Júlia y los Creadores. Cambiar o Morir 14 Los caídos #2
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14 Los caídos #2

—Nada más alejado. Es un caso similar al de Tara, quien usó la tecnología para crear música, pero resultó que Mecanos la estaba engañando para que provocara daño —aclaró Arquitectura—.

Los nativos ofrecieron al mundo un material con mucho potencial, pero los oscuros consiguieron promover su uso en asuntos cruentos.

Aun así, ellos lo hicieron con buena intención, como tantos otros, por eso existen muchos artistas y artesanos que no llegaron a ser Creadores, pero se les nombró Inmortales.

—¿Inmortales? ¿Quieres decir que esas personas no pueden morir? —declaró Júlia despistada.

Esa idea hizo reír a Arquitectura.

—¡NO! Claro que no. Un Inmortal es aquel que transciende en el tiempo, que no morirá nunca pero no porque su cuerpo no se marchite sino porque nunca será olvidado —reveló—. Aquí los llamamos así pero su nombre original es Nautgachz , gachz significa «olvidar».

—Y naut es «no», como Karnaut —añadió Júlia y Arquitectura asintió—. Entonces, significa ¿«no olvidados»?

—Genial Júlia veo que le coges el gusto al gluboniano —pronunció Arquitectura con una sonrisa.

—Pero, vosotros, los Creadores, técnicamente sí sois inmortales ¿no? Vosotros no morís ¿verdad? —siguió insistiendo Júlia, que quería evaporar todas sus dudas.

—Más bien somos eternos. Recuerda que somos masas de energía, estos cuerpos son meros contenedores que nos permiten seguir habitando este planeta —concluyó Arquitectura—. ¿Te ha dicho Karnaut lo que vas a hacer ahora? —añadió cambiando de tema.

—No, no me ha dicho nada —dijo Júlia extrañada. Arquitectura negó con la cabeza como gesto de indignación por la falta de información que Karnaut tenía para con la Elegida.

—Vale, entonces te lo explico yo. Ahora irás con ciertos hermanos y hermanas para adiestrarte en los elementos que conforman este planeta —esclareció Arquitectura.

—¿Cómo avatar? —preguntó Júlia.

—¿Avatar? —replicó Arquitectura desconcertada.

—Una serie de dibujos donde las personas pueden controlar el agua, la tierra, el fuego y el viento —explicó Júlia.

—Entiendo, pero no creo que tenga nada que ver, aunque Karnaut seguramente haya traducido de esa manera a los elementos para que puedas entenderlo mejor, aquí te enseñaremos a usar el tzra , la lea , el ain y el utg —enumeró Arquitectura—.

Seguro que en esa obra los que manejaban el fuego no podían convocar rayos.

—De hecho, sí —corrigió Júlia con una sonrisa.

—Anda… —se sorprendió Arquitectura—. Vale y los de la tierra podían mover el hielo ¿por ejemplo?

—No, eso no apareció nunca.

—¿Ves?, no digo que esa historia de… ¿avatar? —Júlia asintió—, no sea entretenida, pero los humanos no entendéis del todo el tema de los elementos.

—¿Cuándo empezamos? —curioseó Júlia ansiosa.

—Ahora mismo, Chef te enseñará el utg , Skate te enseñará el ain , Escultura ha insistido en enseñarte el tzra y mi hija, Capi, te enseñará la lea —detalló Arquitectura—. ¡Mira! Por ahí llega Karnaut .

A espaldas de Júlia avanzaba Karnaut hacia ellas sonriente y despreocupado como de costumbre.

—¿Has despejado tus dudas Júlia? —preguntó cuando las alcanzó.

—Sí —confirmó esta—. ¡Gracias Arquitectura!

—Recuerda Júlia que la tecnología puede ser buena, solo depende del fin con que la uses —comentó Karnaut —.

Cuando se creó el telescopio muchos hombres se asombraron de las maravillas que pudieron observar, pero otros se percataron de las ventajas militares que podrían alcanzar.

Otro claro ejemplo es la investigación nuclear.

Con ella se abrió un abanico de millones posibilidades, pero también acabó con la vida de millones de personas. ¿Ves lo que te intento explicar?

—Sí, Karnaut , aunque Arquitectura lo ha resumido mejor.

Karnaut lanzó una mirada a Arquitectura y esta le respondió con gesto chulesco.

—Bien, terminemos esta conversación y vamos a ver a Norzlin —dijo Karnaut .

—¿Baile? Arquitectura no me ha dicho nada de Baile —articuló Júlia atónita.

—¿Qué le has dicho? —preguntó Karnaut mirando a Arquitectura.

—Le he explicado su futuro entrenamiento de los elementos —respondió Arquitectura.

—Entiendo, pero también entrenarás con Norzlin y Venus en lucha cuerpo a cuerpo y autodefensa. Son las mejores maestras que puedes tener aquí en este aspecto.

—¡Genial! ¡Me encanta boxear! —confesó Júlia, adoptando la posición de guardia y lanzando un directo al aire—. ¿Empezamos ya? — Karnaut asintió con una sonrisa.

Invadida por una intensa emoción, nuestra protagonista corrió hacia su cuarto con el fin de elegir un atuendo más adecuado para su primera lección con Baile.

Estaba ella frente a su armario sacando una prenda deportiva cuando, sobre la repisa de su ventana, se posó una bonita ave blanquinegra.

Su espalda y sus alas eran profundamente oscuras, pero estaban moteadas con pequeñas manchas níveas que creaban bonitos patrones cuando alzaba el vuelo.

Su vientre, por el contrario, era blanco, contrastando con el plumaje intensamente rojo que salía de la parte inferior de su abdomen.

Júlia, además, identificó que se trataban de un individuo macho, pues su nuca también estaba adornada con un penacho bermejo.

—¡Qué bonito, un picapinos! —exclamó Júlia admirando al pajarillo.

—¿Puedo pasar, Júlia? —preguntó aquel piciforme. Júlia se sobresaltó y lanzó un estridente grito.

—¡Tranquila! ¡Soy Arhz ! —aclaró preocupado.

—¡Guau! —exclamó Júlia—. ¡Claro, te puedes transformar en cualquier animal! —interpretó Júlia dándose un golpe en la frente—. Por supuesto, pasa.

Arhz aleteó y se dejó caer en el centro de la habitación para después convertirse en el humano de siempre. Karnaut , que oyó el gritó de Júlia, estaba corriendo hacia allí para comprobar lo sucedido.

—¿¡Qué ha pasado!? —voceó Karnaut abriendo la puerta estrepitosamente.

—¡ Karnaut ! Debes llamar antes de entrar —achacó Júlia y, tan solo con pensarlo, activó el mecanismo de las Bonlurdultzra expulsando a Karnaut de la habitación—.

¡Vaya! Pues sí que funciona —dijo Júlia riéndose, Arhz replicó la risa.

—¿Qué tal Júlia? ¿Cómo lo llevas? —preguntó Arhz .

—Muy bien, ya me voy haciendo a esta locura —respondió Júlia—. Ahora a ver qué tal se me dan las clases con Baile.

—Ármate de paciencia Júlia, Norzlin es una dura profesora —aseguró Arhz —.

He venido a visitarte porque los Natura queremos regalarte esto.

— Arhz sacó un pequeño frasco de apenas tres centímetros y se lo mostró a la Elegida sosteniéndolo verticalmente entre sus dedos índice y pulgar—.

Mira, este bote contiene una sustancia que te permite entender a los animales, basta con una sola gota sobre la lengua —explicó Arhz mientras desenroscaba la tapa y extraía el gotero.

Júlia le agradeció efusivamente aquel detalle y le pidió que transmitiera su agradecimiento al resto de los Natura.

Arhz le entregó el recipiente, se despidió de ella y, girando sobre sí mismo, volvió a transformarse en aquel pajarillo carpintero y se marchó volando por la ventana.

La Elegida se cambió rápidamente de ropa y se dispuso a salir de su habitación para ir a la de Baile, pero cuando abrió la puerta, se encontró con Karnaut , que le esperaba disgustado.

—¿Te has divertido? —pronunció retórico Karnaut .

—Ha sido gracioso sí —contestó Júlia fingiendo superioridad. Los dos caminaron hacia la habitación de Norzlin y entonces comenzaron los dos meses más intensos de la vida de Júlia.

Las lecciones de Baile eran abrumadoras.

Júlia, en más de una ocasión, se derrumbó debido a la dureza de la manera de enseñar de esta Arte.

Ella, con ayuda de Venus, adiestraron a Júlia no solo para tener fortaleza física sino también mental.

Además de mostrarle técnicas de defensa personal y lucha, también aprendió a sobreponerse ante situaciones de supervivencia, donde el elixir de ese bote que le regalaron los Natura resultó ser muy útil.

Los escenarios de entrenamiento eran muy variados y tremendamente arriesgados y sometían a la Elegida a condiciones extremas donde debía mantener la calma si quería salir viva de allí.

La llevaron al polo norte, donde estuvo horas a la intemperie preparando su cuerpo y su mente para soportar el frío y, cuando estuvo agarrotada y con sus extremidades fuertemente entumecidas, la retaron a un duelo de artes marciales, donde tenía que ganar a ambas si no quería volver a repetir la lección.

Otra de sus sesiones fue completamente opuesta.

La tuvieron varios kilómetros corriendo bajo el abrasador Sol del desierto, poniendo a prueba su resistencia y en práctica las lecciones de supervivencia, pues tuvo que orientarse sola y conseguir agua para superar los requisitos de sus estrictas maestras.

Un diablo espinoso, lagarto experto en el aprovechamiento del agua, descubrió a Júlia vagando sin rumbo y tratando de beber de lo que, sin duda, era un espejismo, así que acudió en su ayuda y le fue mostrando varios puntos donde obtener el ansiado líquido.

Sí, le fue mostrando, el saurio acompañó a la Elegida durante todo el trayecto y se hicieron buenos amigos.

Y los despiadados entrenamientos de Baile no terminaron ahí.

Se metieron en cuevas ignotas, escalaron las peores montañas y simularon batallas cuerpo a cuerpo en zonas subterráneas donde la humedad llenaba los pulmones de Júlia y le impedía respirar con normalidad.

Incluso la tuvieron veinticuatro horas meditando bajo una cascada de unos treinta metros, sin moverse, dominando su mente para ignorar las necesidades básicas humanas y conseguir desconectar su sentido de la huida, para que siempre premiara la lucha ante el peligro.