15 A todos nos llega la hora #3
—Ellos son subordinados de Bonlur , los llaman guerreros meteoro, rentzbonlur , rentz significa «defensa» y custodian esta dimensión y todo el universo cuando es necesario —explicó Guía—. Será mejor que no les mires a los ojos.
—¿Por qué les llaman guerreros meteoro? —preguntó Júlia.
—Normalmente no salen de esta dimensión, pero durante la Gran Guerra aparecieron en la Tierra y llegaron a través de meteoritos —aclaró Guía.
Torcieron a la derecha al final de aquel largo corredor y comenzaron a ascender de nuevo por una escalinata que, a medida que subía, giraba sobre sí misma, era una escalera de caracol y Júlia lo advirtió cuando llevaban un par de vueltas y empezaba a marearse.
Por suerte, este rotatorio camino no fue demasiado largo y pronto llegaron al final de los escalones donde una figura ruda, gigante y musculosa les cortó el paso.
No tenía pelo, pero sí una espesa barba oscura y portaba una armadura parecida a la de los guerreros meteoro, aunque mucho más elaborada, temible y de color verde. Se trataba de Universo.
—Vaya, vaya, por fin ha llegado la famosa Júlia —pronunció en tono sarcástico. Su voz era firme, muy grave y poderosa, como si pudiera destruir un edificio con una sola palabra.
—Te presento a Bonlur , tú lo conoces como Universo —dijo Guía.
—Encantada de conocerle —dijo Júlia. Quiso saludar a Bonlur de forma adecuada, pero se aturulló con su inopinada aparición y se quedó a medio camino entre una reverencia y un saludo con la mano. Guía rio por lo bajo.
La pobre chica no era capaz de mirarle a los ojos, la mera presencia de Bonlur le imponía un fuerte respeto y la inmensidad de su cuerpo le infundía temor.
Aquel creador debía medir aproximadamente tres metros de altura, sobrepasando por más de un metro la estatura de Júlia y, además, su espalda era tremendamente ancha.
Universo no añadió nada más, dedicó una mirada de asco a Júlia, se dio media vuelta y atravesó una pared, desvaneciéndose entre la bruma de esos curiosos edificios.
Guía continuó la marcha por un estrecho corredor y comenzó a ascender una escalinata más.
Júlia, que se había quedado petrificada por el encuentro tan fortuito y nada agradable con Universo, tardó en reaccionar unos segundos y luego se apresuró a seguirle.
Tras subir un par de niveles, Guía se detuvo frente a un esponjoso muro.
—Ya hemos llegado, esta es la primera parada de este viaje, ¿te acuerdas del preso que se llevó Morti?
—Júlia asintió—. Bien, pues vamos a ir a su juicio, vamos a entrar en la sala de Destino, mi hermano, eso sí, debes permanecer callada —ordenó Guía poniéndose el dedo en la boca.
Acto seguido, comenzó a atravesar las nubes.
—¡Guía! Antes de entrar, me gustaría preguntarte algo —cesó Júlia su marcha agarrándole el brazo.
—Por supuesto, ¿qué quieres saber? —preguntó Guía.
—Esta dimensión, ¿es el lugar donde van a parar todas las almas de todos los habitantes del universo? —Durante su paseo por la Dimensión de los Creadores, Júlia se había cruzado con varias almas, pero solo humanas, lo que le resultó confuso.
—Sí, claro, pero eso ya lo sabías ¿no? —dijo Guía extrañado.
—Sí, sí, lo que te quiero preguntar es, ¿por qué solo veo a humanos?
—¡Ah!, claro, eso no te lo he comentado.
Las almas que llegan a esta dimensión identifican al resto de almas como de su misma especie, es decir, tú que eres humana, verás a todas las almas como humanas.
Mira esa de ahí —exclamó Guía señalando a una de las almas—.
Es un nacasiano, esbeltas personas de fuego, y aquella de allí —exclamó de nuevo señalando a otro lado—, es el alma de una cebra, pero tú la ves como un humano.
—¿Y tú sí que ves cómo son en realidad? —preguntó Júlia sorprendida.
—Claro, los Creadores somos los únicos que pueden ver las almas como realmente son—. Venga vamos a entrar —concluyó Guía.
Ambos se adentraron en las nubes. Cuando aparecieron al otro lado de la neblina, se encontraban en una sala rectangular, toda blanca y con el mismo suelo de mármol que lucía la entrada a la Dimensión.
Varias filas de bancos estaban dispuestas ordenadamente por todo el espacio, orientadas hacia un extremo, donde un robusto y elevado escritorio presidía aquel tribunal.
Formando un ángulo de noventa grados con él, la mesa del jurado completaba aquel lugar, similar a cualquier sala de juicios de la Tierra, solo que con el mobiliario más mullido y algodonoso.
Sentado en lo alto del estrado se encontraba Destino, el juez, literalmente El juez.
Vestía una toga negra y una de las pelucas blanca típicas de los magistrados, aunque en su caso, no era una peluca.
Del mismo modo que ocurre con las almas, en esta dimensión los humanos ven a los Creadores con sus formas humanoides, por lo que Júlia conoció a un Destino anciano, con porte encorvado y mirada cansada.
Bajo los escalones que separaban la tribuna del resto de la sala, había una plataforma circular semicerrada por una valla, donde un alma se disponía a recibir su sentencia. Se trataba de aquel preso al que habían ido a visitar Guía y Júlia tras su suicidio.
—¡Atención! ¡El juicio va a comenzar! —exclamó un «hombre» que estaba sentado en la esquina del banco del jurado.
—Guía ¿quién es el que ha hablado? —musitó Júlia.
—Es Vinz, para que me entiendas, la parca líder —le contestó Guía también susurrando.
Quizás conozcas esta palabra, parca, un ser mítico del que se decía que acompañaba a la muerte.
Lo cierto es que algunas leyendas, curiosamente extendidas por todo el mundo sobre esta criatura, son ciertas.
En muchas mitologías, obras populares e incluso religiones, se habla de las ayudantes de la muerte o directamente se les otorga tal título.
En el jurado había tres individuos. Al primero de ellos lo acabas de conocer, la parca jefa, aunque Vinz prefiere ser llamado director de Asuntos Mortales y Procesos Mortuorios, o AMPROM.
Vinz es muy pretencioso y organizativo, parece un humano en ese aspecto, de hecho, solo él llama así a su responsabilidad.
Al segundo componente del jurado también lo conoces, es Ylgzth , Morti y el tercero y último miembro es Zitrra, el mitzrar oscuro.
—Después esta Morti, pero… ¿quién es el tercero? — señaló Júlia.
—Ese es Zitrra, un mitzrar , pero este es… bastante especial —susurró Guía haciendo una pausa dramática.
—He oído hablar de él —contestó Júlia.
Zitrra era como una persona de edad avanzada con una gran envergadura.
Recuerda que los mitzrar son unos seres que se asemejan mucho a los humanos en el aspecto.
Su pelo era sumamente oscuro, reflejo de su control sobre el rou , pero un mechón blanco rompía la perfección del negro, como si sufriera poliosis, manteniendo el tono natural de su cabello.
Vestía una túnica de colores oscuros engalanada con estampados de símbolos extraños.
—¿Por qué es tan… especial? —curioseó Júlia.
—Es el único mitzrar que ha controlado el rou sin llegar a corromperse. Es un roumitzrar, un mago oscuro. Silencio, va a empezar el juicio.
Júlia fijó la vista en el estrado y aparcó por un rato sus dudas.
—Bienvenido humano, te puedes sentar —indicó Destino moviendo su mano derecha hacia la silla que había tras el condenado—. ¿Cómo te llamas?
—So-so-soy Inov —dijo el preso asustado. Tratando de serenarse antes de continuar, respiró hondo, tragó saliva y añadió: «aunque mis amigos me llaman Abismo».
—Bien —dijo Destino escribiendo algo, acto seguido miró hacia Inov con gesto burlesco antes de continuar—. Abismo. —Se oyó una carcajada, era Morti, parece ser que le hizo gracia su nombre—. Morti, por favor. — reprobó Destino.
—Perdón, perdón —se disculpó Morti entre risas.
—Inov, ¿sabes lo que has hecho? —preguntó Destino en tono calmado.
—Si, señoría —dijo Inov mirando al suelo.
—Llámame Destino —interrumpió.
—Perdón… Destino. Me colgué de una cuerda en mi celda y creo que he muerto —declaró Inov mirando la sala.
—Estás en lo cierto —corroboró Destino—. Esto es un suicidio Inov y lamentablemente has perdido la mitad de tu alma —dijo con gesto serio.
—¿Qué? —exclamó Inov con gesto de preocupación.
—Por lo común, las almas pueden escoger su futuro. En tu caso no será posible. Los suicidas no sois bien recibidos aquí. Os podéis descontrolar, es peligroso para todos.
—¿Entonces? ¿Qué va a pasarme? —interpeló Inov atemorizado.
—Suicidarse es una aberración. En tu planeta la mayoría de las religiones, éticas y/o morales están de acuerdo en este aspecto. Saben que está mal tal dislate, pero no tienen claro el motivo.
—Lo siento mucho, no podía más —se excusó Inov entre lágrimas.
—Más lo siento yo, pero no tengo elección y tú tampoco. Irás al centro de almas rotas con Vinz y allí estarás hasta que te cures. —Cuando terminó de hablar, Destino levantó el mazo y golpeó la mesa.
—¿Qué? —dijo Inov con cara de asustado. Tras la sentencia, Vinz se levantó, miró a Inov con gesto decepcionado y volando se lo llevó hacia su destino. Mientras ascendían, Inov gritó desesperado.
—¿Qué es ese sitio? ¿Cuánto tiempo estaré allí? —la intensidad de su voz disminuía conforme se alejaban.
—Ya lo verás —respondió Destino alzando la vista para mirarle a los ojos.
La sala se sumió en un silencio ahogado cuando Vinz e Inov desaparecieron, dejando tras ellos el eco de la desesperación de Inov. El tribunal y los asistentes quedaron quietos a la espera de que la parca líder regresara para dar comienzo a un nuevo juicio.
—¿Qué ha pasado aquí Guía? —exigió Júlia una res-puesta en voz baja para no perturbar la calma del lugar.
—Ha habido una sentencia e Inov tiene que cumplirla —esclareció Guía.
—No lo entiendo, ¿cómo que su alma está rota? ¿Y qué es ese centro?
—Mmm, ¿cómo te lo explico? —dijo Guía llevándose las manos al mentón con gesto pensativo—. ¡Ya se! ¿Has leído o visto la historia del joven mago, Harry Potter?