13 Júlia conoce su destino #2
Aquel mundo de fantasía también tenía sus propios gigantes.
Hablo de lo que nombrasteis como protozoos, un complejo grupo formado por muchos tipos de células con formas y estructuras muy variadas y de mayor tamaño y complejidad que las bacterias, que pueden alcanzar un tamaño doscientas veces superior al de la más pequeña.
Quizá te suenen las amebas, esas células sin forma definida que parecen «Flubber»; desde la perspectiva de una bacteria, deben ser terroríficas.
Gracias a su nuevo tamaño, Júlia pudo observar, con muchísimo detalle, la infinidad de formas y la gran variedad de estructuras internas de estas colosales células, así como su interacción con el entorno, ya que muchos de ellos son depredadores y Júlia presenció cómo devoraban bacterias ante sus ojos; las atrapaban con sus membranas y las engullían sin piedad.
Por no hablar de los virus. Estos seres acelulares, de tamaño bastante inferior a las bacterias, se veían como pequeños ejércitos de naves espaciales que se lanzaban contra las células para intentar infectarlas. Un auténtico campo de batalla.
Quizá te estés preguntado por qué en esa muestra de tierra de un prado, no hay insectos u otros animales prácticamente imperceptibles como los ácaros.
Los dones de Micra permiten que el instrumental de muestreo que utiliza Irn recoja exclusivamente organismos microscópicos, las demás criaturas son asunto de Fito y los Natura.
Siento mucho esta clase magistral de microbiología, pero es que realmente este mundo es fascinante y mucho más complejo de lo que te puedas imaginar.
Las biomoléculas —a saber, las proteínas, los hidratos de carbono, etcétera—; sustancias químicas como el oxígeno, el nitrógeno y otras tantas que forman parte de los organismos vivos y su entorno, Júlia las veía claramente constituyendo cada célula o las percibía a su alrededor como las motas de polvo que se hacen visibles cuando un solitario rayo de Sol entra por tu ventana.
Imagínate poder ver y ser consciente de lo que entra en tu cuerpo cada vez que respiras.
Estas biomoléculas de las que te hablo no son más que sólido y líquido, es decir, Tzra y Lea , pues constituyen la base de la vida que crearon Naturaleza y Evolución tras la Gran Guerra: la «nueva vida», que tardó millones y millones de años de transformación y desarrollo hasta llegar hasta lo que hoy conoces, pero ¿solo con las biomoléculas se crea vida? Hay tanto que aún no sabes…
Desde lo que Júlia percibía como el cielo, bajó suavemente, al estilo Mary Poppins, pero sin paraguas, una mujer con bata blanca y coloridos zapatos, sin duda era Micra.
—Hola de nuevo, Júlia —dijo Micra que se paró delante de Irn y la Elegida.
—¡Hola Micra! —contestó Júlia saludando con la mano con tanta efusividad que el movimiento provocó que casi se cayera. Afortunadamente Irn tiene buenos reflejos y, tras salvarla, los tres continuaron sobrevolando el microuniverso que tenían bajo sus pies.
—Ten más cuidado Júlia, si te caes es posible que te perdamos para siempre —advirtió Irn, Júlia miró hacia abajo aterrada.
—Tranquila, estoy yo aquí —dijo Micra con talante altivo—. Este es mi mundo.
—¿Qué poder tienes aquí? —preguntó Júlia con curiosidad.
—Soy algo así como la reina. Fito y Zoo pueden controlar a sus respectivos y yo a los míos, a los que no se pueden ver —comentó Micra.
—¿Entonces controlas a los microorganismos? —preguntó Júlia.
—Sí, pero es bastante complicado. Tengo que ser de este tamaño para que me obedezcan, por lo que tengo que venir a este lugar —afirmó Micra.
—¿Cómo? Si tú no sales del bunker —indicó Júlia.
Una bacteria estalló repentinamente justo cuando los tres la sobrevolaban y una miríada de virus arremetió contra ellos. Micra e Irn los esquivaron con agilidad mientras a Júlia casi le da un infarto.
—Es que no he salido de él. Evolución os trajo aquí —continuó Micra la conversación como si nada—. ¿Pensabas que iba a salir por ti? Tampoco es que seas tan importante —aclaró con superioridad.
—Ya decía yo —contestó Júlia con resignación.
—Al principio, controlar a los microorganismos era más sencillo y contaba con la ayuda de mi madre, pero ahora estoy sola, e Irn no me puede ayudar siempre, porque debe atender otras responsabilidades —explicó Micra algo entristecida—.
Pero bueno —añadió volviendo a su estado de ánimo normal —ya estás tú aquí.
—¿Qué quieres decir con eso? —expresó atemorizada.
—Júlia, tú serás la cuarta Natura, Arhznautvitzlin , la primera humana que no se ve, la protectora de los microorganismos y yo estoy aquí para instruirte y que puedas estar en este mundo.
Júlia se quedó en shock, tanto por la noticia de que ella protegería ese asombroso mundo que ahora visitaba, como por la idea de que Micra y su áspero carácter iban a encargarse de ayudarla en su empeño.
—¿Q-Qu-Qué? —musitó atónita Júlia.
—Otra vez —dijo Micra con gesto de desesperación—. Tú serás la cuarta Natura, Arhznautvitzlin , la primera humana que no se ve, la protectora de los microorganismos y yo estoy aquí para instruirte y que puedas estar en este mundo.
—Creo que sí te ha oído, pero se ha quedado pasmada —aclaró Irn, esbozando media sonrisa.
Por debajo de ellos dos bacterias se juntaban y extendían sus pili, intercambiando información genética.
—Y yo que quería empezar ya. ¿Júlia? ¡Responde! —exclamó Micra mientras chasqueaba los dedos ante los ojos completamente abiertos de la Elegida.
—Perdona Micra —contestó al fin Júlia que volvió en sí—. Me ha chocado mucho esta noticia.
—¿Pero no te habían dicho ya que ibas a ser una Natura? —preguntó Irn desconcertado.
—Sí, pero no me dijeron de qué —esclareció Júlia.
—¿Qué esperabas? —interpeló Micra indignada.
—Yo esperaba que fuera de los animales como los otros —señaló Júlia todavía un poco desorientada.
—Es mucho mejor, Irn solo se encarga del cielo, Lea solo del agua y Arhz solo de la tierra.
Los ambientes de los animales son muy limitados.
¡Tú te divertirás mucho más! —apuntó Micra eufórica—.
Los microorganismos están en todas partes, hasta dentro de los animales y, en el fondo, los podrás dominar también.
—Pero los Natura no controlan a los animales, solo pueden comunicarse con ellos, ¿no? —dijo Júlia mirando a Irn.
—Claro que no, no obligamos a nadie —contestó Irn con una sonrisa.
—Además la palabra dominar no me gusta —comentó Júlia exasperada.
—Júlia no te pongas tan aprensiva, el poder que se te va a conceder es muy peligroso. Mira a tu alrededor, ¡mira cuánta variedad de organismos en una muestra tan pequeña!, este mundo es increíblemente grande y variado y yo estoy aquí para enseñarte a controlarlo —apuntó Micra.
En ese momento, Micra les indicó que la siguieran y, sin mediar palabra. se acercaron juntos a una célula que los envolvió con su membrana y les trasportó por todo su interior para después expulsarlos por el extremo contrario. Una transcitosis en toda regla.
—¿Pero tú me darás este poder? —indagó Júlia emocionada por todo lo que estaba viviendo.
—No, te lo dará mi madre —señaló Micra.
—¿Conoceré a Naturaleza? —preguntó Júlia todavía más ilusionada.
—Claro, ella te concederá mis dones —concluyó Micra.
—Entonces ¿seré como tu asistente? —preguntó Júlia enarcando una ceja.
—No exactamente, serás como una extensión mía, pero con mucho más poder.
No solo podrás estar a voluntad en este lugar y controlar a los microorganismos, sino que también, al ser la Elegida, cada uno de los superiores te otorgará algún don —explicó Micra—.
Espero que Uor no te de otro báculo, ya se ha vuelto muy repetitivo.
Aquel comentario hizo recordar a Júlia el momento en el que conoció a Lea , de pie sobre Meg, con porte solemne, asiendo su cetro.
—¡Te refieres al bastón de Lea ! —indicó Júlia con una sonrisa sabiendo de lo que hablaba.
—Y a otro más, espero que no lo conozcas nunca.
—A Júlia se le borró la expresión de alegría—.
Bueno, primera lección —dijo Micra quedándose callada unos segundos y observando a su alrededor—.
Ten cuidado —gesticuló en tono serio señalando a Júlia—.
Los microorganismos pueden descontrolarse y no hacer lo que quieres, por la formación que me han dicho que tienes, habrás visto a la velocidad a la que pueden reproducirse si se lo permites.
—¡Sí! Un investigador realizó un estudio de diez años con «E. coli» y llegó a observar más de trescientas generaciones diferentes, evolución a corto plazo.
—¿«E. coli»? —preguntó Micra descolocada.
—Sí, ¿no sabes qué especie es? Será de las bacterias más famosas —contestó Júlia.
—Aquí las clasificaciones humanas no sirven, aunque el conocimiento que tienes sobre cómo se comportan te será muy útil. ¿Qué hace esa bacteria? —investigó Micra.
—Bueno, muchas cosas, son las principales bacterias comensales del ser humano. —comenzó a explicar Júlia.
—¡Ah Pelosa!, yo la llamo así —aclaró Micra, Júlia la miró extrañada.
—¿Para qué te lleva Irn muestras a tu laboratorio? — curioseó Júlia.
—Sobre todo para ayudar a los microorganismos a superar las tecnologías humanas —desveló Micra.
—¿Cómo a superar? —cuestionó Júlia frunciendo el ceño
—Si, los antibióticos, las vacunas, etc. —aclaró Micra.
Una mueca de horror se dibujó en el rostro de Júlia.
—¿Tú eres la responsable de las epidemias? ¿Tú eres la que permite a las bacterias ser multirresistentes?
—No, no, eso lo hacéis vosotros solitos, y debo reconocer que me facilitáis el trabajo con vuestra irresponsabilidad; además creé a los virus para que pudieran adaptarse muy rápido, mutar lo llamáis —afirmó Micra sin tapujos.
—¿Entonces qué haces exactamente?
—Cuando hay una especie descontrolada debo mantener el equilibrio y los humanos sois una auténtica plaga —expuso Micra.
—Vamos que eres una bioterrorista —dijo Júlia intentando que Micra confesara.