Júlia y los Creadores. Cambiar o Morir 17 Rou #5
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17 Rou #5

—Úsala, pero espera a que yo te de la orden, yo debo ir a liberar a mi hermano. Guía, intenta curar a Zitrra, debe haberse infectado de la oscuridad y tu Morti, protege a Júlia y, llegado el momento, acompáñala y asegúrate de que vuelve a su cuerpo —ordenó Tiempo.

Justo cuando Tiempo terminó de hablar, Linstra se jactó de su artimaña y lanzó un rayo negro hacia ellos, pero Tiempo, muy acertado en sus premoniciones, deshizo rápidamente su camuflaje e hizo aparecer un portal que desterró al rayo a otra dimensión.

Seguidamente deshizo el bucle de Universo, absorbiendo la energía de la lanyurtzra que lo tenía bloqueado, y este movió a Guía cerca de Zitrra.

Ambos hermanos tenían claro que solo él podría recuperarlo.

—¡Zitrra! ¿Qué estás haciendo? Libera a nuestra madre —exclamó Guía.

Zitrra, sin mediar palabras, lanzó un rayo de oscuridad en dirección a Guía, por suerte y por muy poco, este pudo esquivarlo.

Guía trató de llamar su atención, de conectar con el Zitrra verdadero, el mitzrar de luz que domina la oscuridad, pero este parecía estar completamente ausente y no daba cuartel a Guía, seguía atacándole sin cesar.

Afortunadamente, la puntería no era su punto fuerte, por lo que Guía aprovechó un mal lanzamiento para acercarse lo suficiente e interactuar con su alma.

El alma de Zitrra era un caos. El infinito espacio blanco se estaba desmoronando.

Relámpagos negros consumían su uor y pedazos níveos se precipitaban como si se estuviera resquebrajando el techo.

En el ambiente se escuchaban estruendos, como si estuvieran en mitad de una tormenta.

Guía tuvo que cubrirse la cabeza con sus brazos y entornar los ojos para buscar a Zitrra, al que localizó a lo lejos, de pie, mirando en todas direcciones y gritando: «¡sacadme de aquí!

». Sin dejar de protegerse, acudió rápidamente a su encuentro.

—¡Zitrra!

—¡Guía! ¡Menos mal que has venido! ¡Mi alma se está consumiendo!

—¡Ya me he dado cuenta! ¿Qué ha pasado?

—¡El Ghurzlin que capturaste! ¡No estaba vacío! ¡Tenía parte del original! ¡Me atacó y me contagió! ¡No pude mantener el equilibrio!

—¡Fuera se está armando una buena! ¡Has encerrado a nuestra madre en una jaula negra! ¡Tus antiguos compañeros están aquí!

—¡Bendito Mitz ! ¿¡Cómo hemos dejado que pasara!?

—¡No es hora de lamentarse! ¡Debemos arreglar esta situación! ¿¡Cómo te saco!?

—¡Tú no puedes! ¡Esta oscuridad lleva en mí semanas! ¡Se ha hecho muy poderosa! ¡Solo nuestra madre puede contrarrestarla!

—¡Pero tú eres el único que puede liberarla!

—¡Habla con Lanyur ! ¡Buscad a Shikna !

Guía miró profundamente a Zitrra y, perplejo y confundido, se desvaneció de su alma.

Entretanto, en la Dimensión de los Creadores, Combusten, Linstra y Reozin seguían peleando contra Lanyur , cuyos trucos temporales resultaban muy volubles por ser lanzados en una dimensión no supeditada a las leyes del tiempo y el espacio, y contra Bonlur y sus guerreros meteoro, bajo la mirada impotente de nuestra madre, que no lograba zafarse de los barrotes que la encerraban.

Desde lo alto de unas escaleras, con aire victorioso, apareció Justran, acompañada de Krotox.

Los cuatro magos oscuros se reunieron y juntos lanzaron un poderoso flujo de oscuridad hacia las nubes que delimitaban el hogar de los Creadores.

Lenta pero inexorablemente, toda la bóveda de la dimensión se tiñó de negro y unas gigantescas y raquíticas manos aparecieron en el horizonte y se apoyaron en la oscuridad, elevando tras ellas una enorme calavera azabache.

Rou , por primera vez en la historia del cosmos, se adentró en la Bonlur ther Uorzan .

La ofensiva de los magos oscuros cesó y todos ellos, junto a Krotox, lanzaron vítores para celebrar su victoria.

Universo se quedó boquiabierto, y Tiempo observó a Rou con gesto inexpresivo, pero nuestra madre mantuvo una mirada desafiante desde el interior de su cárcel.

Guía, haciendo caso omiso a la oscura presencia, se acercó raudo a Tiempo, debía transmitirle el mensaje de Zitrra por encima de todo.

Tiempo asintió y tocó el hombro de Guía como gesto de agradecimiento, luego volvió su mirada a Universo, que también había escuchado lo acontecido y, sin necesidad de palabras, ambos supieron lo que tenían que hacer.

Los tres se desvanecieron de la Dimensión de los Creadores, lanzando una señal a Júlia y Morti antes de partir.

—¡Júlia, ahora o nunca! —exclamó Morti.

Júlia sacó la tiza que le había regalado Pintura y dibujó una puerta tal y como le había indicado, la puerta se materializó al instante y la Elegida la abrió para esfumarse rápidamente.

Mientras Júlia sobrepasaba el portal, una de las monstruosas manos de Rou intentó agarrarla antes de que se teletransportara, pero ¡gracias a Uor ! no la atrapó a tiempo.

El portal dejó a Júlia y Morti en el punto exacto en el que se encontraba su cuerpo, que ya no estaba en su habitación en casa de sus padres, sino en una cama de hospital.

—Cierra los ojos —dijo Morti a Júlia cogiéndola del brazo.

Morti comprimió el alma de Júlia y la devolvió a su cuerpo, entonces se esfumó y Júlia, bruscamente, abrió los ojos y tomó una amplia bocanada de aire.