16 El continuo Bonlur—Lanyur #4
En aquella cama descansaba Naturaleza que, en consonancia con su ajardinado catre, no lucía sus habituales colores, esos que había visto Júlia en las imágenes del pasado, con su pelo intensamente esmeralda y rebosante de preciosas flores.
En aquel momento, su rostro era macilento y su piel tenía una tonalidad grisácea, enfermiza; sus cabellos, escasos y débiles, parecían plantas marchitas, aunque había ciertas zonas de su forma humana que parecían querer resistir y aún mantenían la vivacidad de sus tonos verdes.
Junto a ella, cogiéndola de la mano, estaba Evolución, que aprovechaba cualquier momento para estar junto a su más querida compañera.
—Na-Na-Naturaleza —tartamudeó Júlia mientras se acercaba lentamente a ella, observándola apenada.
Naturaleza giró la cabeza para encontrarse con los ojos de Júlia y esbozó una débil sonrisa.
—Hola, Júlia, ella es Thrithri , la madre tierra, el origen de la vida de tu planeta —presentó Evolución.
—Hola, Júlia, es un placer conocerte por fin —dijo Naturaleza casi susurrando debido a su delicada salud—. Siento que hayas tenido que venir aquí para hacerte Natura, pero en mi estado no puedo moverme.
La Elegida permanecía inmóvil, con un fuerte nudo en el estómago, Naturaleza estaba realmente mal.
—No digas tonterías —contestó Júlia con los ojos vidriosos—. El placer es mío, que me hayáis permitido visitar vuestro hogar, es un gran honor.
—Querida niña, también lamento profundamente que hayas tenido que involucrarte en todo esto, al final toda la culpa es mía —se disculpó Naturaleza.
—No digas eso —intervino con gesto serio Evolución.
Júlia le miró y asintió, si alguien tenía la culpa de su situación, esa no era ella.
—Evolución tiene razón, tú no tienes la culpa de nada, nos has ofrecido todo tu ser y nosotros, los humanos, no hemos sabido hacerlo bien, no te hemos cuidado como merecías.
Casi no fue capaz de pronunciar esas últimas palabras, Júlia estalló en lágrimas y cayó de rodillas. Naturaleza extendió su mano, enjugó sus lágrimas y le acarició débilmente el pelo para reconfortarla.
—Sea como sea. —Naturaleza tosió fuertemente—. Es hora de concederte los dones que debo darte.
Naturaleza cerró los ojos, volvió a agarrar, con todas las fuerzas que pudo reunir, la mano de Evolución y un ligero destello empezó a fluir por su brazo.
Ondeó por todo él y finalmente se concentró en la mano de Evolución.
En ese momento fue Evolución el que cerró sus ojos y el sutil destello inicial rutiló con más fuerza, iluminando toda aquella estancia.
El resplandor regresó a Naturaleza y ella posó su mano sobre la cabeza de Júlia.
—A partir de ahora serás una Natura y tu nombre será Arhznautvitzlin .
Yo, Thrithri . —Conforme Naturaleza hablaba, su cuerpo brillaba cada vez más, hasta tal punto que Júlia tuvo que entornar sus ojos para poder resistir aquella deslumbrante refulgencia—.
Te concedo el don de comprender a los animales y la capacidad de lograr que ellos te entiendan.
Además, para facilitar tu ayuda a Thautvitzran , te concedo los dones que ostenta la Creadora.
—Tras estas palabras, un mechón de su cabello que lucía una marchita gerbera cayó al suelo y, acto seguido, ella también cayó, rendida de agotamiento.
—¿Está bien? —preguntó Júlia preocupada.
—Supongo que te refieres a este momento —dijo Evolución levantando una ceja—. Sí, tranquila, en su estado, lo que acaba de hacer es agotador. Ahora vete Júlia, deja a Thrithri descansar y ve a conocer a Lanyur , es justo la nube de enfrente, no tiene perdida.
Júlia salió de aquel sombrío lugar, donde Naturaleza yacía moribunda y se dirigió, tremendamente afligida, hacia la siguiente parada de su visita a la Dimensión de los Creadores.
Como le había indicado Evolución, los aposentos de Tiempo estaban frente a los de Naturaleza y enseguida cruzó los muros de algodón, cabizbaja.
Como ya venía siendo costumbre en su nueva vida, volvió a quedar fascinada con el inmenso espacio que se acababa de abrir ante sus ojos.
Todo estaba envuelto en un aura de color azul pálido, proveniente de las miles de imágenes que recorrían las paredes nubosas.
Júlia ya había visto antes esas mágicas televisiones, cuando le mostraron el pasado usando las piedras de Tiempo, pero en este caso, los haces de luz que proyectaban las distintas escenas eran de una tonalidad azul ártico.
Allí parecía no haber nadie, así que Júlia, siempre tan curiosa, decidió acercarse a una de las paredes y examinar algunos de los monitores.
Cuando llegó al primero de ellos, retrocedió asustada y, temblando, se dirigió, a la imagen que tenía a su derecha.
El efecto fue el mismo. Pasó al siguiente y al de al lado y después a otro más, observando perpleja los hechos que mostraban los distintos televisores, la mayoría desastrosos.
La Elegida vio conflictos nucleares, bombardeos, violencia, atracos, todo tipo de acciones nefastas para la humidad y, peor aún, para el planeta entero.
Con el corazón acelerado y el horror reflejado en su rostro, Júlia recorrió el lugar, apresurándose para observar la mayor cantidad de imágenes que le fuera posible y vio, para su consuelo, que en ciertos escenarios había paz, armonía, unidad, y lo que más le gustó, un mundo sin contaminación, sin daño a Naturaleza.
—¿Te has dado cuenta? —dijo una voz por detrás de Júlia.
La Elegida se sobresaltó y se giró rápidamente para descubrir quién le había hablado.
—¡Tiempo! —exclamó Júlia.
—Así me llama tu especie —dijo Tiempo haciendo una ligera reverencia hacia la Elegida.
Ella sonrió y la devolvió la reverencia para después volverse hacia las imágenes que había estado observando.
—¿Esto que veo es el futuro? —preguntó Júlia.
—El futuro, el tiempo, los humanos tenéis una visión muy errónea de mí —pronunció Tiempo con sus típicos esotéricos mensajes.
Júlia puso los ojos en blanco, ya le habían advertido de la peculiar forma que tenía Tiempo para dirigirse a los demás y en tan solo unos segundos frente a él, lo había comprobado.
—Explícate por favor, y evita ser tan misterioso si es posible —rogó Júlia.
—Esto que ves —dijo Tiempo girando sobre sí mismo con una mano extendida para señalar todas las pantallas—, simplemente son posibilidades, millones de posibilidades. Es muy complicado vislumbrar lo que realmente pasará, incluso para mí.
Creo que fue una de las pocas veces en las que Lanyur expresó algo con claridad. Júlia asintió pensativa antes de continuar.
—¿Y cómo puedes llegar a verlo? Como, por ejemplo, cuando predices los actos de Guerra.
—En ocasiones ciertos futuros son inevitables, se ven claros como una roca pulida bajo un cristalino río, la bruma se despeja y veo claramente qué va a pasar en la realidad. Incluso los humanos podéis predecir ciertos aspectos —explicó Tiempo.
—Si te refieres a los meteorólogos, muchas veces se equivocan. —Tiempo se rio discretamente.
—Hay muchas cosas que no entiendo de la percepción que los humanos tenéis de mí.
— Lanyur empezó a enumerar cuestiones—. Como que llaméis Edad Media a una época que, ni de lejos, está en el medio.
Otros hechos me confunden, como vuestros husos horarios, algunas personas creen realmente que en ciertas zonas del mundo están en el pasado o en el futuro, ¿no soy igual para todo el universo?
Y después hay cosas que no comparto, no sabes lo avergonzado que se mostró el Inmortal Albert Einstein cuando me conoció —comentó Tiempo.
Júlia se sobresaltó al escuchar ese último dato sobre Einstein y rápidamente preguntó con gesto de sorpresa:
—¿Qué me estás diciendo? ¿que la relatividad está mal?
—No he querido decir eso. —Tiempo sacudió su cabeza de un lado al otro y sonrió a la Elegida antes de proseguir—.
Como dijo el también Inmortal literato Mario Benedetti: — Lanyur fijó su vista en ningún lugar y confirió a su voz un tono intrigante—.
Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo.
—Júlia enarcó una ceja—. Solo digo —añadió Lanyur , volviendo a posar sus ojos de nuevo en Júlia—, que la idea que tenéis del tiempo, de mí, es errónea.
Júlia llevó su mano izquierda sobre su barbilla y, de nuevo, se quedó pensativa analizando las palabras de Tiempo.
—Y… entonces… ¿Qué eres tú? —curioseó Júlia.
Tiempo adoptó la postura típica para declamar.
—El tiempo que no existe; Y todos necesitan; Quien todo lo dice; Pero pocos descifran…
—¡Ese es el poema que Karnaut escribió sobre ti! —exclamó Júlia cuando reconoció las palabras que estaba entonando Tiempo.
Lanyur enarcó las cejas y asintió con vehemencia porque le sorprendió que la Elegida conociera aquella poesía. Después, decidió intentar responder a su pregunta de la forma más clara que pudiera.
—He tenido muchos nombres, quintaesencia, éter, cuarta dimensión, energía oscura, aunque no tenga nada que ver con Rou . Incluso algunos me tachan de ilusión.
—No me dejas nada claro —contestó Júlia un tanto desesperada.
—Yo estoy en todo, lo toco todo y lo cambio todo.
Albergo las decisiones, los sucesos que pasaron, que podrían haber pasado y los que pueden pasar, soy la fuerza que mueve el cosmos, lo que hace cambiar el presente.
Junto a mi hermano, formamos eso que llamáis espacio-tiempo, aunque no es continuo.
Una vez lo perturbé, supongo que ya sabrás cuándo, lo que hizo que el reloj mitzrariano se quebrara.
—No me estoy enterando de nada…
La mente de nuestra protagonista empezaba a sobrecalentarse, a medida que Tiempo trataba de resolver sus dudas, le provocaba muchas más. Iba a preguntarle algo cuando Tiempo continuó hablando.