16 El continuo Bonlur—Lanyur #5
—Linstra fue una mitzrar que cristalizó el tiempo.
Ella creó las piedras de mí y también confeccionó un reloj real que medía el continuo tiempo, aunque ya no importa, la perturbación que creé lo rompió, no tenemos tiempo para que te explique cómo funcionaba.
—A veces pienso que Lanyur no se da cuenta de sus ironías.
—Venga Tiempo, ¿me estás vacilando? —dijo Júlia alzando una ceja.
—Perdona Júlia, pero, aunque me llames Tiempo, yo no puedo hacer todo lo que quiera, estoy muy limitado.
—Pero ¿Por qué? —preguntó Júlia desconcertada.
—Esa es una buena pregunta —contestó Tiempo mirando a la nada.
—Vamos, que no me vas a responder —comentó Júlia cruzando los brazos con indignación.
—Acompáñame Júlia, sigamos recorriendo el «mar del tiempo» —dijo Lanyur tratando de entonar una voz misteriosa, aunque a Júlia le resultó un tanto irrisorio.
Juntos avanzaron por la sala azul ártico y, como fantasmas atravesando las paredes, se adentraron en la bruma y aparecieron en la sala contigua.
Esta habitación era mucho más amplia que la anterior y el cariz garzo se oscurecía hasta adquirir una tonalidad más viva, de un intenso azul cian.
Allí también había millones de esas cuadrículas luminosas que reproducían imágenes.
—Aquí se muestra lo que podría haber pasado, creo que los humanos lo llamáis universos alternativos —expuso Tiempo.
—Entonces, ¿el multiverso existe? —indagó Júlia con interés.
—Algo así, aunque estas posibilidades que nunca llegaron a suceder están completamente ligadas a las decisiones de los seres vivos.
Una mueca de duda apareció en el semblante de la Elegida.
—No te entiendo —añadió escueta, invitando a Tiempo a que continuara hablando.
—Imagínate una piedra colgada de un acantilado, que va a desprenderse porque la erosión ha ido perfilando su base y la gravedad va a hacer el resto, este suceso ocurrirá, la roca va a caer sí o sí, no hay otra alternativa.
Solo se puede cambiar su destino si un ser vivo toma la decisión de empujarla, lo que conllevaría su caída prematura o también puede sujetarla, lo que evitaría su precipitación.
Alrededor de esa posibilidad circunvalan cientos de caminos, cientos de energías que pueden cambiar la realidad —explicó Lanyur siempre tan sibilino.
—Madre mía, y yo que pensaba que el gluboniano era complicado.
Tiempo sonrió, le hacía gracia la cara de Júlia, tenía los labios apretados y el ceño ligeramente fruncido. Estaba claro que la enfadaba no comprender todo adecuadamente.
—Entender el tiempo es casi imposible, solo yo puedo llegar a entenderme de manera precisa. —Con estas palabras, suavizó el rostro de Júlia.
—Vale, entonces aquí está el pasado. —Júlia se tomó una pausa pensativa—. Que nunca ha pasado.
—¡Eso es!, veo que comprendes lo incomprensible —celebró Tiempo.
—De verdad, a los Creadores se os va la cabeza —dijo Júlia exasperada.
—Realmente no tenemos cabeza. —Júlia hizo un gesto de pereza—. Sigamos a la última estación del «tren temporal». —De nuevo Tiempo quiso conferir un tono dramático a su expresión.
Anduvieron por aquella extensa sala un buen rato, deteniéndose de vez en cuando para observar algunas pantallas que mostraban el mundo en el que vivirías si determinados sucesos no hubiesen ocurrido.
Por ejemplo, en una de las pantallas, una hermosa Valencia acogía con honor el mágico parque temático de Disneyland.
En otra de ellas, la autora J.K. Rowling, cesaba en su empeño por encontrar una editorial que publicara su historia y su primer manuscrito se perdía en el fondo de un cajón.
A Júlia casi le da un patatús cuando lo vio.
Evidentemente también había imágenes sobre guerras y otras catástrofes que habrían sido peores o, también que no habrían sucedido si las decisiones tomadas hubieran sido diferentes, pero no siempre voy a centrarme en lo más trágico.
Incontables universos alternativos se sucedían en aquel lugar bajo la curiosa mirada de Júlia, que no quería perderse detalle alguno.
Un mundo donde Cristóbal Colon y su tripulación no sobrevivían al mal calculado viaje y quedaban a la deriva del océano Atlántico.
Otro en el que la Gran Guerra no llegaba a suceder —este es mi favorito—.
Otro diferente donde los personajes de Los Simpson no eran amarillos y tenían cinco dedos, Júlia se rio en su fuero interno pensando que, con tantos capítulos, cómo era posible que existieran universos alternativos con más opciones distintas, incluso imaginó a Tiempo ejerciendo de guionista gracias a sus pantallas, pues más que una versión alternativa del universo parecía un capítulo más de esa eterna serie.
En otra versión de la realidad, vio a los musulmanes alzarse con la victoria en la batalla de Poitiers y en otra pantalla, vio unas espeluznantes imágenes sobre la pandemia que dejarían al COVID19 real de dulce gatito ronroneante.