10 El equilibrio #3
Pero, aunque Karnaut haya traducido a Odz como Odio, eso que los tuyos interpretáis como odio propiamente dicho, no está entre las emociones representadas por Odz .
El odio, esa sensación entendida como una ira desmedida hacia alguien o algo al que solo eres capaz de desear la desgracia, que te invade, que inunda cada rincón de tu ser, que te reconcome y te impide sentir cualquier otra cosa.
Ese es un sentimiento que ningún Creador representará nunca, solo los seguidores de la oscuridad.
Por tanto, cuando Karnaut decía aquello de «¿Tanto odio?
», no estaba hablando de Odz , se estaba refiriendo a las emociones naturales de Rou : odio, estrictamente hablando, ira, celos, envidia, ambición, rechazo, codicia y algunas otras que poco aportan a las personas.
Aunque me veo en la obligación de defenderte un poco, a ti y a los tuyos, pues no lo habéis tenido nada fácil.
La ambición es un sentimiento muy poderoso a la par que oscuro.
Y además te confieso que no estoy de acuerdo con «el libre albedrío» ya que condenó a este planeta.
¿Condenaros a qué? No creo que sea necesario explicarlo, supongo que conocerás las consecuencias de la ambición humana.
—Los humanos debemos estar muy mal vistos en el resto del universo —comentó apenada Júlia.
—No te creas, hay muchos que adoran a los humanos, sobre todo por las Artes—explicó Karnaut .
—¿Universo no siente un poco de odio a los humanos? —preguntó Júlia. Evolución y Karnaut se miraron fugazmente, Evolución se levantó y dijo:
—Júlia, ¿te acuerdas lo que dijo Guía?
—¿Lo de no hacer preguntas? —contestó Júlia con mirada esquiva.
—Así es —dijo Evolución.
—Vamos, que voy a tener que quedarme con la intriga —dijo indignada Júlia.
—Júlia siento informarte que debo deshacerme de este televisor —anunció Karnaut .
—Ya me lo imaginaba —acató Júlia.
—No me malinterpretes, es por seguridad, aunque Mecanos esté preso, la tecnología de la actualidad no es bien recibida aquí —explicó Karnaut .
—Te contradices —reprochó Júlia—. En esta habitación hay una bombilla, una cama una estantería ¿no es todo esto tecnología?
—Sí, pero las Artes pudimos proteger ciertos materiales, como si tuviéramos los derechos, Mecanos solo puede manipular la tecnología fabricada con metales, Arquitectura te lo explicará mejor —aclaró Karnaut —.
Sobre las bombillas — Karnaut se estiró para coger el iluminado vidrio—, no son bombillas, es tecnología mitzrariana y, como Mecanos, su descubridora se convirtió en Creadora.
Karnaut está hablando de Cristal, cuyo nombre en gluboniano, Cratzra , significa: «contener en sólido».
Ella es una Creadora de origen mitzrariano que representa la tecnología de este planeta, basada en cristales y elementos, como las piedras de Universo y Tiempo ¿te habíais planteado que esto, en el fondo, también era tecnología?
No solo hay cristales con estos poderosos dones, los hay de todo tipo; en el caso de la Hermandad no hay bombillas, sino cristales que guardan utg .
El portero automático que aparece en el tercer capítulo no es uno de invención humana, sino que es también una piedra de Bonlur , así como la llave para poder acceder a la Hermandad, o las piedras que usa Arquitectura para proteger las habitaciones y otros espacios.
En definitiva, cualquier cosa que te parezca tecnología humana en la Hermandad, realmente es tecnología mitzrariana, difícilmente inquebrantable para Mecanos.
Claramente, Júlia abrió la boca para preguntar acerca de esa Creadora descubridora de esas piedras que ella había creído bombillas, pero Evolución se le adelantó.
—Ya hemos perdido mucho tiempo, y él no espera a nadie —mencionó Evolución, interrumpiendo la tentativa de pregunta de Júlia.
Karnaut y Evolución dieron a Júlia unos escasos minutos para asearse y comer algo y ella, a regañadientes, se puso manos a la obra para alistarse lo antes posible. Pasados esos minutos, Evolución volvió a por ella y juntos salieron de la Hermandad a través del portal que abría la piedra de Bonlur .
Aquel transporte mágico les dejó sobre un espectacular prado verde oscuro, un lugar virgen donde no había ni un atisbo de rastros humanos.
Desde aquel punto no se veían casas, carreteras, coches o cualquier otro indicio que indicara que aquel lugar había sido colonizado por las personas.
Solo había un pequeño sendero natural de hierba fina y corta, que parecía haber sido cubierto por una verdosa y húmeda moqueta, rodeado por algunas solitarias flores que crecían tímidas en aquella infinita llanura.
El camino recorría, con trayectoria sinuosa, unos majestuosos acantilados negros de dolerita, que caían verticalmente hasta el embravecido mar.
Aquel día, el cielo estaba nublado y tormentoso y el mar enrarecido golpeaba y erosionaba furiosamente los muros de roca con sus fuertes embates, acompañado por las intensas ráfagas de viento que arreciaban con violencia y provocaban una peligrosa inestabilidad a aquel que se atrevía a acercarse al límite del precipicio.
Júlia se llevó un buen susto de la impresión de ver la caída de más de cien metros que había hasta el agua y del fuerte viento que le impedía escuchar algo que no fueran los fuertes rugidos de las olas.
—¡Tenemos que sumergirnos! —dijo Evolución gritando para sobreponerse al fuerte viento mientras señalaba el voraz oleaje.
—¿¡Estás loco!? —contestó Júlia, con su tez completamente descompuesta por la noticia.
Evolución puso delicadamente sus manos alrededor del tenso cuello de Júlia y estas comenzaron a brillar.
Cuando separo sus palmas, Júlia empezó a sentir un terrible dolor y a notar intensas punzadas en la zona que había tocado Evolución.
Se llevó las manos a su dolorido cuello y, de pronto, la piel vibró abriéndose y la chica palpó la zona, identificando atónita que le estaban saliendo branquias.
—¿¡Qué es esto!? —exclamó Júlia que hiperventilaba debido al dolor que había sentido.
—¡Será útil para el lugar a donde vamos! —explicó a voces Evolución.
—Pero…, ¿¡cómo!? —preguntó confusa Júlia acariciando sus agallas.
—¡Puedo modificar a las formas de vida! —aclaró Evolución—. ¡Siempre y cuando me parezca necesario! ¡Vamos! —Evolución empujó a Júlia al mar y esta, obviamente, soltó un grito que habría sido ensordecedor si no hubiera quedado ahogado por el sonido del viento y los golpes del mar bravo.
La caída fue aterradora para Júlia, que solo vía acercarse las rocas puntiagudas sobre las que el mar chocaba con intensidad.
No obstante, a las branquias que le había concedido Evolución, se le sumaron unas membranas interdigitales en manos y pies y su cuerpo rompió limpiamente la tensión superficial del agua y se hundió en ella con naturalidad, como si siempre hubiera pertenecido a aquel medio líquido, sin apenas sentir la fiereza que ese día dominaba la marea.
Podía nadar con soltura y, lo mejor de todo, ¡podía respirar!
Evolución también saltó del acantilado y, al caer al agua, tomó una postura de flor de loto, con los ojos cerrados y quedó flotando a la deriva, meditabundo, mientras Júlia disfrutaba del buceo, haciendo piruetas y giros gracias a sus recién estrenadas habilidades.
Tras un largo rato en el que estuvieron ellos solos en las profundidades, un par de sombras empezaron a divisarse en la lejanía.
Júlia entró en pánico al apreciar que lo que se acercaba hacia ella a toda velocidad parecían tiburones, de hecho, así era, en dirección a ellos se dirigían raudos dos tiburones mako, uno de los peces más veloces del océano.
La Elegida nadó hacia Evolución, que seguía en esa especie de trance, y lo agitó bruscamente mientras señalaba horrorizada hacia los fieros lámnidos.
Evolución abrió los ojos e hizo señas a Júlia para que se calmara y ella, más tranquila, pudo apreciar que los escualos estaban frenando cerca de ellos, luego dieron media vuelta y se colocaron a su lado.
Júlia no pudo contenerse y los acarició, y los elasmobranquios de casi cuatro metros de longitud recibieron gratamente el cariño de la Elegida.
Thitz se colocó encima de uno de los marrajos, se agarró fuertemente abrazándolo y luego le indicó a Júlia que se subiera en el otro.
Tan pronto como ella se montó, los tiburones salieron disparados y Júlia empezó a gritar mientras Evolución se reía a carcajadas.
Después de varias horas de buceo cabalgando sobre los mako, las lamniformes criaturas frenaron en seco y empezaron a ponerse nerviosas.
Evolución dejó libre al pobre tiburón que montaba y este huyó despavorido.
Luego pidió sosiego a Júlia que también había comenzado a alterarse porque su tiburón estaba intentando deshacerse de ella como si se tratara de un toro mecánico.
Evolución cogió una mano a Júlia, tiró de ella y finalmente liberaron al acuático animal que también se apresuró en su marcha.
¿Me preguntas que por qué se asustaron estos increíbles seres?
Fue debido a otro animal, que parecía muchísimo más grande que los mako y se acercaba con movimiento zigzagueante lenta y solemnemente a Evolución y Júlia.
La Elegida se colocó rápidamente tras Evolución para protegerse, y miro a través de su hombro con cautela.
Conforme se acercaba este misterioso animal, se iba haciendo clara su figura, parecía un tiburón blanco, aunque bastante más grande de lo normal, Júlia no se lo creía, como decís vosotros, flipó en colores.