13 Júlia conoce su destino #3
—¿Terrorista yo? Vosotros sí que sois bioterroristas que no os importa el planeta donde vivís. Imagínate que yo no ayudara a los microorganismos, seríais el doble de población en estos momentos y ya hacéis suficiente daño a los ecosistemas y al resto de especies —declaró Micra.
—¡Pero yo no puedo hacer eso! —exclamó Júlia a voz en grito, espabilando a Irn de golpe que estaba ensimismado mirando a una bacteria solitaria que nadaba tranquilamente moviendo su flagelo, debido a que la conversación entre Micra y la Elegida no le interesaba demasiado.
—¡Tendrás que hacerlo! —exclamó categóricamente—. Es tu misión como Natura, detectar y neutralizar los desequilibrios en los ecosistemas—. Irn comenzó a quedarse dormido—. Lo vamos a tener que dejar —dijo Micra mirándole—. ¡Irn despierta! —profirió dándole un cachete.
—¿Qué? ¿Qué pasa? —preguntó Irn desorientado.
—Qué pasa contigo dirás, ¿cómo te puedes quedar dormido volando? —Júlia se rio.
—Está bien, ya es hora de irse, espero que te haya gustado ver «in vivo» esta fracción de mi mundo —dijo Micra a Júlia; la Elegida fue a responderle, pero solo pudo boquear—. Cuando te conviertas en Natura, comenzará tu adiestramiento.
Acto seguido, Micra se elevó de nuevo hacia ese falso cielo sin dar posibilidad de réplica a Júlia, que cerró la boca transigente. Irn la siguió volando, y devolvió a la Elegida y a sí mismo su tamaño natural. Como había dicho Micra, estaban en su búnker, Evolución les estaba esperando allí.
—¿Cómo ha ido? —preguntó.
—Como dicen los humanos, luces y sombras, ahora largaos de aquí, ya nos veremos en otra ocasión —apuntó Micra.
Irn, Evolución y Júlia salieron del fortificado refugio y vieron a Fito, o mejor dicho, vieron su trasero, cazcaleando feliz por el invernadero. Irn se le acercó rápidamente y extendió una de sus alas para taparle.
—¡Júlia! Nos alegramos mucho de verte, queremos hacerte un regalo para tu habitación, ponnos en un lugar iluminado y tennos siempre húmedas —dijo Fito mientras le daba una maceta que albergaba una venus atrapamoscas—. Hará de intercomunicador, podrás hablar con nosotras siempre que quieras.
—¡Muchas gracias, Fito! —exclamó sonriente Júlia—. Por cierto, cuando nos vimos no me comentaste nada sobre qué opinas del veganismo.
—Estamos muy concienciadas con que otros animales nos coman, el problema principal ya te lo dije, deforestación para cultivar, pero, eso sí, nosotras también sufrimos cuando nos arrancan partes de nuestro cuerpo, pero vosotros no lo oís.
—Eso también me lo dijiste —dijo Júlia sonriendo mientras Irn procuraba tapar a Fito.
—¿Otra vez vais a quedaros hablando todo el día? —preguntó severo Evolución.
—Vale, Evo, que es muy tarde y tenemos que irnos —se burló Júlia.
—No es tarde, pero la Hermandad nos espera —aclaró Evolución.
Y, con decisión y premura, se dirigió a la puerta del invernadero sin comprobar que sus acompañantes le seguían.
Júlia e Irn cruzaron miradas, se encogieron de hombros y lo siguieron con paso acelerado.
Al atravesar la puerta que conducía a la cabaña de Zoo, indudablemente se lo encontraron allí, taciturno como siempre, sentado en su sillón, hostigándose con fragmentos del pasado.
—Júlia, ven, quiero enseñarte más barbaridades de los humanos —dijo atribulado Zoo.
—¡Que nos están esperando! —replicó Evo.
—¡Que lo sigan haciendo! —contestó enfadado Zoo levantándose de un salto de su butacón para alcanzar su cesta de rocas de Lanyur .
Evolución e Irn se pusieron firmes y acuciaron a Júlia para que se acercase a él.
Cuando la chica se colocó a su lado, Zoo cogió una de sus piedras azules y la lanzó, haciendo aparecer de nuevo esta extraña pantalla de haces celestes, que se arremolinaron un segundo para después disiparse y mostrar la entrada a un zoológico.
La imagen atravesó las puertas y comenzó a recorrer el complejo, girando a izquierda y derecha, mostrando las deprimentes jaulas de los animales.
El panorama era desolador. El hábitat de los tigres era un fragmento de tierra diminuto y vacío, donde los pobres félidos no podían hacer otra cosa que tumbarse y esperar su comida; estaban obesos por la falta de espacio y de estímulos.
En los recintos dedicados a los ecosistemas acuáticos, donde yacían resignados animales como los cocodrilos o los hipopótamos, el agua era una charca sucia de un intenso color verde, consecuencia del crecimiento incontrolado de algas y la acumulación de deyecciones que no se limpiaban con regularidad.
Diversas especies de primates se encontraban encerradas en jaulas cuadriculadas de pequeño tamaño, que no les permitían balancearse, colgarse o saltar de árbol en árbol, ni siquiera tenían estructuras para ello.
Algunos individuos, fruto del estrés, se mesaban nerviosos el pelaje, provocándose calvas y mostrando un aspecto desaliñado y enfermizo.
Los espacios estrechos abundaban en aquella cárcel de inocentes.
Pequeñas criaturas, como roedores, arácnidos o anfibios, vivían amontonados en terrarios estrechos donde no tenían espacio ni para esconderse de los irrespetuosos visitantes que golpeaban los cristales y les exigían a gritos que saltaran o se movieran para ellos.
Incluso se podía ver cómo una gran boa albina se retorcía y trataba de acomodarse con muchas dificultades en su cubículo donde apenas cabía, mientras un niño aporreaba el reptilario ante la mirada divertida de sus padres y el caso omiso de un cuidador.
Los animales nocturnos vivían en ambientes oscuros donde se pedía a los turistas que guardaran silencio y evitaran cualquier luz que pudiera molestarlos.
No obstante, a pesar de las advertencias, los niños correteaban y gritaban y los flases de las cámaras deslumbraban a las pobres criaturas que trataban de huir y esconderse sin éxito.
Al menos los tenían en hábitats oscuros…
No corrían con la misma suerte otras especies.
En las imágenes se veía, sin lugar a duda, que el zoológico estaba situado en una región con clima cálido y gran intensidad de luz, lo que no frenó a la administración a tener yaks, los homólogos siberianos del bisonte, como te imaginarás estaban despeluchados, no parecían estar nada cómodos en ese ambiente, ni siquiera tenían un espacio de penumbra para resguardarse de Sol.
Dos cascadas de lágrimas recorrían las mejillas de Júlia, que no pudo soportar seguir observando tales imágenes y desvió la mirada apesadumbrada hacia Zoo.
Absolutamente ningún animal de aquel zoológico se veía incólume.
Zoo, por su parte, mantenía la mandíbula y los puños tan apretados que estaba empezando a temblar; al percatarse de que la Elegida había apartado sus ojos de la pantalla, pausó los recuerdos y giró lentamente su cabeza hacia ella, mostrándole su rostro airado.
—Júlia, ¿me podrías explicar todo esto?
—Es un zoológico y por lo que veo en muy malas condiciones —contestó afligida Júlia, que no conseguía dejar de llorar.
—Ya, pero ¿Por qué tratáis a estos animales como si fueran presos? ¿Acaso han cometido algún delito? — expresó Zoo mordazmente.
—No, Zoo, es por simple ocio —sollozó Júlia. Zoo asintió irritado.
—Es aterrador, hay animales en esta… —Zoo describía círculos con las manos mirando enfadado el zoológico—. Esta prisión inmoral. Ni siquiera dejan volar a los pájaros, los tienen en jaulas que ni les da para abrir sus alas.
—Pero Zoo esto es injusto, algunos de estos sitios lo hacen bien, siguen las normas y no comprar animales, sino que los rescatan y financian programas de conservación para recuperar ciertas especies en peligro de desaparecer o incluso extintas en medio salvaje —defendió Júlia.
—Eso me parece bien, que haya personas concienciadas con la biodiversidad es magnífico, pero ¿¡Por qué este sitio sigue abierto!? —Zoo empezaba a no controlar su enfado.
—No sabría decírtelo… —contestó Júlia afligida.
—¡Yo sí! —interrumpió Irn—. ¡Por dinero, el peor invento del hombre!
—Si, la explotación animal por beneficio propio, hay muchos ejemplos, como los festejos taurinos, ¿cómo podéis decir que matar a un animal es arte? —sentenció Zoo.
—No me extraña, proviene de un Arte que ahora está corrupto. Inicialmente consistía en bailar con el animal, pero no se le daba muerte —explicó Evolución—. Después se convirtió en este acto, peor incluso que la lucha de gladiadores.
—Como te pasas, Evo —dijo Júlia.
—Nada más alejado, imagínate que los gladiadores en vez de ser esclavos fueran empleados cuyo trabajo tiene un riesgo muy elevado, como otros tipos de eventos con lucha.
—Bueno si es una elección… Aunque siempre surgen inconvenientes —aseguró Júlia.
—Ciertamente, pero el toro u otros animales no deciden pelear, nunca querrían correr el riesgo de morir —aclaró Evolución—. Bueno ya está bien de cháchara, vámonos.
Los tres se despidieron de Zoo, que volvió a su sillón y su melancolía sin responder a la despedida.
De nuevo Júlia tuvo que cruzar el pasillo de la vergüenza, dejando esta vez boquiabierto a Irn; recuerda que los animales allí expuestos no miraban a Júlia.
Cuando regresaron al presente, Irn salió volando y se perdió en el cielo, no porque se estuviera alejando, sino porque se minimizó.
Tras la marcha de Irn, Evolución convocó un vórtice verde rumbo a la Hermandad de las Artes.