Júlia y los Creadores. Cambiar o Morir 13 Júlia conoce su destino
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13 Júlia conoce su destino

Júlia conoce su destino

Ciencia, arte y tecnología. A grandes rasgos, estos son los tres ámbitos que caracterizan a la humanidad.

Tienes razón, Karnaut ya le habló de esto mismo a Júlia, pero quiero recalcar que, en la actualidad y en algunas ocasiones, es difícil separar estas tres entidades, la mayoría de veces están interconectadas.

Un breve ejemplo para ilustrar esto que te digo podría ser la óptica.

Los conocimientos técnicos de esta Ciencia hicieron posible el desarrollo de una Tecnología en forma de aparatos capaces de captar imágenes manipulando la luz, motivando el desarrollo de una nueva forma de expresión, un Arte: Fotografía.

He aquí una clara evidencia de la interconexión entre las tres esencias.

El arte expresa, la ciencia descubre, la tecnología aplica y, como ya te dije, las Artes se convirtieron en Creadores porque no existía tal cosa en todo el universo y los Tres Superiores las consideraron demasiado valiosas como para arriesgarse a perderlas.

Pero ¿por qué existe Mecanos? Y ¿existe algún Creador de la ciencia?

Para responder esas preguntas, debo remontarme a la era de los primeros hombres.

Hace muchos, muchísimos años, cuando aún los Creadores no habían interactuado con los primeros humanos y estos aun no conocían la palabra, los de tu especie de antaño no eran otra cosa que un animal más en aquella época y, de hecho, ocupaban un puesto distinto al actual en la cadena alimenticia, pues eran más bien presas que depredadores.

Muchas eran las criaturas que podían quitarle la vida a un humano, por lo que se dedicaban a huir y solían esconderse donde buenamente pudieran, salvaguardándose de las despiadadas fieras.

Los humanos iniciales apenas superaban el centenar de individuos y, a pesar de que la gran mayoría se ocultaba para sobrevivir a las amenazas, algunos valerosos hombres y mujeres arriesgaron sus vidas para mejorar las de los demás.

Quizá lo hicieron por interés personal pero, al fin y al cabo, sus creaciones permitieron crecer y evolucionar a toda su especie.

Por supuesto que estoy hablando de Mecanos y de Rouna y, evidentemente, de Anthropos.

Rouna comenzó a fabricar extraordinarias herramientas y utensilios que permitieron a los humanos cazar criaturas con las que alimentarse, y dio inicio a una época en la que ya no era necesario esconderse para sobrevivir.

Los primeros de estos artefactos fueron muy rudimentarios y los humanos solo podían cazar animales grandes, pero permitió que la población creciera y que comenzaran a surgir las primeras Artes.

Mecanos, por su parte, descubrió el metal y se convirtió en un Creador para llevar este conocimiento al resto de planetas, al fin y al cabo, para esto nace un Creador, para compartir su poder y sabiduría. Aun así, los demás Creadores siempre vieron oscuridad en su ser.

El padre de Escultura se convirtió en Arte al inspirarse en su hijo para extrapolar sus creaciones a sus armas y se valió del descubrimiento de Mecanos, no solo para actualizarlas, mejorarlas y hacerlas más eficaces, sino que comenzó a personalizarlas y adornarlas en función de quién fuera a empuñarlas.

Aquí tenemos de nuevo la diferencia entre supervivencia y arte.

Mecanos no es un Creador exclusivamente por descubrir el metal, también desarrolló toda una tecnología entorno a él, utilizando sus dones para crear artilugios que mejoraran las habilidades de las Artes: martillos, pinceles, instrumentos…

; fabricó más inventos que el Inmortal Leonardo Da Vinci.

Ghurzlin , por decirlo de alguna manera, es a los humanos lo que Evolución es a Naturaleza.

En definitiva, Ghurzlin fue el descubridor de un material tremendamente importante en la larga historia de los humanos y, por tanto, se convirtió en el principal Creador representante de la Tecnología.

Pero debo decir que no es el único, hay más Creadores que representan alguna otra tecnología más específica.

Se me ocurre, por ejemplo, Cristal, a quien ya conociste por ser la Creadora de la tecnología mitzrariana.

Pero Mecanos sí es el único que fue humano.

Que el antropocentrismo no te haga olvidar el resto de planetas, y huelga decir que existen muchas Artes que no surgieron en la Tierra.

Y en cuanto a la segunda pregunta que he formulado al inicio de este capítulo: sí, existen Creadores de la ciencia y la mayoría son de origen gluboniano.

Como acostumbro a decirte, ya conocerás más.

—¡Esto es alucinante!

Todo su mundo se cernía sobre ella, por un momento sintió que su alrededor la estaba envolviendo e iba a tragársela.

Ya había experimentado ese mismo día la sensación de encogerse, pero ahora estaba alcanzando un tamaño asombrosamente diminuto.

La placa Petri crecía por debajo de ella, lo que antes había sido un pequeño recipiente circular de unos 12 centímetros de diámetro, continente de un puñado de tierra, ahora estaba alcanzando, desde su perspectiva, el tamaño de un enorme y redondo campo deportivo bastante desaliñado.

Y seguía creciendo. A medida que Júlia encogía, su alrededor no dejaba de expandirse, ese césped que antes estaba pisando ya no era capaz de vislumbrarlo, cuanto más menguaba, menos reconocía donde estaba.

El hecho de que nunca hayas estado en el mundo microscópico hace comprensible que no llegues a imaginar lo que verías si midieras una micra, que es una milésima parte de un milímetro.

Es complicado deducir dónde estás en el espacio imperceptible ya que para los microrganismos una piedra de apenas sesenta centímetros sería como un planeta para los humanos.

Cuando Irn y Júlia alcanzaron el tamaño típico de una bacteria, el mundo que les rodeaba parecía completamente otro, literalmente parecía un planeta de fantasía, rodeado de grandes cordilleras montañosas, gigantescos peñascos e inmensas plantas, que no eran más que pequeñas piedrecitas, motas de polvo y restos del césped de la pradera, pero vistos desde la perspectiva bacteriana.

La Elegida estaba entusiasmada, la curiosidad y un fuerte anhelo de conocimiento la invadieron.

No podía creerse que estaba viendo en primera persona el universo de los microorganismos, se sentía como el superhéroe «Antman» visitando el mundo cuántico.

Bendito Karnaut , que nos ha hecho a todos cinéfilos.

Aquella fracción del mundo microscópico dejó a Irn y Júlia embebidos en una inusual mezcla de colores y a merced de organismos que ya son capaces de haceros mucho daño a los humanos en vuestra escala natural.

Incluso lo que a tamaño normal sería agua o aire, desde esa perspectiva se convirtió en un fluido pegajoso, como telas de araña que te atraparían al más mínimo contacto.

Afortunadamente Irn tiene alas y pudo llevar a Júlia a visitar la placa Petri de manera segura, si no a saber qué le podría haber llegado a suceder a nuestra protagonista.

Júlia no daba crédito a lo que veían sus ojos.

Una gran cantidad de microorganismos rondaban a su alrededor, pero a pesar de sus estudios, muy pocos de ellos podía reconocer más allá de identificar sus peculiares formas.

No sé si estás familiarizado con la vida microscópica que hay en tu planeta.

Es cierto que los humanos habéis desarrollado técnicas para detectar estos diminutos seres de varias maneras, la última de ellas revolucionó el mundo de la biología y está basada en lo que vosotros llamáis ADN.

Sin embargo, a simple vista, es difícil diferenciar las distintas especies de microorganismos y, además, aún os queda mucho por descubrir.

Aunque debo reconocer que ya conocéis millones y millones de especies cuya morfología y fisiología podéis simular en vuestros potentes ordenadores y haceros una idea bastante acertada de sus características, pero claro, no es comparable a la increíble oportunidad que se le dio a Júlia de vivir en tiempo real cómo es ese minúsculo universo.

Aquel mundo estaba notoriamente dominado por las bacterias, la cantidad de ellas que la Elegida tenía bajo sus pies era inconmensurable.

Júlia pudo identificar con nitidez unas células redondas que reconoció como cocos, otras más alargadas que conocía como bacilos y otras formas más complejas, como unas bacterias helicoidales que los humanos bautizasteis como espiroquetas.

Algunas permanecían como individuos independientes y otras formaban distintas agrupaciones a las que también distéis sus curiosos nombrecitos, como los estafilococos.

Muchas de ellas se movían, nadando suavemente por el viscoso fluido, utilizando lo que denomináis cilios y flagelos, que son, respectivamente, unas estructuras cortas que podrían recordar a pelos y unas más largas y complejas que parecen tentáculos.

Algunas agrupaciones eran enormes y pegajosas, las bacterias se unían fuertemente entre sí formando biopelículas que cubrían superficies como extravagantes alfombras biológicas.

Un entramado de hileras, que podrían recordarte a cañas de bambú, formaba una urdimbre que se extendía sin control, como enredaderas que crecen desbocadas.

Júlia las reconoció fácilmente como hifas y micelios, las unidades estructurales de los hongos, que se extendían por todo el ambiente como las venas y arterias que recorren tu cuerpo, sirviendo a su entorno como sistema de comunicación y de transporte de nutrientes.