12 Tiempo todo lo cura #3
Y dicho esto, continúo con el suceso que nos concierne.
El cielo lucía despejado, dejando que Sol, intenso y brillante en lo más alto, disfrutara del espectáculo.
El mar abierto cruzaba por debajo del puente con suaves olas que crecían de vez en cuando al ser embestidas por ligeras ráfagas de viento que amortiguaban la temperatura de aquel caluroso día.
Mientras todas las Artes, incluida las principales, fingían acondicionar un plató en aquella estructura de conexión terrestre, Teatro había asumido ahora el papel de agente de la ley y se encontraba en uno de los extremos bloqueados del puente, fingiendo organizar y tranquilizar al aglutinado de vehículos que comenzaba a formarse debido al cierre de la circulación.
Lo que realmente hacía era esperar al final del atasco a que apareciera el autobús de los oscuros.
Los carriles de circulación contraria también se encontraban bloqueados, pero por un falso coche de policía con el que se había hecho Teatro y que mantenía esos carriles libres de otros vehículos para poder proceder adecuadamente con la siguiente fase del plan.
Al percatarse Teatro de la llegada del autocar, pensó «¡acción!
», se puso la gorra de policía y simuló hacer su trabajo, sosegando el ánimo de los damnificados por el embotellamiento, libreta en mano y silbato en boca.
El autobús estaba siendo conducido por Guerra que al ver el atasco se paró frente a Teatro y bajó la ventanilla.
—¡Oye! —exclamó Guerra al supuesto agente, Teatro se giró.
—¿Sí? —respondió este con seriedad.
—¡Se puede saber qué pasa! —dijo Guerra malhumorado.
—¡Ah! Sois vosotros, el director nos comentó que faltaba por llegar el elenco de actores y que vendrían en un autobús como este. Os escoltaré hasta el puente ¡seguidme! —Teatro se montó en el coche patrulla, encendió las luces y la sirena y acompañó al autocar hasta la entrada del gigante rojizo.
El autobús donde iban los Creadores Oscuros era de un tamaño desmesurado, casi parecía un tanque de color negro y ninguna de las lunas dejaba ver el interior, pero ya te digo yo que Tatuaje, Rouna y Guerra no eran lo único que escondía este transporte bélico ideado por Mecanos.
Los flancos del vehículo estaban reforzados con varias capas metálicas, las chapas que recubrían las ruedas sobresalían y el frontal portaba una arrastradora a modo de ariete.
Los curiosos peatones que se habían acercado a husmear, así como los conductores víctimas del atasco, que salían de sus vehículos para estirar las piernas y vencer al tedio, se quedaron anonadados, patidifusos al contemplar tan monstruoso artefacto de transporte.
—Esto es muy extraño —dijo Tatuaje nervioso.
—¡JA! —exclamó Rouna con su voz grave—. Seguro que nos están esperando, está claro que es una trampa.
—¡Genial! —replicó Guerra—. Quiero sacar a pasear mi hacha, hace mucho que no se divierte.
Se acercaba el coche conducido por Teatro, seguido por el autobús, a la entrada de la majestuosa obra arquitectónica cuando las Artes vieron esa monstruosidad rodante y de inmediato comenzaron a ponerse en guardia.
—Ji, ji, ji, ji —rio Pintura—. No me esperaba que fuese tan grande.
—Estamos preparados —afirmó Baile crujiéndose los nudillos.
—Veamos si podemos terminar con esto pronto —dijo Karnaut —. ¡ Quontar adelante!
Este al que Karnaut instó para pergeñar su parte del plan es otro Arte perteneciente al grupo de los deportes, específicamente a los mecánicos como el ciclismo o los deportes de motor.
Quontar , en concreto, representa a los deportes urbanos que suelen popularizarse en la edad adolescente en los que se emplea algún tipo de vehículo de los que habéis acuñado como monopatín o patinete, es decir, personifica deportes como el «skateboarding» o el «scootering».
Para facilitarte la lectura, es posible que me refiera a este Arte como: Skate.
Son cuatro los Creadores, uno de ellos ahora corrompido por la oscuridad, que engloban todos estos deportes de movilidad extrahumana.
Quontar fue una de las nuevas artes de la tercera generación surgidas tras la Gran Guerra cuando, después de millones de años, un ingenioso humano como tú inventó la rueda y la usó para desplazarse.
Este hito de la humanidad moderna —recuerda que los Creadores dividimos a la humanidad en dos: la que surgió con el origen del universo que ahora ya conoces y la emergida tras la Gran Guerra, la del libre albedrío, a la que tú perteneces— sucedió en una época a la que llamáis Paleolítico y me resulta sumamente curioso que a día de hoy no hayáis encontrado ningún fósil de este primer monopatín que se creó en la nueva etapa de la Tierra.
Los humanos datáis el origen de esta modalidad deportiva en hace tan solo setenta años, cuando unos surfistas quisieron hacer sus trucos en suelo firme, aunque como te he dicho, no fue así.
Quontar , durante su período humano, no solo inventó la rueda para desplazarse con ella, sino que realizaba toda clase de piruetas y filigranas tal y como pasa hoy en día, por esto se convirtió en un arte.
El aspecto de Skate es muy juvenil, a mí personalmente me recuerda a Fotografía, solo que Quontar es un mozalbete de puro estilo callejero que luce ropa holgada, dos o tres tallas por encima de la que le correspondería.
Los vaqueros bombachos que suele vestir los lleva colocados peligrosamente en el límite de su cadera pero siempre están bien cubiertos por alguna de sus sudaderas extragrandes.
Un detalle muy característico de él es que siempre lleva una gorra colocada del revés.
No me preguntes por qué, yo no le encuentro la utilidad.
Aquel día conducía un monopatín de gran longitud y decorado con llamativos colores que fluían por la tabla como las olas del mar y le conducían a gran velocidad en dirección al autocar, creando la ilusión de estar desplazándose sobre un arcoíris.
La brisa marina golpeaba su joven semblante y un ligero torbellino se creó tras él y le empujó con fuerza hacia su objetivo.
Skate tiene un gran dominio del elemento ain y emplea sus dones para propulsarse y surfear el viento con fluidez, no necesita usar sus pies para impulsarse, simplemente se deja llevar como un ave migratoria que se dirige a su destino siguiendo las carreteras imaginarias que forman las corrientes de aire en el cielo.
—¡Mirad! ¡Aquí vienen! —exclamó Guerra viendo cómo se acercaba Skate—. ¡Demuestra que eres la mejor! —lanzó un grito que iba dirigido a alguien que se encontraba en la cola del autocar.
Un fuerte volantazo siguió al grito de Guerra y una violenta sacudida colocó al autobús del revés para continuar circulando en el mismo sentido pero marcha atrás.
Una gran compuerta que ocupaba toda la parte trasera del gigantesco vehículo se abrió súbitamente, dando una espectacular entrada a escena a una imponente mujer que sostenía un casco bajo su brazo derecho y esperaba su turno sobre un automóvil de una sola plaza ultraligero y fino, de los que mantienen a sus pilotos a ras del suelo, de color intensamente negro mate con un chasis delantero de pareidolia desafiante, a juego con la mirada enconada de su conductora.
Ella era Magna. Una mujer de la época de los primeros humanos, llamada por entonces Karela , de personalidad exploradora que atravesaba continuamente las fronteras de la Tierra de antaño en busca de nuevos retos a lomos de un inaudito animal que la acompañaba gratamente, también ávido de aventuras.
Su muy querido amigo era un ejemplar equino poco convencional que no tenía pelo, sino que su lomo estaba cubierto de vegetación, como un tapiz de plantas rastreras sujeto a las inclemencias de las estaciones, que iba cambiando en consonancia con las temporadas climáticas.
Una de las tantas criaturas que se perdieron.
Karela fue la primera humana en viajar gracias a la acción de un animal y se convirtió en arte porque, tal como ocurriría con Skate en la nueva vida, no se limitaba a desplazarse sobre su extraordinario corcel, sino que juntos hacían coreografías y saltos asombrosos que llamaban la atención de quien los presenciaba e inspiraba a otros a practicar sus hazañas hípicas.
Tal fue la extensión de este naciente arte, que Karela comenzó a organizar unas competiciones que, para que tengas un referente, se parecían mucho a las carreras de cuadrigas.
Tristemente aquella mujer fuerte y llena de luz fue corrompida por Mecanos y toda ella se volvió oscura.
Con el tiempo, su original actividad a lomos de un animal se convirtió en un gran deporte y evolucionó asombrosamente.
Numerosas modalidades surgieron de él, cabalgando tanto sobre distintos animales como, años después, sobre vehículos motorizados.
Hoy en día, Karela , o más bien Magna —nombre que le dieron las Artes, pues significa «motor» en maltés— representa a cualquier deporte que vaya más allá del esfuerzo físico del humano, es decir, que se centre en el esfuerzo físico de un animal o una máquina.
Lamentablemente, también de ella derivan los artefactos de transporte usados en conflictos bélicos y toda la industria militar surgida a su alrededor y destinada a su mantenimiento y abastecimiento que, al fin y al cabo, realizan explotaciones y sesgan vidas, incluyendo propias vidas humanas, sin responsabilidad y sin respeto hacia Naturaleza.
—¡Oh, tío! —exclamó Skate sobresaltado al ver a Magna.