15 A todos nos llega la hora #4
—Claro, me encanta, tengo muchos objetos mágicos y varitas —dijo Júlia con una enorme sonrisa.
—Pues es algo parecido a un…, ¿cómo era?
¡Horrocrux! —exclamó Guía dando un chasquido.
Con el grito de Guía se oyó un colectivo «shhh» por toda la sala.
Guía levantó la mano a media altura para pedir disculpas y luego bajó la voz y volvió a dirigirse a Júlia—.
Bien, ¿te suena ese término? —continuó Guía.
—Sí, es un objeto donde alguien guarda un trozo de su alma para conseguir la inmortalidad, pero para fragmentar el alma hay que matar. ¿Eso pasa de verdad? —dijo Júlia mostrando orgullosa su lado más friki.
—Más o menos. No es que se rompa el alma técnicamente, Destino lo ha dicho más bien por protocolo, no por verdad.
Pero pasa más o menos así, realmente se pudre y se oscurece, y se vuelve como un tumor que puede crecer por sí solo.
En Harry Potter… —Guía se inclinó hacia Júlia y cubriendo su boca susurró—: Quien-no-debe-ser-nombrado —ambos se rieron—.
Mata para dividir su alma, pero en la realidad el alma no se rompe, sino que se necrosa, y no solo actos como matar pueden hacerlo.
No adelantemos acontecimientos, que va a empezar otro juicio.
—¡Atención! ¡El juicio va a empezar! —exclamó Vinz que había vuelto mientras Júlia y Guía hablaban.
A través del muro de cumulonimbos posterior, una chica entró en la sala escoltada por dos parcas y cruzaron todo el pasillo central hasta llegar frente a Destino. La mujer parecía asustada y confundida, caminaba con dificultad y cuando llegó al pie del estrado, se cayó de rodillas.
—¡Ayudadla a levantarse! —ordenó Destino a las parcas—. ¿Cómo te llamas?
—Soy, soy… —Solo un ligero hilo de voz salió de su boca, luego elevó sus pupilas y se mantuvo unos segundos con la mirada perdida en algún lugar de su mente. Intentaba recordar su nombre.
—Eleanor, ¿Eleanor? —dijo Destino a la chica que parecía estar en trance. Ella salió de la abstracción y respondió desorientada:
—¿Cómo sabe mi nombre? Si me lo acaba de preguntar —indagó perpleja la chica, con el ceño fruncido.
—Vaya, veo que no debo preocuparme —respiró aliviado Destino que seguía escribiendo.
—¿Por qué debería Destino preocuparse? —susurró Júlia.
—Verás, algunas almas llegan aquí muy confundidas, imagínate el trauma que supone morirse. El caso es que estas almas confusas no llegan del todo sanas —reveló Guía—. Pero, Júlia, aguarda, no pierdas detalle de este juicio.
Mientras tanto, Destino había ordenado que ayudaran a Eleanor a sentarse, pues seguía mostrando debilidad, no había sido capaz de subir al atril del juzgado y las parcas seguían sujetándola por las axilas. Ella asintió a Destino como gesto de agradecimiento y se sentó.
—Bien, Eleanor, voy a ir directo al grano. Estás muerta —habló sin tapujos Destino.
—Ya me imagino, la caída no fue muy agradable —coincidió Eleanor.
—¿Otra suicida? —susurró de nuevo Júlia.
—Espera —insistió Guía.
—Entonces, ¿recuerdas el momento de tu muerte? —interrogó Destino.
—Sí, estaba haciendo alpinismo con un par de amigas y en un tramo de mucha pendiente uno de los eslabones se soltó y las tres quedamos suspendidas en el aire, sujetas por la cuerda de seguridad de la cabeza del grupo.
Por el roce de las rocas afiladas, la cuerda se empezó a rasgar por encima de la compañera que iba delante de mí y entonces lo vi claro: la cuerda no iba a soportar el peso de ambas, era o yo o las dos.
—Increíble hazaña Eleanor. —Toda la sala se puso en pie y empezó a aplaudir.
—¿No te parece un acto increíble? —apuntó Guía con una sonrisa.
—¡Claro! Qué valiente —dijo Júlia emocionada mirando hacia todos los que aplaudían.
—¡Orden, orden! —exclamó Destino golpeando el mazo—. Zitrra, Morti, adelante por favor.
Como impulsados por un resorte, estos se levantaron simultáneamente, rodearon la mesa del jurado en la que se encontraban y juntos se dirigieron hacia Eleanor. Mientras tanto, Destino continuó hablando.
—Eleanor, no veo nada grave en tu vida que pueda suponer una amenaza, sin embargo, tu actitud egocéntrica durante tus últimos catorce años me preocupa un poco. Seguramente el acto que provocó tu muerte te pueda salvar ahora. ¡Comprobémoslo! —concluyó Destino.
Acto seguido, Zitrra y Morti, que ya se encontraban frente a la chica esperando las órdenes de Destino, alargaron sus brazos e introdujeron las manos en el cuerpo de Eleanor. Unos segundos después, ambos las retiraron y se dieron la vuelta, mostrando lo que sostenían a Destino.
Morti portaba en una mano una gran bola verde que desprendía un vapor glauco que se deslizaba hasta el suelo y se expandía, asemejándose al efecto del nitrógeno líquido al evaporarse.
Por otra parte, Zitrra mostró una esfera negra que sujetaba entre sus dos manos.
Esta era mucho más pequeña que la bola verde, pero centelleaba con violencia y despedía rayos oscuros que chocaban en los dedos de Zitrra.
—A tu derecha —dijo Destino señalando con la mano a Morti—, está tu luz, tu energía pura, tu bien. A tu izquierda —dijo ahora dirigiéndose a Zitrra—, está tu oscuridad, tu energía corrupta, tu mal. ¡Acercaos! —ordenó Destino con un gesto.
Morti y Zitrra se aproximaron al estrado con las dos esferas y se detuvieron enfrente del juez.
Destino, mientras los dos miembros del jurado se acercaban, se agachó perdiéndose detrás de su escritorio y, tras un breve instante, volvió a incorporarse portando en su mano una especie de balanza dorada.
Aquel objeto era sumamente brillante, no era simplemente un instrumento de medida teñido del color del oro, sino que daba la sensación de que refulgía y emana algún tipo de energía; a Júlia ese brillo le recordó a los primeros instantes en los que conoció a nuestra madre en el interior de su alma.
En un pequeño rótulo que encabezaba la balanza, había unos símbolos extraños en los que se podía leer, si sabías leer gluboniano: Uorperkt .
—¿Qué significan esos símbolos? —preguntó Júlia.
—Es gluboniano, significa «El martillo de las almas».
—¿El martillo? —preguntó con gesto de incomprensión—. ¿Por qué el martillo? Si es una báscula.
—El martillo es una herramienta bastante útil, los vikingos tenían al martillo como un arma, pero también como herramienta y además era el símbolo de Thor, que empuñaba uno —narró Guía.
—Sí, el Mjölnir —añadió Júlia.
—Exacto. La ideología de los Creadores es bastante parecida.
El martillo puede ser usado para construir y para destruir, es una metáfora en forma de herramienta.
La balanza determina el sino de todas las almas, algunas las construye, las mejora, las hace crecer, pero en otras ocasiones… ya puedes imaginar lo que pasa.
—Me recuerda al juicio de Osiris —señaló Júlia.
—O al de Iama, en la mitología hindú —zanjó Guía.
Destino depositó aquel poderoso instrumento sobre su escritorio e invitó a Morti y Zitrra a que procedieran.
La Muerte y el roumitzrar, como si siguieran los pasos de una coreografía bien ensayada, alzaron las esferas y las colocaron simultáneamente en cada uno de los platillos.
Cuando las soltaron, la balanza comenzó a inclinarse de un lado a otro, buscando el equilibrio.
Como ya se sospechaba, la esfera verde fue más pesada y la báscula detuvo su oscilación con el plato que la contenía más bajo que el otro, donde se había colocado la esfera negra.
Zitrra recogió de nuevo aquella bola de oscuridad y la guardó en una caja que extrajo de su túnica y que también tenía grabados esos símbolos que adornaban su bata.
—Muy bien —dijo Destino juntando las manos—. Eleanor tu sacrificio fue lo bastante puro como para doblar tu luz. El resultado es propicio y la sentencia se inclina a tu favor —concluyó Destino golpeando su mazo.
—Ven conmigo —dijo Vinz tendiéndole la mano.
—¿Otra vez se la lleva Vinz? —preguntó Júlia.
—Por supuesto, es el encargado de guiar a las almas, sea cual sea su destino.
—Entonces, ahora ¿dónde llevan a Eleanor? —indagó Júlia.
—No te preocupes, ahora Vinz la llevará a una sala donde podrá ver su presente. —Guía se quedó pensativo—, que en realidad ya ha pasado. Quiero decir, que verá cómo está su familia, sus amigos, verá su funeral. Por último, tendrá que decidir su futuro.
—¿Y qué opciones tiene? —intentó sonsacarle a Guía.
—Yo me tengo que ir Júlia, tienes que hablar con varios Creadores, así que intenta ser extrovertida. —Guía se desvaneció.
—¡Guía! ¿¡Pero a dónde vas?! —gritó Júlia confundida y asustada por verse repentinamente sola en aquella desconocida dimensión.
Comenzó a girarse de un lado a otro inquieta, intentando encontrar a Guía, pero allí solo había seres extraños que la miraban con desconfianza.
Tras unos segundos de incertidumbre en los que los nervios comenzaban a invadirla, Júlia cerró los ojos y respiró hondo para tranquilizarse.
«Eres la Elegida, eres la Elegida» se repetía susurrándose a sí misma.
De pronto, intuyó una presencia a sus espaldas, se puso tensa y, cuando se disponía a girarse, una inmensa mano le tocó el hombro izquierdo. Era Bonlur , que con su característica voz profunda y una sonrisa casi diabólica le dijo:
«¡Ya eres toda mía!».