó Júlia.
—Él es el alma de aquel perro que te mostró Zoo, en aquel recuerdo donde viste a Irn por primera vez —explicó Guía.
—¿Eres un perro? —preguntó Júlia dirigiéndose a esa alma.
—¡Claro! Tú también —contestó Timmy. Acto seguido hubo un silencio incómodo. —Mejor voy a seguir mi camino.
—Ha sido muy gracioso veros hablar a los dos —dijo Guía riéndose—. Júlia, ¿buscas a Morti verdad? —preguntó Guía.
—Sí, quiero que me aclare lo que pasó con su hermano, cuando nació Odz —contestó Júlia. Guía se sorprendió.
—Muy bien, yo te acompañaré, debemos buscarle porque es él quien debe devolverte a tu cuerpo.
—¿Ya nos vamos? —preguntó Júlia con renuencia.
—Claro ya tienes los dones por ser la Elegida, a eso hemos venido aquí. —Júlia se estaba poniendo nerviosa y en su rostro se reflejó la incertidumbre—. ¿Algún problema, Júlia?
—No, no, solo que estoy preocupada por lo que pueda pasar cuando regresemos.
—Te aseguro que sabrás exactamente qué hacer. ¡Mira! Allí está Morti.
Júlia se adelantó para interrogarle, le contó que había conocido a Amz y Odz y le pidió con tono amable que le desvelara el misterio que envolvía el nacimiento de Odz .
Morti hizo oídos sordos a sus preguntas y se mostró esquivo.
Guía se acercó y los tres se pusieron en marcha hacia la nube principal de la dimensión.
Con el pretexto de ignorar a Júlia sin ser demasiado grosero con ella, Morti entabló conversación con Guía y sacó a relucir otros temas que podrían suscitar la curiosidad de Júlia y hacerle olvidar el tema de Odz , pero no fue así, durante todo el camino, Júlia no desperdició ninguna ocasión para insistir sobre el origen de Odz , pero Morti no pronunció palabra alguna.
Anduvieron largo rato por la Dimensión, de regreso a la nube en la que aparecieron y desde donde Morti haría regresar a Júlia de vuelta a su cuerpo.
Por el camino se cruzaron con Lanyur , que deseó suerte a la Elegida, o eso entendió ella, pues fue tan ambiguo como siempre.
«Te deseo suerte Júlia, aunque, parafraseando al inmortal Chaplin, yo soy el mejor autor, siempre encuentro el final perfecto» le dijo dejándola con semblante reflexivo.
También se toparon con Bonlur que no le dirigió la palabra a Júlia cuando esta se despidió.
Estaban ya muy cerca de su destino, bajando las primeras escaleras invisibles que Júlia subiera al llegar, cuando las nubes que formaban la sala de llegadas inopinadamente comenzaron a teñirse de negro y un humo extremadamente denso se abrió paso desde el suelo formando una cruz.
Los guerreros meteoro que custodiaban cada uno de los edificios de la Dimensión se pusieron en guardia alrededor de la negruzca humareda y todas las almas que pasaban cerca se apartaron azoradas por lo que podría acontecer.
La alerta se extendió rápidamente y los tres Creadores Superiores no tardaron en llegar.
Tiempo se acercó por la espalda a Guía, Júlia y Morti, que observaban alarmados lo que estaba sucediendo mientras Universo, con su característico gesto malhumorado, se ponía al frente de sus soldados.
Energía llegó junto con Zitrra, ambos acudieron raudos a examinar el problema.
De repente, los tiznes brazos que formaban la cruceta comenzaron a estallar lanzando proyectiles oscuros hacia todas direcciones.
Universo y sus guerreros trataron de contener los ataques, pero muchos meteoros fueron alcanzados por las negras bombas que corrompían sus cuerpos, los cuales se apagaban y caían al suelo rompiéndose en mil pedazos.
Desafortunadamente, muchas de las energías de los seres vivos que por allí paseaban, fueron golpeadas por estos misiles de rou , desvaneciéndose para siempre en la oscuridad.
Nuestra madre luchó contra la oscuridad emitiendo poderosos haces de energía con los que intentó crear una especie de muro de contención que impidiera que la oscuridad contagiara a toda la Dimensión.
Los rayos de uor se arremolinaron alrededor de la cruz oscura y, por un momento, recuperaron el terreno, haciendo rebotar los proyectiles y desintegrándolos en el acto.
Pero la presión era muy violenta. Exhausta por el esfuerzo, pidió ayuda a Zitrra, que avanzó hacia la oscuridad, adoptó una posición de ataque y, cuando todo apuntaba a que iba a hacer frente a la invasión del rou , giró sobre sí mismo y lanzó su ataque hacia nuestra madre, conformando a su alrededor una jaula de oscuridad.
Energía quedó apresada y su escudo de uor se desvaneció.
Nuestra madre no pudo hacer más que mostrar una profunda tristeza y decepción hacia Zitrra, al que no pareció importarle ni lo más mínimo.
Los enconados disparos continuaron mientras los guerreros meteoro que quedaban, junto a Universo, intentaban desviarlos y las almas huían despavoridas a buscar refugio. Tras cientos de disparos, los cuatro magos, los caídos, aparecieron, cada uno en una de las puntas de aquella figura cruciforme.
Sin ofrecer ni un segundo de reacción a Universo, Linstra le lanzó una roca de color azul a los pies que se rompió en el acto, liberando su interior y atrapando a Bonlur en un bucle temporal que le hacía revivir los últimos tres segundos, a los de tu especie os recordaría a un disco rayado en el que suena una y otra vez la misma palabra, como un parpadeo en una imagen de vídeo.
Combusten, envuelto en llamas y Reozin, envuelto en rocas, se encargaron de combatir a los guerreros meteoro que aún quedaban en pie y Justran, con sigilo, aprovechando el caos de la batalla, se escabulló de la entrada de la Dimensión en dirección a la nautgachzlur .
Como ya te conté, Justran sigue conservando parte del brillo de la piel característico de su especie, esto es debido al elevado grado de control de la uor que alcanzó durante toda su vida como mitzrar sanadora.
El caso de Justran es inusual, mientras que sus homólogos han perdido toda pizca de energía en su interior, esta mitzrar aún puede usar la suya a voluntad, por lo que, cuando llegó a la sala de los Inmortales, pudo atravesar las nubes de energía sin dificultad.
Una vez dentro, sin demasiada prisa, alardeando para sí misma por lo sencillo que les había resultado tomar el control de la Dimensión de los Creadores, se dirigió hacia la caja más protegida de toda la sala y empleando tanto su rou como su uor , pulverizó las cadenas que la custodiaban.
La caja se abrió con un estrepitoso golpe y Krotox quedó liberado de su prisión.
Krotox era un gluboniano de estatura media y, como todos los de su especie, su piel tenía cierta tonalidad morada, con un cuerpo fibroso y una cara de no tener muchos amigos.
Lo más destacable de su presencia es su pelo, ya que, haciendo uso de la capacidad maleable del glutz , lo luce como un entramado de tentáculos de un violeta más oscuro que el tono de su piel, como si de una gorgona se tratara, si bien, lo lleva echado hacia atrás como si estuviera repeinado.
Ambos emprendieron el regreso a la entrada de la Bonlur ther Uorzan .
Allí, la batalla contra los oscuros auguraba un terrible final.
Con Universo y Uor fuera de juego y Zitrra en su contra, las fuerzas restantes para contraatacar eran exiguas.
Además, Tiempo tampoco podía hacerles frente, pues decidió que, llegados a ese punto, lo prioritario era proteger a la Elegida.
Así que Lanyur , cuando todo comenzó, hizo uso de un pequeño truco al que él llama; «camuflaje temporal».
Con este efecto, seleccionó un pequeño trozo del espacio y lo llevó a otra dimensión, como resultado, los que están en la realidad no pueden ver a los que están dentro de la ilusión.
De esta forma, Júlia, Guía, Morti y él mismo, quedaron fuera de la vista de los roumitzrar.
—No tenemos mucho yo —indicó Tiempo—. Linstra no tardará en darse cuenta y lanzar esta ilusión en este sitio vuelve muy inestable mi camuflaje. Morti, no puedes sacarla de aquí sin arriesgarte a infectarte de oscuridad ¿Alguna idea para devolver a Júlia?
—Tengo la tiza que me dio Pintura —comentó la chica.