10 El equilibrio #4
Cuando nuestra protagonista cruzó el pasillo de la vergüenza, recuerda que se alegró al reconocer el nombre de un animal que ella creía extinto en uno de los tablones vacíos.
Bien pues ahí estaba, ¡un auténtico megalodón!
Si no conoces a este mítico animal solo tienes que imaginar a un gran tiburón blanco de más de veinte metros, seguro que en algún portal de ese internet vuestro existe multitud de información sobre esta grandiosa bestia marina, de hecho, tengo bien sabido que incluso albergan vídeos de la época actual, no revelaré cuál, pero uno de ellos logró filmar al verdadero, al que, en esos momentos, estaba acechando a la Elegida y a Evolución.
Montada de pie sobre él, surcaba el mar la segunda de los Natura, la protectora del agua, Arhzlinlea , aunque suelen llamarle Lea para abreviar.
Lea era una mujer de cabello largo, liso y negro azabache, que lucía seco y sedoso a pesar de estar en el agua salada.
Tenía rasgos faciales de origen asiático y vestía una armadura que parecía el caparazón de un cangrejo azul oscuro.
En su mano derecha portaba un báculo hecho de madera retorcida más alto que ella, que terminaba con una brillante piedra amarilla apoyada en su extremo.
Finalmente Lea y su magnífico acompañante se detuvieron junto a Evolución y Júlia.
En humanas palabras, la cara de la Elegida era un poema, no daba crédito a lo que estaba viendo.
Usando su cetro, Lea les indicó que se montaran en el megalodón y, una vez subieron sobre él, Evolución le hizo gestos a Lea para que continuaran la marcha.
Por el camino, Júlia no desaprovechó aquella oportunidad y no dejó de escudriñar a aquel animal para no perder detalle de esa criatura que se pensaba extinta.
Pasaron un largo rato descendiendo suavemente a bordo del gigantesco tiburón.
Júlia seguía alucinando porque no sentía ni la más mínima presión en sus oídos a pesar de la profundidad a la que se encontraban y no dejaba de disfrutar de la nueva y extraña sensación que le producía respirar bajo el agua.
Poco a poco y pese a la oscuridad que reinaba en el océano profundo, pudieron avistar un gran cúmulo de rocas que se alzaban creando una espectacular montaña submarina.
El megalodón se detuvo en aquel punto y Júlia descubrió aquella cordillera subacuática frente a sus atónitos ojos cada vez más acostumbrados a la oscuridad.
Lea y Evolución desembarcaron del megalodón y nadaron para acercarse a esa barrera rocosa mientras Júlia les seguía expectante.
Al llegar a una de las paredes de la sierra marina, Lea colocó su bastón en una pequeña hendidura provocando un fuerte y fugaz maremoto que hizo que se abriera un gran agujero, que se extendió a lo largo de toda la pared y formó una enorme grieta en toda su extensión.
La marea quedó imperturbable a la apertura recién creada, el agua no cayó por la grieta, sino que se mantuvo como una especie de cortina que impedía observar lo que había tras ella.
Júlia acercó su mano al velo acuático y, al atravesarlo, se dio cuenta de que, tras la enorme abertura, no había agua.
Esta fluía con normalidad alrededor de la pared, y se comportaba como si aquella brecha nunca se hubiera abierto.
Los tres atravesaron el agujero inicial que Lea abrió con su bastón y cayeron en el interior de una oscura y húmeda caverna; La Natura y Evolución aterrizaron de pie; estaba claro que no era la primera vez que visitaban ese lugar, pero Júlia, que no sabía lo que le esperaba al otro lado de la cortina de agua, cayó de bruces y tuvo que apoyar sus manos en el suelo para no aterrizar de boca.
Cuando se recompuso de la caída, se levantó y oteó el extraño lugar en el que se hallaba.
Aquella caverna se veía ligeramente iluminada por una tenue luz que Júlia no lograba advertir de dónde procedía, estaban literalmente en las profundidades del océano y no conseguía explicárselo, pero bueno, a esas alturas, tampoco le extrañó excesivamente, a ti te diré que en el techo de aquella gruta se escondía una piedra utg puesta ahí por Lea cuando descubrió el lugar.
La abismal cueva estaba casi vacía, solo se alzaba, en el centro de la pared opuesta al punto de entrada, una gran puerta de doble hoja que parecía estar esculpida en la roca, con un montante redondo sobre ella.
A ambos lados de la puerta, sobre dos pedestales, se podían diferenciar las esculturas de Bonlur y Lanyur y de la cúspide de la puerta surgía una delgada peana sobre la que reposaba la escultura de Uor , nuestra madre.
En el montante de la puerta, había grabado un emblema extraño; era una especie de sol separado en dos mitades, una más oscura que la otra, pero el centro de cada parte albergaba una pequeña espiral del color de la opuesta.
—Bienvenida Júlia, esta es la entrada del gran templo de la antigua ciudad de los primeros humanos —aclaró Evolución—. Ella es la segunda Natura, la que protege a las criaturas acuáticas, Arhzlinlea , la primera humana de agua, la llaman Lea .
—Encantada Lea , yo soy Júlia, bueno… la Elegida—. Júlia se acercó a ella para saludarla, Lea dio un paso atrás y se inclinó ligeramente hacia adelante saludando.
—No lo tomes como algo personal —interrumpió Evolución—. No suele hablar y mucho menos le gusta el contacto humano —explicó el Creador—. Y es un poco arisca —le susurró a Júlia, a lo que Lea realizó un gesto de asco—. ¿Recuerdas la historia de cuando se nombró al primer Natura?
—Sí, cuando le dieron los dones a Arhz —contestó Júlia.
— Thrithri concedió a Lea el mismo don de la comunicación con los animales que a Arhz y también la capacidad de desenvolverse en el agua como si perteneciera a ella.
Tiene mucha fuerza, para soportar grandes presiones y moverse con agilidad, y evidentemente puede respirar.
—Dramatizando las palabras de Evolución, Lea alzó los brazos luciendo sus bíceps.
—¿Eres «Aquaman»? —bromeó Júlia haciendo reír a Lea y Evolución.
—Este báculo —continuó Evolución—, fue el regalo de nuestra madre, una prolongación de su poder; es una poderosa arma y también le ayuda a mantenerse en Meg. — Lea, con gesto orgulloso, asintió con la cabeza.
—¿El megalodón se llama Meg? —preguntó Júlia esbozando una sonrisa, y provocando otra en Lea .
—Claro, ¿quién va a ser sino? —respondió Evolución.
—¿Por qué estamos aquí? —preguntó Júlia.
—Esta entrada, que no da a ningún lugar, es lo único que no desapareció tras la Gran Decadencia después de la Gran Guerra —explicó Evolución a Júlia. Lea , por su parte, puso gesto de pereza y se sentó bruscamente en el suelo.
—Ya empezamos, ¿todo es grande? —comentó Júlia.
—Son acontecimientos muy significativos —respondió Evolución.
Júlia desvió su mirada del Creador y la posó sobre las magníficas esculturas de la puerta y el extraño grabado que te he mencionado.
—Esos son Universo, Tiempo y Energía, pero ¿y ese símbolo? —preguntó Júlia señalando el emblema.
—Representa el equilibrio entre lo que vosotros llamáis el bien y el mal —aclaró Evolución.
—¿Cómo el yin y el yang? —comparó Júlia.
—Sí igual. —Evolución usó un tono irónico, pero es una idea parecida—.
Ese símbolo son Uor y Rou , dando vueltas en un infinito, no puede existir uno sin el otro, forman parte de un todo, no podría existir la valentía si no existiera el miedo, todo es necesario, es lo que te decía Karnaut esta mañana, surgió Amz y casi inmediatamente Odz , pero estas dualidades se remontan al mismo Arhz ther Arhz , Oscuridad y Energía —dijo Evolución levantando una mano y luego la otra—, debe haber equilibrio —añadió juntando las dos palmas—. Uorrou , es su nombre en gluboniano.
—¿ Uorrou ? ¡Qué originales! —se burló Júlia de Evolución que simplemente ignoró el comentario y siguió con su perorata.
—Los grandes acontecimientos aparecen cuando se pierde este equilibrio y, que casualidad, siempre es Rou quién lo provoca. —Mientras Evolución explicaba este concepto, Lea , que estaba a sus espaldas, hacía burlas y bostezaba y Júlia tenía que taparse la boca para disimular la risa.
—Pues lo que he dicho yo, el yin y yang. — Lea le dio la razón con un movimiento de cabeza, justo cuando Evolución se giró y la vio, Lea disimuló exageradamente.
—Que listas sois las dos, bueno va siendo hora de que volvamos, se hace tarde.
Evolución tomó su piedra Bonlur e invocó de nuevo uno de esos portales teletransportadores, entonces Lea se levantó y se despidió a lo lejos con su mano, hizo una reverencia a la Elegida que esta le devolvió y, seguidamente regresó al mar por la grieta para reunirse con su compañera Meg.
—Si puedes hacer aparecer estos portales donde sea, ¿¡por qué yo me he tenido que lanzar de un puñetero acantilado enorme!? —preguntó Júlia a Evolución que la miraba divertido.
—No me negarás que nadar sobre tiburones o surcar las profundidades oceánicas sobre un megalodón es mucho más emocionante —le contestó Evolución risueño.
—Pues también es verdad —respondió tajante Júlia, soltando una carcajada.