Júlia y los Creadores. Cambiar o Morir 9 El santuario de Thrithri #3
44%

9 El santuario de Thrithri #3

—Hola, Micra, ¿estás muy ocupada? —preguntó Arhz .

—No, no, tranquilos, pasad —dijo con tono irónico Micra.

—Hola yo soy Júlia —se presentó la Elegida sin percatarse de la sutil indirecta.

—Micra, a Júlia le gustaría preguntarte algunas cosas, si no es mucha molestia —comentó Arhz solícito.

—Claro que sí, como no tengo nada que hacer, como pensáis que mi trabajo es sencillo —siguió con el sarcasmo Micra—.

¡No lo es! Debe salir todo perfecto. —Y acto seguido, se dio la vuelta y continuo con sus labores de forma acelerada, yendo de un lado a otro de aquel asombroso laboratorio que dejó a la vista de Júlia.

—A veces se obsesiona demasiado y suele enfadarse por ello —aclaró Arhz a Júlia—. No se lo tengas en cuenta —añadió quitándole importancia.

Júlia y Arhz atravesaron la puerta blindada y esta se cerró tras ellos.

El lugar donde siempre se encuentra Micra es muy parecido a un laboratorio humano de investigación microbiológica.

Era un espacio cuadrangular muy amplio, blanco y con un fuerte olor a desinfectante.

Las dos paredes laterales y la opuesta a la puerta, estaban recorridas por unas extremadamente ordenadas poyatas en forma de «U» y otro par más de bancadas centrales a modo de isla.

En ellas había toda clase de aparatos y herramientas típicas de la biotecnología: centrífugas, microscopios, incubadoras, pipetas, placas Petri, varios Vortex, un autoclave, espectrofotómetros, termocicladores…

me podría pasar así todo el día. En el lado derecho, cerca de la puerta, había un par de neveras y ultracongeladores y, justo a la izquierda, una enorme cabina de flujo laminar.

Entre todas estas cosas bien conocidas por nuestra protagonista, ella detectó algunos dispositivos extraños que no consiguió identificar.

Sobre las organizadas encimeras, había varios estantes repletos de matraces, vasos, botellas y otros recipientes que contenían una gran variedad de líquidos, todos debidamente etiquetados.

—¿Cómo es posible? —preguntó Júlia alucinada—. ¿Utilizas nuestra tecnología?

—¿Quién es esta? —preguntó Micra mirando a Arhz .

—Es Júlia, la Elegida —aclaró Arhz .

—¡Vaya! —exclamó Micra con sorpresa—. Supongo que tú sí que me puedes molestar.

Júlia miró desconcertada a Arhz , quien se encogió de hombros y animó a la chica a echar un vistazo por el laboratorio.

La Elegida se acercó a una de las incubadoras; una especie de arcón con puerta transparente donde había multitud de placas Petri.

A Júlia le extrañó, a la par que le impresionó, la cantidad de colores y formas que había en aquellas placas; nunca antes había visto tantísimas clases de cultivos de microorganismos.

—¡Guau! Que colonias más extrañas —dijo sorprendida Júlia—. ¿Qué hay en ellas?

—De todo —dijo tajante Micra—. Cada placa corresponde a diferentes zonas de este planeta —explicó Micra mientras abría el arcón y cogía una de las placas, en ella se podían diferenciar algunos colores—.

Si mirases esta placa con un microscopio verías que hay más de mil colonias diferentes —afirmó ella.

—¡Qué estás diciendo! —contestó Júlia boquiabierta cogiendo la placa de las manos de Micra—. No puede ser posible.

—Los humanos siempre igual —reprochó Micra recuperando la placa con gesto enfadado y volviéndola a introducir en el incubador—. Vosotros casi podéis cultivar un puñado de especies de microorganismos y mucho menos cultivar varios en una sola placa, pero yo soy Thautvitzran .

—¡Es increíble! —exclamó Júlia.

Temiendo importunar a Micra si pasaban allí más tiempo del debido, Arhz intervino para apremiar a Júlia.

—Júlia, pregúntale a Micra lo que quieres saber.

—Bueno antes de eso, me he fijado que aquí hay mucha tecnología humana, ¿por qué? Creía que no os gustaba nuestra tecnología —dijo Júlia despreocupada, desviando el tema y alargando la visita a Micra.

—Esta es bastante útil, antes tenía que ir a todos los ambientes para modificar a los microorganismos in situ, ahora lo puedo hacer todo desde aquí y después mando a Irn a hacer el trabajo de campo —ilustró Micra, sorprendentemente calmada, sin importarle invertir un poco de su tiempo en algo que no fueran sus queridos nautvitzran .

—¿A quién? —preguntó Júlia.

—A Irn, el tercer Natura —aclaró Arhz .

—Vale, sí, lo comentó… bueno tú lo dijiste cuando te nombraron Natura —dijo Júlia mirando a Arhz .

—Eso es —afirmó Arhz .

—Ahora que lo pienso, algunas Artes también usan tecnología, como Fotografía —comentó Júlia haciendo memoria.

Que se desviara del tema y mencionara a las Artes no le hizo demasiada gracia a Micra, hecho que quedó reflejado en un rostro exasperado.

—Lo que hagan las Artes no me importa mucho, yo uso la tecnología que me es útil y aquí no hay peligro de que Mecanos interfiera, básicamente porque él no puede viajar en el tiempo —sentenció con brusquedad Micra.

—Creía que estaría relacionado con estar en un búnker —supuso Júlia.

—¡No! —exclamó Micra—. Eso es por mi alergia.

—¿Cómo puedes tener alergia? —preguntó Júlia desconcertada.

—Es la manifestación corporal de mi mala… digamos… conexión entre mis otros dos hermanos y yo, mi forma física también reacciona muy mal ante los bichos —esclareció Micra.

—¿Te llevas mal con Fito y Zoo? —chismeó Júlia.

—No, para nada, si ellos son encantadores, Fito es muy corriente y Zoo es la alegría de la casa —comentó sarcástica Micra, poniendo los ojos en blanco—. No sé —añadió con resignación—, nunca he estado cómoda del todo en el campo. En cambio, aquí estoy en mi salsa, ¿lo decís así no?

—¡Sí! —contestó Júlia—. Lo debes haber pasado muy mal.

—No ha sido fácil pero mi madre siempre me entendió, casi siempre estaba con ella hasta que enfermó y me hice esta guarida.

Y a mis queridos hermanos no se les ocurrió otra cosa que llenar de bichos la escalera de ahí fuera, menos mal que no necesito salir de aquí para nada —dijo entristecida Micra.

A Júlia le hizo gracia ese detalle de las luciérnagas después de conocer la aversión de Micra por los insectos, pero contuvo la risa y trató de consolar a Micra.

—Haré todo lo que pueda por salvar a Naturaleza.

—Bueno —interrumpió el momento emotivo Micra—. ¿Qué me querías preguntar?

—Está claro qué son los animales y qué son las plantas, pero hay de todo en el universo microscópico.

—Eso no es una pregunta —indicó lacónica Micra.

—Lo que quiero decir es —reformuló Júlia la cuestión conteniéndose para no responder al esquinado comentario de Micra—, ¿hasta dónde llega vuestro poder?

—Los animales están bastante controlados y, gracias a los Natura, es mucho más fácil; y Fito puede controlar a las plantas perfectamente, además son muy dóciles.

Pero los microorganismos, en cambio, fueron el primer paso en la creación de la nueva vida en este planeta, fue cuando mi madre me creó a mí, son los seres vivos que más tiempo han existido en este mundo y, con Evolución en juego, es muy complicado dominarlos.

—¿No los puedes controlar? —expresó Júlia confundida.

—No del todo, cuanto más pequeño es algo, más escapa a nuestro control.

—Me temo que tenemos que irnos ya —interrumpió Arhz .

—Evolución seguro que te lo puede aclarar mucho mejor que yo —concluyó Micra aprovechando la intervención de Arhz para intentar sutilmente que se marcharan cuanto antes.

—¡Gracias Micra! —exclamó Júlia.

—Nos veremos pronto, Júlia —dijo Micra con una sonrisa que parecía forzada—. Aseguraos de cerrar bien al salir.

Arhz y Júlia salieron del búnker de Micra, ascendieron la escalera de caracol y atravesaron el invernadero de Naturaleza en dirección a la cabaña donde Júlia vio por primera vez a Zoo.

Por el camino se cruzaron con Fito, que estaba sentado en el suelo, con aire dicharachero, charlando con unos arbustos, Júlia se despidió a lo lejos y Fito se incorporó rápidamente levantó la palma de la mano para indicarles que esperaran.

Por un instante, el cuerpo desnudo de Fito se vio por completo.

Las plantas con las que estaba charlando se apresuraron a taparle, pero al levantarse tan deprisa, no les dio demasiado tiempo de reacción.

Arhz dio un grito y Júlia se sonrojó. Fito rio al ver sus caras y se tomó unos segundos de cortesía para que las plantas le envolvieran.

Seguidamente se acercó a ellos, con los seres vegetales circundantes moviéndose ya al ritmo de su creador procurando conservar su ¿pudor?

—No quiero irme por nuestras ramas —se apresuró a decir Fito nada más llegar, y le dio a Júlia una bolsita hecha con la hoja caída de una alocasia—.

Ten unas hierbas, hazte un té cuando te sientas desbordada y verás como tus nervios y preocupaciones se calman.

También vienen muy bien si padeces insomnio.

Y… bueno, si necesitas que el efecto sea más rápido, no solo se pueden tomar en forma de infusión… no sé si me explico.

Júlia asintió entre risas, agradeció el regalo de Fito y, junto a Arhz , se despidieron rumbo a la salida. Cuando dejaron el invernadero y entraron de nuevo al cobertizo de madera, Zoo seguía en el mismo sillón donde Júlia lo conoció, viendo de nuevo el pasado con una piedra de Tiempo.

—Venid quiero mostraros algo —dijo Zoo taciturno levantándose del sillón.

Se dirigió a la estantería baja que había frente a su butacón y abrió una caja de mimbre que contenía una gran cantidad de piedras azules. Escogió la que buscaba entre ellas y, cuando la localizó la soltó en el aire dejándola liberar el pasado.

La roca de Lanyur les mostró un canal hormigonado, oscuro y seco, invadido por rastrojos, latas de refrescos, papeles y demás desechos.

A los lejos se podían divisar dos perros parecidos, de color canela, que no alcanzaban la edad adulta.

La imagen avanzó por aquel conducto y se acercó a los cánidos, revelándoles que se encontraban desnutridos, llenos de parásitos, heridas y con calvas en algunas zonas de su pelaje.