12 Tiempo todo lo cura #5
De pronto los laterales del autobús se abrieron y media docena de grandes motocicletas se descolgaron y empezaron a moverse automáticamente sin necesidad de conductor.
Las seis bicicletas motorizadas zigzagueaban para esquivar a las sobresaltadas Artes con el objetivo de rescatar a Magna que seguía inconsciente a pesar del empeño de algunas Artes por reanimarla.
Al percatarse de que aquellos vehículos solo querían rescatar a su compañera neutralizada, las Artes despejaron el camino y las dejaron actuar sin bajar la guardia.
Cuando las motos regresaron y los oscuros recuperaron a Magna, en el techo del autobús se desplegaron enormes hélices que empezaron a girar levantando el colectivo por los aires.
El autocar se esfumó y los oscuros con él.
—No entiendo nada —comentó Música con incredulidad.
—Hemos seguido exactamente las instrucciones de Guía —aseguró Arquitectura.
Cortina de humo, acción evasiva, subterfugio. Todo fue una trampa. Al otro lado del mundo, Anthropos perpetraba su verdadero plan.
Inmune al frío, caminaba manteniendo su temple, dejando sus huellas en la gruesa capa de nieve que le rodeaba.
No se veía nada más que nieve. Un tapiz blanco puro que se extendía kilómetros y kilómetros fusionándose con el cielo grisáceo, que amenazaba con más nieve.
No había vegetación, probablemente ningún tipo de vida era capaz de soportar temperaturas tan bajas, pero Anthropos siguió su camino en el níveo desierto, calmado, sosegado, como quien pasea despreocupado por un prado de briznas verdes en una apacible tarde primaveral.
Pronto encontró lo que buscaba.
Sin impedimento alguno, entró en una base militar, técnicamente secreta, donde tecnología de última generación, con aplicaciones demasiado peligrosas, era desarrollada y guardada con la esperanza de no tener que ser usada jamás —¿qué absurdo no?
—. ¿Sin impedimento? Está bien, hubo un pequeño obstáculo.
Anthropos se encontraba en la sala donde guardaban la pieza que tanto ansiaba, mirándola fijamente, era extremadamente pequeña, pero enormemente indispensable para él, una especie de microchip.
Los militares lo guardaban con recelo, envuelto por unos haces de luz a modo de barrotes sobre un pedestal.
—¡Quédese parado! —exclamó una soldado que se acercaba por la espalda a Anthropos apuntándole con su fusil de asalto—. ¿Qué les hiciste a mis compadres, malparido? —la chica tenía algo de acento colombiano.
—¿Cómo es posible? ¿Por qué no sucumbes a mí? —interpeló Anthropos extrañado.
—¡No se acerque o se las verá conmigo! —dijo ella que seguía apuntando a Anthropos sin mostrar un ápice de miedo o inseguridad.
Anthropos se concentró como hacía tiempo que no lo hacía. Alargó su mano en dirección a la mujer militar y puso todo su empeño en lograr invadir su mente, pero no hubo manera, Arhzlin no pudo hacer nada para controlarla.
Pasó al plan B. Comenzó a acercarse a la chica lentamente, dándole la oportunidad a la soldado de abrir fuego contra él, pero al igual que los poderes de Anthropos no funcionaron con ella, las balas tampoco lo hicieron contra él.
Arhzlin la agarró del cuello y, levantándola fácilmente, bajo la mirada de confusión y temor de la soldado, la lanzó al suelo con violencia, dejándola inconsciente.
Ahora sí, ya podía conseguir lo que quería sin impedimentos.
Las Artes no detectaron que estaban siendo víctimas de una elaborada superchería.
Todos habían fingido rodar una película para detener a los oscuros cuando, en realidad, los que estaban interpretando una escena eran Guerra y compañía mientras Anthropos alcanzaba el objetivo de conseguir la pieza que le faltaba a Mecanos.
Un murmullo se extendió por todos los componentes de la Hermandad, que seguían en el puente rojo sin saber muy bien cómo actuar.
Nadie lograba explicar lo acontecido, las caras de desconcierto estaban a la orden del día y la mayoría de ellas miraban a Karnaut , esperando impacientes a que diera una explicación de lo que acababa de suceder.
Karnaut calmó los ánimos, indicó a todos que recogieran el estropicio que se había formado en el campo de batalla y les prometió explicaciones pronto.
En ese momento, junto a Arquitectura, regresó al nuevo emplazamiento de la Hermandad y contactó con Guía para explicarle lo ocurrido con todo lujo de detalles.
—Mmm…, me temo que, si ha sucedido esto, es de esperar que Anthropos haya logrado hacerse con lo que quería —se lamentó Guía.
—¿Entonces nos han engañado? —preguntó Arquitectura.
—Ciertamente —contestó Guía.
El tiempo es una fuerza bastante complicada.
En concreto, discernir el futuro, es una tarea que se basa en las probabilidades.
Existe un número casi infinito de posibilidades futuras, todas ligadas a las decisiones que tomen todas y cada una de las criaturas vivas del universo.
Solo existe un ser capaz de llegar a predecir lo que está por venir, pero como ya te dije, su poder está muy limitado por la confidencialidad temporal de la que ya te daré más detalles. Como diría el propio Lanyur : yo al yo.
En ciertas ocasiones se ve obligado a desvelar acontecimientos futuros por el bien de otras formas de vida, aunque antes debe aclarar el camino que visualiza. ¿Seríais tú capaz de elegir una posibilidad entre infinitas?
Debo decir que cabe la posibilidad de que Lanyur lo supiera o tuviera una mayoritaria evidencia de que esto iba a ocurrir. En ocasiones, Tiempo realiza acciones que muchos podrían interpretar como tradición pero que su proyección en el futuro las hace indispensables.
Quizá Tiempo había observado que, en ese lugar, si no hubieran estado las Artes, habría sobrevenido una catástrofe o calamidad y que frenar la verdadera intención de Anthropos iría en contra del objetivo final: salvar vidas en oposición de las nefastas intenciones de los vasallos de Rou .
Tiempo suele aconsejar o instigar, pero nunca ordenar u obligar. Él ve, observa y analiza y solo cuenta algunos detalles a sus seguidores —entre los que me incluyo—, que suelen confiar en él, aunque Tiempo siempre les recuerda que tienen la elección de hacerle caso o no.
Yo te aconsejo que no te desesperes, que confíes en el tiempo, en Lanyur . Aunque a veces todo resulte misterioso e incomprensible hay que darle total confianza, ya que él todo lo ve, ya que él todo lo toca, ya que él todo lo cura.