Júlia y los Creadores. Cambiar o Morir 9 El santuario de Thrithri
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9 El santuario de Thrithri

El santuario de Thrithri

El invernadero de Naturaleza se construyó como hogar y centro de control de los Creadores de este planeta durante la Gran Decadencia.

Por si no te lo has imaginado ya, me estoy refiriendo al periodo de tiempo que vino tras el fin de la Gran Guerra, momento en el que se declaró a la Tierra, como la conocéis los de tu especie, en libre albedrío.

Tras ese suceso, en tu planeta solo quedaron las Artes, los Natura, Naturaleza y sus hijos y, lamentablemente, también se aisló en él a los Creadores oscuros.

Ah bueno, se me olvidaba Guía, que se colaba en la Tierra de vez en cuando, saltándose las prohibiciones, y ocasionó, en una de sus primeras visitas, el nacimiento de Evolución.

Desde este invernadero se creó el mundo tal y como lo conoces ahora, al menos la parte natural.

En este santuario es donde Júlia tendría que haber conocido a Thrithri , pero su delicado estado de salud hizo que fuera necesario trasladarla a un lugar más seguro.

Después de eso, el invernadero quedó bajo la custodia de uno de sus hijos, Thuorran , por si no lo recuerdas, el Creador que representa a las plantas de la Tierra, más conocido como Fito.

Cuando Júlia atravesó el umbral de la puerta que separaba la cabaña de Zoo del invernadero de Naturaleza, se quedó tan asombrada que casi se le disloca la mandíbula al abrir la boca por la sorpresa.

No podía entender que aquel lugar tan inmenso, repleto de vida, estuviera en el interior del cobertizo acristalado que vio desde el exterior cuando llegó.

Sintiéndolo mucho, no creo que llegues a imaginar el nivel de belleza que albergaba aquel emplazamiento.

Allí había, al menos, un individuo de cada una de las especies de plantas que han existido a lo largo de toda la vida de la Tierra.

Para Júlia fue como entrar de lleno en la primavera.

Todos los tonos de todos los colores, del más intenso al más pastel, estaban allí, mezclados con el abanico cromático del verde, que dominaba sobre los demás y juntos se fundían en la infinidad de aquel lugar como se funde el arcoíris en la inmensidad del mar.

Por no hablar del olor de aquel vivero. Seguro que has pensado que debe ser horrible estar allí con tantas plantas y flores, cada una con su aroma, algunos de ellos fuertes y penetrantes, otros cítricos o amargos, también matices dulzones, incluso es posible que te hayas acordado de que hay plantas que huelen terriblemente mal.

Estás en lo cierto, pero en aquel lugar los aromas se combinaban a la perfección, en un exquisito equilibrio que evocaba recuerdos felices a todo aquel que respirara allí.

Y el santuario de Naturaleza no solo albergaba plantas de tu planeta, también había especies que te aseguro que no pertenecen a tu mundo; por ejemplo, encerrada en una sofisticada urna de cristal, con pequeños respiradores a su alrededor, se encontraba una flor de fuego; sí, literalmente de fuego.

También había, plantada en una pequeña rocalla justo enfrente de la entrada, un grueso, deforme y no muy alto tronco, por donde emergían y se escondían brotes verdes de hojas verticiladas y otros vástagos violáceos, finos y alargados que a Júlia le parecieron flores de equinácea.

La Elegida pensó que aquella curiosa estructura vegetal bien podría haber sido sacada de un arrecife de coral si no fuera porque era una planta y no un animal.

Júlia no dijo nada, continuó con la boca abierta mientras avanzaba lentamente por los diferentes pasillos y se paraba de vez en cuando a admirar curiosas flores o exóticas plantas.

Arhz la seguía en silencio, disfrutando de ver a Júlia atesorar aquel momento, parecía que no quería perderse ningún rincón del invernadero y cerraba de vez en cuando los ojos para concentrar los estímulos en su olfato, incluso, en alguna ocasión, se percató de que a la Elegida se le erizaba el vello de los brazos, seguramente cuando los matices aromáticos le trasportaban a algún momento de felicidad.

Tras unos largos minutos, mientras Júlia observaba atentamente un pequeño árbol convencida de que no era una especie de la Tierra —pues la planta era morada, de tronco bulboso y crecía y se encogía de forma gelatinosa, como si fuera una lámpara de lava—, Arhz se puso a su lado y le habló con suavidad, sacándola de su ensimismamiento.

—Antes de conocer a mis dos hermanos Natura, conocerás a los otros hijos de Naturaleza.

—Ahora voy a tener que esperar para conocerlos, como os gusta a los Creadores el misterio —dijo Júlia, con una amplia sonrisa, henchida de felicidad por estar en aquel lugar.

—No soy un Creador —manifestó Arhz .

—¡Ay, si! —se lamentó Júlia—. Perdona Arhz , estoy empezando.

—Tranquila —dijo riendo Arhz .

Y ambos dirigieron la mirada hacia su derecha, cuando escucharon una voz que, para Júlia, era desconocida.

Allí acuclillado y hablándole a un helecho se encontraba Fito.

Puedes imaginarte a Fito como la versión masculina de Naturaleza, un hombre alto y delgado, bien proporcionado y con la piel de un color verdoso, que se camuflaba muy bien con el entorno; No obstante, su cabello no tenía el mismo color que ella, sino que era de un tono albino, a Júlia le recordó a Energía, y lucía como si llevara un arbusto nevado encima de la cabeza.

Lo curioso de este personaje es que no suele cubrirse con ninguna vestimenta, son las propias plantas del lugar donde Fito se encuentra las que tapan las distintas partes de su cuerpo.

Así que, cuando Júlia lo conoció, lo primero que vio de Fito fue su espalda y una flor que le tapaba el trasero, me suena que los humanos utilizáis una expresión parecida ¿no?

—Roberto, que bien nos veo hoy —habló Fito al helecho mientras lo acariciaba.

—¡Fito! —exclamó Arhz , a lo que Fito reaccionó girándose mientras la flor que le tapaba la abertura entre sus nalgas iba retorciéndose y formando hojas para tapar otras zonas.

Cuando se giró completamente, Júlia vio que Fito tenía un rostro triangular con el mentón partido, más pronunciado que ella y cubierto por una recortada y fina barba cana que parecía el musgo blanco que crece en las altas montañas andinas.

Sus ojos, bastante redondos, eran de un verde tan intenso que parecía que tenía limas en lugar de sendos iris.

—¡Hola Arhz ! ¿Esta joven no fotosintética es la Elegida? —preguntó Fito alegre. Arhz asintió con entusiasmo.

—Hola, soy Júlia —saludó ella.

—¡Así que la Elegida por fin está aquí! Llevamos esperándote desde que Evolución nos hizo crecer en aquel edificio.

—Recuerda, final del capítulo uno, Evolución se descubre a Júlia—.

Al principio nos preguntamos qué estaría haciendo, pero luego caímos en la cuenta de que ya había comenzado su misión para encontrar a un alma limpia.

¡También notamos como Thrithri te ayudaba con el jardín de la Hermandad y estamos ansiosos desde que se abrió el portal de la sequoia que conduce hasta aquí! —anotó Fito con júbilo.

—¿Tú estabas allí? —preguntó Júlia pasmada.

—No, claro que no —rio Fito—. Soy quién representa a las plantas así que sé bien lo que sentimos.

—Vaya es increíble —expresó Júlia asombrada.

—Sentirnos de nuevo en ese santuario me llenó de gozo y esperanza —afirmó Fito con gesto aliviado.

—¿Sentirnos? —se extrañó Júlia.

—Fito también es como una planta —aclaró Arhz .

—Naturalmente, nuestro cuerpo absorbe la energía igual que todas.

—Entonces, ¿aseguras que las plantas sienten? —preguntó Júlia.

—Por supuesto, no como los demás seres vivos, pero indudablemente lo hacemos. —afirmó Fito con seguridad.

—Y ¿qué sienten las plantas de los cultivos? —curioseó Júlia.

—Solemos estar bastante cómodas, pero es curioso, porque si nos preguntas a las salvajes te diremos que preferimos morir a estar en uno de ellos —respondió Fito mientras echaba a andar y examinaba minuciosamente el resto del invernadero.

Sincronizados con Fito, toda clase de vegetales se movían, crecían, se estiraban y se doblaban con tal de ir ocultando las zonas que los de tu especie consideráis sexuales.

Arhz y Júlia siguieron a Fito por el jardín, pero no se dieron cuenta de que Zoo, que se encontraba también en el invernadero, había comenzado a seguirles a hurtadillas, como de costumbre, con su porte lúgubre.

Cuando digo «a hurtadillas» quiero decir «ocultándose de los demás», ¿se dice así no?

Perdóname, yo sé toda la verdad, pero con algunas expresiones humanas me asaltan las dudas.

—Dime Fito —dijo Júlia—. ¿Qué piensan las plantas de nosotros? —Fito sonrió a Júlia con mirada traviesa.

—¿Estás segura de que quieres saberlo? —preguntó Fito que adoptó una pose con los brazos doblados en jarra, donde se ensalzaba la zona genital masculina.

Afortunadamente, un pequeño aloe tigre desarrolló a tiempo su inflorescencia para esconder dicho punto, sin embargo, Arhz y Júlia desviaron la mirada y se pusieron algo nerviosos, puesto que la flor del aloe tigre no era lo suficientemente grande.

—Sí, estoy segura, pero ¿puedes ponerte en otra postura? —pidió Júlia sin mirar a Fito y tratando de evitar reírse por la cómica situación.

—Sí, por favor —rogó Arhz también entre risas.

—Oh perdonad —dijo Fito cambiando de posición—. ¿Así mejor?

Lo único que hizo fue cruzar los brazos sobre el pecho, no obstante, en esos segundos, el aloe alcanzó el tamaño adecuado.

—Bueno… —dijo Júlia con mirada esquiva—. Lo perfecto serían unos pantalones.

—¡Imposible! —exclamó Fito, las plantas de alrededor se encogieron como si hicieran un gesto de miedo—. ¿Qué pensaríamos de nosotras si vistiéramos cadáveres nuestros?

—Pueden ser pantalones sintéticos —comentó Júlia extrañada.

—Tranquilo, Fito, mejor dejamos este tema —contestó Arhz —. Tú intenta que no se vean mucho tus alegrías ¿vale?

—Está bien. ¿Por dónde íbamos? —pensó Fito poniendo un pie sobre una roca cercana, de nuevo en una postura incómoda de ver.