12 Tiempo todo lo cura #4
Magna iba enfundada en un espectacular mono de cuero que trazaba a la perfección las curvas de su sinuoso cuerpo y era del mismo color que su monoplaza, también a juego con el casco que todavía sujetaba en sus brazos, dejando a la vista una melena larga y clara que ondeaba libre azotada por el viento salado.
Al ver la expresión azorada de Skate, le devolvió una mirada fulminante con sus ojos verdeazulados que fácilmente se podían confundir con el agua del mar que los rodeaba y que contrastaban, junto a su pelo blondo, con su conjunto completamente negro.
Se colocó el casco con firmeza, se acomodó en su asiento y empezó a hacer rugir el aerodinámico vehículo conforme bajaba la rampa que había formado esa puerta de la parte trasera del autobús.
En el momento que los neumáticos delanteros rozaron la calzada, Magna pisó a fondo el pedal del gas y el monoplaza aceleró a una velocidad desorbitante.
Por mucho aire que empleara Skate para su propulsión o para vencer cualquier resistencia que pudiera surgirle, como viajar a contraviento, su velocidad jamás podría acercarse, y mucho menos igualar, la que alcanzó en cuestión de segundos la fabricación mecánica de Magna e, irrebatiblemente, si un choque frontal aconteciera, la victoria de Magna sería, literalmente, aplastante, por lo que Skate decidió dar media vuelta.
No solo él se percató de que los oscuros embestían con fuerza e iban a necesitar muchos de sus recursos para hacerles frente.
Ante la ofensiva de Magna, dos Artes que todavía no conoces, salieron disparadas en auxilio de Skate ya que, a pesar de que llevaba una velocidad alarmante, Magna recortaba distancias sin necesidad de pisar a fondo su acelerador.
Estas dos Artes fueron Patinaje y Ciclismo, las dos que completan el grupo de cuatro Artes que representan los deportes mecánicos.
La historia del origen de Patinaje comienza en un frío invierno que llenaba las calles de la ciudad de los primeros hombres de una gruesa capa de nieve y, a su vez, la vaciaba de habitantes que se refugiaban en sus casas buscaban el calor de sus hogueras.
Esta ciudad contaba en su territorio con una pequeña isla de zonas montañosas y terrenos escarpados, rodeada de un mar profundo, pero en conexión con la urbe por un estrechamiento que en esta dura estación se congelaba.
Patinaje, cuyo pasado nombre era Shurka , insertó en sus zapatos un fragmento metálico que hacía las veces de cuchilla con el objetivo de cruzar fácilmente ese camino helado, aunque no fue sencillo.
Los primeros deslizamientos de Shurka por el hielo acabaron en tremendas caídas.
Al principio, solo consiguió avanzar renqueando y con las rodillas temblorosas por la inestabilidad que le producían sus nuevos improvisados patines.
Cuando trataba de avanzar lentamente, el resbaladizo hielo le ocasionaba caídas realmente aparatosas y peligrosas por lo afilado de sus cuchillas; incluso en uno de sus intentos por patinar sobre el hielo, la cuchilla izquierda se quedó incrustada en el suelo helado y ella salió despedida hacia delante, frenando su inesperado vuelo con la cara y quedando inconsciente brevemente.
Se despertó unos minutos después por el terrible dolor que le provocó una quemadura en su mejilla causada por el contacto con la glacial agua sólida por la que intentaba transitar.
Tras varias horas de batacazos al fin pudo flotar por el hielo, después de todo, no aprendemos a levantarnos sin antes caernos.
Claro que cuando cruzó el frío estrecho y tocó tierra, sus ingeniosos patines dejaron de ser útiles en el territorio abrupto de la isla.
Se enfrentaba a un nuevo reto, pero no le costó demasiado resolverlo; inspirada por las toscas ruedas que sus comarcanos empleaba en los carromatos o en esas cuadrigas de las que te he hablado cuando te contaba la historia de Magna, fabricó unas análogas mucho más pequeñas para adaptarlas a sus zapatos.
Lo que vino después ya te lo imaginarás.
La historia de Ciclismo se remonta más allá de la Gran Guerra, ya en la Tierra del libre albedrío.
El que se consideró su creador fue un hombre de origen egipcio llamado Bes que se dedicaba a trabajar la madera y de esta forma construyó una especie de bicicleta muy rudimentaria.
Un celerífero lignario constituido por dos ruedas unidas entre sí con un grueso listón, sobre las que descansaba una tablazón también de madera y que carecía de un sistema de cadenas, por lo que se impulsaba y se frenaba con los pies.
Tanto Shurka , como Karela y Quontar fueron más allá; no se anclaron en el mero trasporte, utilizaron sus inventos o se apoyaron en sus compañeros de otra especie para mucho más que eso: piruetas, giros, acrobacias, competiciones…
es decir, emplearon sus ideas para expresar sentimientos o deseos, del mismo modo que ocurre con el baile, pero con otros objetos o seres, dando origen a una nueva manera de inspiración artística.
El caso de Ciclismo fue algo diferente. Por supuesto, el arte reside en ir más allá del mero transporte y Ciclismo también expresó, con su disciplina, sus anhelos e inspiraciones, pero nada tenían que ver con usar su velocípedo para hacer giros y volteretas.
Lo que llevó a Bes a construir su biciclo fue un sentimiento constante de superación propia ya que este hombre casi llegó a visitar el mundo entero pedaleando —más bien pataleando—, él mismo dice que lo más divertido era escalar con su bicicleta montañas pedregosas y llegar a la cima impregnándose de un orgullo y una euforia desenfrenada, esto es lo que expresaba Bes .
Huelga decir que estas Artes, así como muchas otras, ya no usan sus primeras creaciones.
Con el paso de los años se fueron modernizando, sí, pero ese no es el quid de la cuestión.
Ya sean vehículos, instrumentos, cámaras o cualquier otra cosa que se te ocurra, todas están fabricadas con materiales de origen vegetal y no portan ni pizca de metal.
Está bien, hay Artes, como Fotografía, a las que les gustan las nuevas tecnologías, pero siempre tienen algún objeto desprovisto de metal.
Recuerda aquel día en que Anthropos intentó, en vano, invadir la Hermandad, Fotografía quedó inconsciente al tratar de defenderse con una de sus cámaras más vanguardistas, pero Mecanos le aturdió y la manipuló sin dificultad.
No obstante, al recobrar la consciencia atacó a Anthropos con una diminuta cámara y, en este caso, Mecanos no pudo controlarla, no estaba hecha de metal.
Volvemos a la acción. Ciclismo y Patinaje se pusieron en marcha rumbo a socorrer a un Skate al que Magna pisaba los talones.
El atuendo de Ciclismo era el típico maillot ajustado de los ciclistas con unas mallas igualmente estrechas y una protección craneal a juego con todo el conjunto que, según él, aumenta su velocidad.
En cambio Patinaje, harta de tantas caídas y hematomas, iba bien protegida con ropajes duros y resistentes.
Desde los extremos de la colgante pasarela miraban expectantes todos los transeúntes que curiosos se paraban a ver el espectáculo mientras los guardias de la ciudad vigilaban que nadie sobrepasara las barreras.
Apoyados en una de esas balizas rojas y blancas de polietileno que delimitaban el área de seguridad, dos de los agentes haraganeaban y miraban despreocupados hacia lo que ellos creían que era un set de rodaje.
—¿Quiénes hacen la peli? —preguntaba uno de ellos a su compañero.
—Será otra de esas de a todo gas —contestaba el otro agente.
Patinaje y Ciclismo iban a la par, acercándose a Skate a velocidad alarmante, imperturbables al viento lateral que les golpeaba y que bien debería haberlos desequilibrado.
Cuando lo alcanzaron, empleando las mismas habilidades en el manejo del ain que los tres comparten, se impulsaron sin amilanarse y le dieron tal súbito empujón que a Skate se le escapó un agudo chillido eufórico, tal como pasa en las montañas rusas, y consiguieron devolverle a la zona donde estaban los demás, preparados para su posible intervención.
Para más inri, este toque propulsor generó una onda expansiva que enturbió la vista de Magna.
Ciclismo y Patinaje se desviaron de la trayectoria del coche que comenzaba a perder la linealidad en su recorrido y, cuando se disipó la onda y Magna recuperó su visibilidad, se topó con Escultura, que golpeó con la mano cerrada el asfalto levantando un sólido muro con el que Magna chocó sin poder maniobrar.
Escultura tuvo la decencia de no levantar un muro demasiado elevado para evitar que Magna sufriera las consecuencias de semejante impacto a una velocidad implacable y, tras la fuerte colisión, Karela salió despedida por encima de este, cayendo en el suelo sin más secuelas que una pérdida de conocimiento fruto del golpe seco.
Inmediatamente muchas Artes se apresuraron a socorrerla.
A la par de estos hechos, Guerra se dedicó a enderezar de nuevo el autocar y observar la escena en la distancia.
Tras el accidente de Magna aceleró cuanto pudo y pisó el freno hasta el fondo, llegando incluso a quemar las ruedas, para detener el enorme vehículo a pocos metros del siniestrado fórmula uno.
Desde su posición elevada en el asiento del conductor, comenzó a reírse exageradamente, exhalando malévolas carcajadas.
—¡No aprendéis nunca! —exclamó Guerra.
Desde el asiento del copiloto, Rouna le dedicó una sonrisa pendenciera a su hijo Escultura que le devolvió una mirada furiosa, mientras Tatuaje parecía angustiado con la situación.