Júlia y los Creadores. Cambiar o Morir 13 Júlia conoce su destino #4
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13 Júlia conoce su destino #4

—¿Dónde estamos Evo? —preguntó Júlia desconcertada.

Evolución y la Elegida aparecieron a las afueras de la ciudad, frente al lugar donde debería estar la Hermandad, pero en su lugar, había un edifico en ruinas.

Solo quedaba en pie su esqueleto de hormigón, las pintadas recorrían la fachada grisácea de arriba abajo, el tejado estaba medio derruido y cubierto de mala manera con paneles de uralita oxidada y las ventanas y la puerta principal estaban obstruidas por tablones de madera hinchada y podrida por la humedad.

No tenían nada que ver con el edificio que conocía Júlia.

La Hermandad seguía en el nuevo emplazamiento tras la batalla con Guerra, pero Júlia no sabía nada.

—Claro tú no lo sabes, las Artes han tenido que desplazarse para llevar a cabo una misión —elucidó Evolución.

—¿¡Qué ha pasado!? ¿Y, cómo que desplazarse? ¿Y dónde están todos? ¿Y el edificio de la Hermandad?

Antes de que la Elegida siguiera escupiendo preguntas sin respirar, Evolución comenzó a contarle lo ocurrido mientras ella visitaba el micro mundo, acompañada de Irn y Micra.

Le explicó que cuando dejó la placa Petri en el laboratorio de Micra, regresó a la Hermandad, pero ya no había nadie.

Contactó con Karnaut y este le puso al día de los hechos acontecidos, desde el aviso de Guía siguiendo las indicaciones de Tiempo, hasta la batalla contra los oscuros y el descubrimiento de la artimaña de la que habían sido víctimas.

Evolución se lo transmitió todo a Júlia y también añadió, con pelos y señales, el pequeño detalle de que el edificio de la Hermandad podía transportarse y cómo lo hacían.

—Ya me empieza la migraña —achacó Júlia cogiéndose la cabeza—. La tecnología nunca se me ha dado bien, imagínate la de otros planetas.

—Pero ya deberían haber regresado… —expresó preocupado Evolución, acariciándose pensativo el mentón.

De pronto, quedaron envueltos en una explosión luminosa y, cuando remitió, el edifico que tenían delante volvía a ser el que Júlia conoció cuando visitó por primera vez la Hermandad.

Los dos entraron y allí estaban las Artes en el vestíbulo.

La indignación y el desconcierto reinaban en el ambiente, pues Karnaut explicaba el engaño de Anthropos y la impotencia se apoderaba de todos y cada uno de ellos.

De entre la furibunda multitud, una de las Artes exclamó:

—¿Ahora que hacemos Karnaut ?

— Lanyur sabe dónde está Anthropos, pero no nos lo puede decir… —contestó Karnaut .

—¿Cómo? ¿Sabéis donde está Anthropos y no vais a por él? —susurró Júlia a Evolución.

—Confidencialidad temporal… —contestó reiterativamente, Júlia puso gesto de incomprensión.

—Dice que por ahora no se moverá de donde está hasta que comience el protocolo reinicio, pero si todo sale bien, no llegará nunca porque tenemos a la Elegida —continuó Karnaut mirando a Júlia, provocando que todos se giraran hacia ella.

—¿El qué? —preguntó Júlia con sorpresa.

Karnaut disolvió la reunión, se acercó a Evolución, le susurró algo al oído y después instó a Júlia para que les siguiera hasta su habitación antes de que se retirara a descansar.

Llegaron al templo de la sabiduría que era el cuarto de Karnaut y este les invitó a tomar asiento.

El aroma a libro viejo y tinta envolvieron a Júlia, que se sentó y añoró sus momentos de tranquilidad, libro en mano, donde solo escuchaba el susurro de las hojas al pasarlas y se perdía en mundos lejanos y de fantasía, pero la realidad tomó las riendas y la hizo consciente de que ahora ella era la protagonista de una de esas historias.

Karnaut se dirigió hacia una de sus múltiples estanterías repletas de todo tipo de libros.

Había tomos extremadamente anchos encuadernados en cuero, lomos desgastados con letras doradas y plateadas que brillaban gracias a la tenue luz que penetraba por la ventana, pequeños libros con tapas descoloridas fruto de las constantes consultas, enciclopedias y diccionarios, libros escritos en pergaminos gruesos que parecían tener miles de años.

Tras echar un rápido vistazo, localizó el libro que buscaba, uno pequeño, con tapa color burdeos y sin ningún título, lo cogió solemnemente, se puso frente a Júlia, lo abrió con sumo cuidado y comenzó a leer la historia del Protocolo Reinicio.

—Los humanos se están descontrolando, se consideran los seres más importantes de la Tierra y creen que la consecución de poder y el desarrollo de su especie está por encima de todo.

—Un torbellino de letras emanó del libro y comenzaron a formar imágenes que ilustraban lo que Karnaut iba leyendo—.

Thrithri está enfermando y Bonlur culpa a los humanos, la ira se está apoderando de él y una única y drástica solución cree poder salvarla.

—Las letras dibujaron, encima de las páginas, una figura tridimensional de Naturaleza tumbada en una cama y posteriormente una de Universo con fisonomía encolerizada—.

Arhzakun , «nuevo principio», el Protocolo Reinicio.

Como ya ha leído mi buen amigo, cuando Bonlur fue consciente de que Naturaleza estaba muriendo, amenazó a sus iguales con poner en marcha los preparativos requeridos para el Protocolo Reinicio.

A medida que Karnaut leía, la tinta construyó, como si se tratara de hologramas que se proyectaban desde aquella obra literaria, a los tres Creadores Principales en una acalorada discusión.

Karnaut siguió narrando el origen de este protocolo.

—Poco después del origen de los planetas, cuando la vida comenzaba a abrirse paso incesantemente, Bonlur levantó en Glubón una gran torre de glutz .

—Las palabras formaron una vasta atalaya que ascendía en forma de espiral, cuya base era exageradamente ancha y se iba estrechando conforme se elevaba—.

En ella se establecería el tribunal del aintrolur , que exactamente se traduce como «juicio del aire».

Júlia quiso saber más detalles de este ritual, pero Karnaut y Evolución lo único que matizaron fue que era un milenario juicio que a los seguidores de Tiempo no les gustaba ni una pizca.

No es momento de explicarte en qué consiste la ceremonia del aintrolur , pero sí quiero que sepas que es un duro juicio, que afortunadamente se ha dado en casos muy puntuales, donde se dictamina el destino de algunos seres que, con perfidia, han dejado entrar y han abrazado a la oscuridad; por ejemplo, uno de los compañeros de Zitrra.

Digo que es exclusivo, porque muy pocos han vivido tal atroz sino y, generalmente, se sentencia a un solo individuo o a grupos reducidos.

No obstante, la grave dolencia de Naturaleza convenció a Universo de que solo había un camino posible para su salvación: condenar a todos aquellos humanos que se lo merecieran a un aintrolur masivo, es decir, un juicio planetario.