Júlia y los Creadores. Cambiar o Morir 14 Los caídos #5
78%

14 Los caídos #5

Esta se apartó del camino de Júlia y la Elegida pudo contemplar el lugar de la fiesta.

Aquella sala era como una amplia discoteca del estilo de los años ochenta de la Tierra, con una gran pista de baile en el centro, compuesta de baldosas luminosas que parpadeaban al compás de la música.

Sobre ella, una gran bola de espejos contemplaba a los invitados desde las alturas, mientras giraba lentamente y reflejaba las luces coloridas del lugar, lanzando destellos y creando llamativos efectos estroboscópicos.

Rodeando el salón de baile, Júlia descubrió varias zonas de sofás en medialuna donde, dependiendo de su disciplina, las Artes se congregaban y disfrutaban de la fiesta.

En la esquina más próxima a la entrada, un grupo de personas pintaban sobre todo tipo de superficies; más allá, otras Artes esculpían con diferentes materiales; los deportes realizaban trucos por doquier y la pista hervía de actividad por un talentoso duelo de baile disco que varias Artes estaban disputando y que estaba acompañado por la música que reverberaba en toda la discoteca, y que procedía de un pequeño corro de Inmortales dirigido por Tara, que hacían sonar sus instrumentos con gran maestría.

Al fondo de la sala, un pequeño rincón se había dispuesto a modo de barra y los invitados se servían ambrosía libremente.

Todos iban vestidos formalmente, menos Pintura que llevaba su habitual camisón.

Júlia se percató de que Baile parecía disgustada y se acercó a ella.

—¿Qué te pasa? —le preguntó sentándose junto a ella.

—Odio ponerme esta ridiculez —respondió Baile pellizcando su vestido.

—A mí me parece que te queda muy bien —comentó Júlia—. Pero, si no te gusta, ¿por qué te lo has puesto?

—Mis hermanas han propuesto celebrar una fiesta de gala, así que era este vestido que me ha prestado Moda o uno de mis chándales —dijo resignada Baile.

—Tienes kimonos de artes marciales que son espectaculares y muy elegantes —dejó caer Júlia, moviendo ágilmente sus cejas. Baile sonrió y se fue a su habitación a cambiarse de ropa.

Después de este momento, acompañada de las demás principales, Júlia se fue acercando a todos los pequeños grupos de Artes para saludar y conocer a los insignes invitados que habían acudido esa noche en su honor.

No solo le presentaron a unas cuantas Artes con las que todavía no había podido coincidir, como «Basket» o Bonsái, sino que, para su sorpresa, reconoció a muchos de sus ídolos; famosas celebridades Inmortales, más bien sus espectros, que esa noche rendían homenaje a la Elegida.

Lennon, Houston, Mozart, Marley, Vivaldi, Bernini, Fideas, Donatello, Miguel Ángel, Picasso, Kahlo, Duncan, Jackson, Pavlova, Cervantes, Homero, Confucio, Shakespeare, Christie, Gaudí, Imhotep, Ictino, innumerables científicos, incontables deportistas y muchísimas más personalidades.

Júlia se sentía muy alagada, pero comenzaba a estar realmente abrumada. Karnaut la sacó de aquel batiburrillo.

—¿Qué tal Júlia? —preguntó cuando llegaron a un lugar más apartado.

—Estoy agobiadísima, todo el mundo me quiere conocer —dijo Júlia suspirando—. No sabía que iba a venir tanta gente.

—¿Qué no los reconoces? —preguntó Karnaut .

—¡Claro! No a todos, pero sí a muchos —confirmó.

—Seguramente a los más actuales, la mayoría de gente que has conocido son Inmortales, unos son más famosos que otros —puntualizó Karnaut .

—¡Ah claro! Me lo explicó Arquitectura, ¿cómo era su nombre en gluboniano? Era algo con naut —intentó recordar Júlia.

—Exacto. Nautgachz , «nunca olvidados», Inmortal es más contundente —reseñó Karnaut .

—Pero entonces… —se quedó pensativa Júlia unos segundos—. Habrá gente que es Inmortal pero que no ha hecho nada bueno, por ejemplo, Hitler —comentó Júlia.

—Lamentablemente sí Júlia, aunque no poseen los mismos derechos; muchas son las lecciones que te quedan por aprender —expuso Karnaut .

Una vez todos hubieron saludado a Júlia, el ambiente se relajó y la chica pudo disfrutar de la fiesta.

La alegre reunión continuó toda la noche.

Todos bailaban, reían y bebían de la ambrosía.

Júlia trató de tomar un poco, pero puesto que era ambrosía pura, Karnaut se lo impidió; a cambio, Chef la agasajó con una gran variedad de sus increíbles recetas.

Tras varias horas de comer hasta la saciedad y bailar sin cesar, Júlia se sentó exhausta y se percató de que nadie más mostraba síntomas de cansancio.

En ella eran evidentes, los ojos le picaban y no pudo contener un amplio bostezo.

—Joven Elegida, convendría que partiera a la piltra —dijo Escultura que observó la fatiga de Júlia.

—¿Qué? —preguntó Júlia agotada.

—Ji, ji, ji, ji, que te vayas a dormir—aclaró Pintura.

Ya bien entrada la madrugada, la Elegida, muy agradecida por la fiesta, se despidió de los invitados y se retiró a su dormitorio, escoltada por Karnaut .

En cuanto tocó su cama, cayó rendida, ni siquiera tuvo tiempo de cambiarse de ropa.

Fue una suerte la celebración, a su mente le sentó bien la diversión y la desconexión, apenas pensó en lo que le depararía el día siguiente y el cansancio provocó que se durmiera ipso facto y disfrutara de un buen sueño reparador.

En unas horas, Guía tendría permiso para viajar a la Tierra con el objetivo de llevar a Júlia a la Dimensión de los Creadores.

Aunque el destino de Júlia es convertirse en la cuarta Natura y, por ende, será imposible que se convierta en una Inmortal, empleando este término con su significado gluboniano, su sino es dejar huella en tu planeta y difícilmente será olvidada, como muchos otros ya lo han hecho.

No debes realizar grandes proezas para convertirte en Inmortal, de hecho, estoy seguro de que a la mayoría de los Inmortales no los conocerías porque sus obras fueron sutiles, a escala global pasaron desapercibidas y solo si te dedicaras a su disciplina en concreto podrías llegar a estudiarlas.

Pero todo cuenta y nada es más importante.

¿Has logrado alguna hazaña? ¿A qué esperas para entrar en acción?

¿Prefieres morir que cambiar? Recuerda la frase de Edmund Burke: «qué pena que pensando que puedes hacer poco, no hagas nada».