9 El santuario de Thrithri #2
—Ibas a contarnos lo que piensan… lo que pensáis las plantas de nosotros —aclaró Júlia cerrando los ojos.
—Cierto, a ver, ¿por dónde empezamos? —Fito hizo una pausa para pensar—.
Siempre nos habéis usado y siempre hemos podido aguantar, pero ahora es otra historia.
Al principio solo usabais la madera para calentaros o para cocinar —narró Fito nostálgico—.
Después llegaron las artes y las tecnologías, hacéis todo tipo de cosas con nosotras, por no hablar de esas monstruosidades genéticas.
Fito se perdió en sus ideas con una expresión de horror en el rostro.
—No es por faltar al respeto, pero me va a volver loca si sigue hablando en plural. —susurró Júlia a Arhz .
—Lo hace desde que nacieron —bromeó Arhz .
—Fito —llamó su atención Júlia—, sin las modificaciones genéticas no podríamos dar de comer a la gente —aseguró la Elegida dibujando una expresión de sorpresa en la cara de Fito.
—¿Ah sí? ¿Se ha erradicado el hambre en el mundo?
—preguntó retóricamente Fito—. Hablando de los cultivos, sí, vivimos bien en esos lugares, pero arrasáis selvas para plantarnos, y no solo eso, nos quemáis a propósito para poder construir, y después en vuestros informativos solo habláis de víctimas humanas, ¿quién piensa en todas las que hemos muerto?
—Yo —interrumpió Júlia—. Me pongo muy triste cuando hay incendios.
—Muy bien Júlia, no esperábamos menos de la Elegida, pero solo estamos resumiendo lo que pensamos todas nosotras.
—Júlia asintió apenada—. Algunas de nosotras pensamos que no tenéis respeto por los lugares naturales, otras opinamos que el problema está en vuestra codicia, otras solo decimos que sois unos guarros y descuidados, otras no entendemos cómo habéis aumentado tanto la producción de alimentos y sigue medio mundo pasando hambre.
—Fito se quedó pensativo—. Muchas os tenemos miedo, creemos que al final seréis tantos humanos que no cabrá nada más en este planeta.
—Vale, Fito, ya me hago una idea —dijo entristecida Júlia.
A Fito le conmovió el estado afligido de la chica, por lo que se acercó a ella y tomó sus manos para alentarla. Júlia le miró a los ojos e intentó no pensar en que estaba desnudo, aunque una enredadera se había enrollado sobre él a modo de toalla y eso lo hizo menos incómodo.
—Sé que muchos humanos lucháis a favor de toda la vida que alberga este mundo, pero no es suficiente, no podemos depurar más la atmósfera, la contaminación nos gana la partida en muchas partes —añadió Fito con aire derrotado.
—¿¡Ganar!? —dijo Zoo abandonando su escondite y descubriendo su presencia—. Abusar dirás, no puedes llamarle ganar cuando la partida no es justa —profirió con brusquedad.
—¡Zoo! —exclamó Arhz —. Veo que si te interesa conocer a Júlia.
—Para nada, no quiero saber nada de los humanos —protestó Zoo.
—¿Y por qué nos espiabas? —preguntó Júlia.
—No me fio de ti —contestó Zoo encarándose con ella.
—Nosotras sí —interrumpió Fito interponiéndose entre Júlia y Zoo. —El jardín de la Hermandad es la prueba.
—Y cuando pasé por el pasillo ningún animal me miró —añadió Júlia—. Evolución se rayó un poco.
—¿¡Cómo!? —gritaron Arhz y Fito al unísono, impresionados por lo que acababan de oír.
—No me lo creo —dijo Zoo con gesto de rechazo.
—A nosotras no nos sorprende, tú eres lo que estábamos esperando —aseguró Fito.
—Yo me refería a que no entiendo cómo se rayó Evolución —dijo Arhz desconcertado.
—Rayarse es darle vueltas a algo, Evolución estuvo pensando por qué no me miraban esos pobres animales —aclaró Júlia.
—¡Qué tontería! —exclamó Zoo—. Es muy simple, Evolución piensa que esas cabezas intimidan a cualquier humano, eso es falso, intimidan a cualquier ser que haya hecho daño a cualquier especie de este planeta.
—¡Vaya! Algo así nos imaginamos, pero no estábamos seguros —comentó Júlia.
—Por eso no me lo creo —replicó Zoo—. Es imposible, ¿cómo lo decís los humanos? —se quedó pensativo—. Acaso ¿no has matado ni a una mosca?
—La verdad es que no, al menos que yo recuerde — dijo Júlia—. No mato a los bichos que me encuentro, si están en casa los saco fuera, es más, en el campo de mis abuelos rescato a los que puedo de la piscina, incluso a veces los reanimo.
—Es increíble, Júlia —dijo Arhz con orgullo, pasándose un dedo por debajo del ojo derecho donde había brotado una sutil lágrima de felicidad.
—Exacto es increíble, no me lo creo —replicó de nuevo Zoo manteniendo su postura impasible.
—¿Siempre tienes que ser tan pedante? — le reprochó Fito.
—¡Le preguntaré a Evolución cuando regrese! —gritó enfurecido Zoo.
Tras esto, dio medio vuelta y se fue.
—Nosotros también deberíamos continuar —dijo Arhz .
—¿A dónde vais? —preguntó Fito.
—Tenemos que ir a ver a Micra —contestó Arhz .
—¡Claro! —exclamó Fito dándose cuenta—. Solo os falta conocer a nuestra hermanita.
—¿Micra es menor que tú? Creía que los tres hijos de Naturaleza se crearon al mismo tiempo.
—Naturalmente, antes de la Gran Guerra no existían los nautvitzran —aclaró Fito.
—Me vais a tener que explicar esto, ¿dices que primero había animales y plantas y después vinieron los microorganismos? —preguntó Júlia desconcertada.
—¿Microorganismos? —preguntó Fito.
—Los nautvitzran , los humanos los llamamos microorganismos —aclaró Júlia.
—Entonces, ¿a qué te refieres? —reiteró Fito provocando que Arhz se diera una bofetada en la frente.
—Fito, no te enteras de nada —interrumpió Arhz que se acercó a Júlia—. A ver, no te puedo decir todo, pero lo que has preguntado es la verdad más o menos.
—Pero eso destrozaría todo lo que pensamos sobre la evolución —dijo Júlia atónita.
—No, tu ciencia tiene razón en eso, es muy complicado y se está haciendo tarde, tenemos que darnos prisa, mañana nos vamos de viaje, podrás preguntarle a Evolución sobre él.
—Me estoy cansando de los secretitos —dijo indignada Júlia cruzándose de brazos.
—Muy bien, si habéis terminado ya, seguidnos —dijo Fito haciendo una señal con su brazo.
Fito reanudó el paso alegremente y se dirigió hacia el centro del jardín, menos mal que andaba por la tierra donde crecían todas las plantas y no por los pasillos que transitaban Júlia y Arhz ; no te puedes imaginar qué habilidad adoptan los arbustos, árboles y herbáceas cuando están cerca de Fito con tal de seguirle el ritmo y poder cubrir su cuerpo con naturalidad.
—¿Cómo pueden las plantas moverse de esa manera? —preguntó Júlia.
—No soy ningún experto, pero las plantas se mueven sobre todo siguiendo el sol, supongo que lo sabrás.
—Júlia asintió—. Es algo parecido, como Fito alberga mucha energía puede liberarla fácilmente lo que hace que las hierbas y los matorrales se doblen se estiren e incluso desarrollen algunas partes, aunque eso les cuesta más.
—Como aquel aloe de antes —dijo riendo Júlia.
—Eso es —rio también Arhz .
Siguieron andando bastante rato, reafirmando Júlia su primera impresión de que aquel lugar era enorme, y finalmente llegaron al mismísimo núcleo del invernadero.
El centro del santuario de Naturaleza estaba presidido por un pequeño cajete hecho de piedra seca que delimitaba la tierra de un árbol al que no parecía importarle tener poco espacio porque era uno de los más grandes que había allí.
Alrededor del tronco de aquel majestuoso árbol, también por dentro del pequeño muro, descendían por debajo del pavimento unas escaleras de caracol, hechas de madera, cuyos escalones parecían una extensión del mismo árbol.
Fito les invitó a entrar, estrechó la mano de la Elegida, le trasmitió una vez más lo encantado que estaba por haberla conocido y, tras desearle suerte, se alejó alborozado y se perdió por los pasillos del invernadero, arropado por sus queridas compañeras, como una planta más.
Arhz cedió educadamente el paso a Júlia y ambos se dispusieron a bajar.
A medida que descendían, las raíces del árbol los acompañaban extendiéndose por todo el espacio libremente; en más de una ocasión tuvieron que saltar alguna de ellas, que discurría por mitad de los escalones, para no tropezar.
Por suerte, la oscuridad de aquel túnel había sido remediada con brillantes luciérnagas que revoloteaban alegres por las profundidades, creando un misterioso y único espectáculo de luces, dando la sensación, a todo aquel que bajara por esas escaleras, de estar atravesando un bosque mágico.
Te aseguro que es una exaltación de Naturaleza digna de presenciar.
En tu mundo tienes el Santuario de las Luciérnagas en México, donde queda gente buena que intenta que estos lampíridos no terminen en el pasillo de la vergüenza de Zoo.
Tras unos minutos de descenso por aquel torbellino de sutiles luces tintineantes alrededor del majestuoso árbol, se toparon con una puerta blindada, metalizada y lisa, completamente anacrónica en aquel ambiente, que cortaba el paso justo al final del último escalón.
Júlia se paró en seco, por poco se da de bruces, pues iba distraída mirando las pequeñas luciérnagas que volitaban en torno a ella.
Arhz se detuvo detrás, extendió su brazo por encima de la Elegida y dio tres golpes en la puerta acorazada.
Una rejilla que había pasado inadvertida a Júlia se abrió bruscamente y unos ojos oscuros escudriñaron a través de ella.
A los pocos segundos la rejilla se cerró, casi con más fuerza con la que se abrió, y comenzaron a escucharse ruidos de multitud de cerraduras y cerrojos hasta que, finalmente, la puerta cedió y dejó ver el cuerpo de Thautvitzran , la Creadora que representa a los microrganismos de la Tierra, más conocida como Micra.
Su forma humana no debía ser de mayor estatura que Júlia; tenía un pelo de tono cobrizo brillante y lo llevaba recogido en una larga cola de caballo y, sobre su chata nariz, descansaban unas extravagantes gafas con una forma poco común.
Llevaba puesta su habitual bata de laboratorio impoluta y quiero destacarte que tiene una gran pasión por los zapatos humanos, y es lo único que va cambiando de su atuendo.