Júlia y los Creadores. Cambiar o Morir 15 A todos nos llega la hora #2
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15 A todos nos llega la hora #2

—¿¡Qué hacéis aquí!? —La voz provenía de la puerta, una figura esbelta y apuesta se encontraba allí, vestía con traje y mocasines, todo ello de color blanco, su piel era oscura y su cabello negro como el hollín.

Tenía un rostro un tanto escuálido y lucía una cicatriz que le cubría la parte derecha de su cara. Se trataba de Muerte.

—Morti, por fin llegaste —expresó Guía con una gran sonrisa y con los brazos abiertos. Te recuerdo que el nombre Morti es un apelativo cariñoso que le puso Karnaut porque su verdadero nombre gluboniano, Ylgzth , no había ser que lo pronunciara—. Ya creía que no ibas a venir —siguió hablando Guía.

—¿Cómo supiste que vendría yo y no uno de mis subordinados? —interrogó Morti a Guía.

La voz de Morti era cavernosa y sonaba parsimoniosa y desganada, completamente al contrario que su personalidad.

Paradójicamente, Muerte es un tremendo vivaracho al que le encanta practicar deportes de riesgo; y no te hablo de los que hay en la Tierra, esos más bien le aburren.

A Morti le gusta conseguir escamas de fuego de cocodrilos nacasianos, ver de cerca las supernovas e incluso deslizarse por las montañas de glutz de Glubón .

—Bueno, tengo mis métodos —contestó Guía.

—¿Quién eres tú? —preguntó Júlia.

—Soy Morti, la Muerte —intentó intimidar Morti a Júlia agravando más su voz si eso era posible.

—Yo Júlia, la Elegida —imitó Júlia el tono de Morti burlándose. Guía se quedó atónito ante la osadía de la Elegida, pero Morti hizo una mueca donde se podría intuir media sonrisa, al parecer le gustó el atrevimiento—. No eres como te imaginaba —añadió Júlia.

—¿Y qué te imaginabas? ¿Que llevaría una toga negra y rota y que mi cuerpo sería un esqueleto viviente y que llevaría una gran guadaña? —preguntó Morti en tono burlesco.

—Si sirve de algo, yo me alegro de que no seas así —dijo el espíritu del hombre muerto.

—¡Calla, suicida! ¡Ahora estaré contigo! —gritó Morti—. Guía, tengo que llevarme el alma, ¿necesitas algo?

—Ya que lo preguntas… —dijo Guía tratando de disimular que aquel encuentro era totalmente fortuito—. Sí que necesito algo de ti. Tengo que llevar a Júlia a la Bonlur ther Uorzan —indicó Guía.

A medida que Guía hablaba, el alma del hombre que se había suicidado, nerviosa por las últimas palabras de Morti, dio media vuelta y salió de su celda atravesando la pared que lindaba con el exterior.

—¡Venga ya! —dijo Morti con un gesto de pereza—. ¿Por qué se van siempre? Si no saben qué les va a pasar.

—¿Has pensado que tienen miedo justamente por eso? —le contestó Guía.

—Puede ser. Ahora vuelvo, no os mováis de aquí —dijo Morti yéndose hacia la pared por donde había escapado el hombre.

Asomó su cabeza a través de la pared y vio como el alma de aquel hombre se precipitaba hacia la calle gritando. Morti suspiró resignado y, acto seguido, se lanzó tras él y enseguida le alcanzó. Cuando lo atrapó, cesó la caída y comenzó a ascender.

—¿Acaso me tienes miedo? —preguntó Morti mientras se elevaban hacia la celda.

—Bueno, eres la muerte, algo de miedo te tengo — dijo el hombre mirando nervioso para todos los lados.

—¿Tanto me temes que no puedes ni mirarme a los ojos? —preguntó Morti con gesto de asombro.

—Mmm… Sí, no sé qué me vas a hacer —musitó el alma con voz temblorosa.

—Vaya, Guía de nuevo tiene razón, siempre tiene razón —dijo Morti con tono de conformidad.

Ambos llegaron a la celda, atravesando nuevamente la pared por la que habían salido, allí seguían Júlia y Guía expectantes. Morti alzó la mano, luego levantó el dedo índice y dijo con una sonrisa:

—Vuelvo en seguida. —Cuando Morti acabó de hablar, él y el alma desaparecieron y al cabo de un segundo reapareció Morti.

—Muy bien, ¿cómo lo hacemos? —dijo Morti frotándose las manos.

—Primero hay que volver a casa de Júlia —dijo Guía mientras abría otro portal. Júlia le miró confusa.

—¿Por qué a mi casa? ¿Por qué no a la Hermandad?

—Supongo que te habrán explicado que tu tarea será presentarnos al mundo, ¿verdad? —respondió Guía.

—Sí… —confirmó Júlia insegura.

—Tu familia es la mejor opción para empezar — explicó Guía.

Los tres juntos entraron en el portal y aparecieron en casa de nuestra protagonista, directamente en su antigua habitación.

Sin permitirle unos minutos de nostalgia a Júlia, Morti introdujo bruscamente su mano en la barriga de la muchacha, causándole un gran dolor y un agudo grito.

Cuando extrajo su mano, con ella venía el alma de la Elegida que se quedó perpleja mirándose a sí misma.

Observó cómo su cuerpo se desmayaba y Guía rápidamente lo sujetaba y lo tendía en su cama.

Con Morti como transporte, los tres se desvanecieron envueltos en una luz brillante, dejando atrás el cuerpo inerte de Júlia.

En el preciso instante en que aquello acontecía, los padres de Júlia, que estaban en casa, escuchaban un fuerte alarido en la habitación, supuestamente vacía, de su hija.

Ambos se miraron asustados cuando reconocieron su voz y apresuradamente se dirigieron hacia su habitación.

—¿Júlia? —preguntó nervioso su padre mientras abría despacio la puerta del dormitorio.

Al no recibir respuesta, empujó la puerta y ambos descubrieron a su hija tumbada en la cama—.

¡Júlia! ¿¡Qué haces aquí!? ¡Júlia! —exclamó preocupado su padre agitando el hombro de su hija en un intento de despertarla.

—¿Por qué no se despierta? —demandó su madre nerviosa entre lágrimas.

—No lo sé —contestó su padre mientras le tomaba el pulso—. Su corazón late —dijo en tanto que le ponía el dedo índice bajo la nariz de Júlia—. También respira, llama a una ambulancia.

De pronto Júlia se vio rodeada de nubes.

Estaba en una especie de estancia áurea, muy pura, con sus paredes y techo formados por esponjosas nubes, que parecían estar siendo atravesadas por dorados rayos de Sol —aunque su color se debe realmente a que son cúmulos de energía—.

El suelo marmolado, de apariencia cristalina, era más blanquecino y estaba sutilmente veteado de dorado.

Aquel lugar estaba decorado como si se tratase de la recepción de un hotel, con un gran mostrador y varios sillones constituidos también por mullidas nubes.

En los pocos minutos que la Elegida estuvo allí, en la entrada a la Dimensión de los Creadores, llegaron a ese mismo lugar cientos de almas que aparecían súbitamente, envueltos en brillantes rayos que iluminaban las nubosas paredes con colores vivos.

Unas de verde, otras de azul y algunas de amarillo.

Como Júlia disfrutaba de un acceso privilegiado a aquella dimensión, acompañada de Guía y Morti, no tuvo que pasar por el registro oficial y juntos se dirigieron a la única salida, una gran puerta doble, tremendamente ornamentada, donde las nubes se disponían formando barrotes con intrincados diseños.

Irónicamente, el neblinoso portón no se abría, sino que se atravesaba.

Cuando Júlia apareció al otro lado, flipó en colores, como decís vosotros, y eso que aquel lugar era mayormente de tonalidades ocres.

Frente a Júlia se alzó una especie de etérea ciudad, construida enteramente por nubes, envuelta por un cielo ligeramente dorado, flotando suavemente como un barco a la deriva.

Distribuidas en varias alturas, como formando estratos, había distintas formaciones nubosas, imponentes cumulonimbos, otros más pequeños, algunos que se extendían en vertical, otros tantos en horizontal, pero todos ellos podían intuirse como bocetos de edificaciones.

A primera vista, estas esponjosas construcciones parecían ser islas independientes, pero, en realidad, estaban interconectadas por infinitas escaleras y largos pasillos que solo aparecían cuando se transitaba por ellos.

Por entre las nubes de energía, haces de luz resplandecían con los tres colores pertenecientes a los Creadores Superiores, iluminando los muros nubosos, como siguiendo la cadencia de un silencioso compás.

Observando detenidamente los abstractos edificios, Júlia se percató de que todos ellos estaban custodiados por una pareja de, llamémosles guardias, que lucían unas armaduras oscuras, con una textura que recordaba a las rocas y detalles rojos que fluían dando la sensación de ser lava.

A sus espaldas, entrecruzadas, portaban dos grandes hachas a juego con la armadura.

—Bienvenida a la dimensión de los Creadores —dijo Guía alzando los brazos al aire.

—Yo me tengo que ir, debo seguir con mi tarea —se despidió Morti mientras cruzaba nuevamente la puerta.

—Vamos, hay mucho que tienes que ver en este sitio —dijo Guía dirigiéndose hacia las escaleras invisibles.

—Una cosa, Guía, antes de seguir, ¿cómo pudiste entrar a mi cuarto? —preguntó Júlia.

—Muy fácil, yo fui creado para guiar a los seres vivos por el camino de la luz, no hay maldad en mi esencia, puedo hacer que cualquiera haga lo que yo desee, pero siempre para alejarlos de la oscuridad, siempre con buenas intenciones y las piedras de Bonlur lo detectaron —explicó Guía.

—Súper fácil… —dijo en modo irónico Júlia, Guía sonrió al ver el rostro de incredulidad de la Elegida.

Llegaron al pie de las escaleras, Guía comenzó a subir con confianza, pero cada vez que pisaba un escalón, el anterior desaparecía. Júlia se quedó momentáneamente paralizada por el miedo de mirar hacia abajo y no ver más que una especie de cielo infinito que les rodeaba por todas partes.

—Vamos Júlia, verás como te acostumbras enseguida y pronto caminarás como si el suelo no desapareciera —la animó Guía.

Hicieron falta unos cuantos pasos hasta que Júlia comenzó a andar con más naturalidad y, en pocos minutos, la Elegida se olvidó de los escalones invisibles y volvió a centrar la mirada en el paisaje que la rodeaba.

Atravesando un pasillo entre dos grandes cúmulos, Júlia no pudo evitar mirar a los guardias que velaban sus entradas.