Júlia y los Creadores. Cambiar o Morir 8 Los Natura #2
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8 Los Natura #2

—Sigo sin saber a qué te refieres —contestaba esquivo Anthropos, continuando con naturalidad sus labores, sin volver la vista hacia su interlocutor.

—No me dejas otra opción —sentenciaba Zoo compungido, consciente de la única solución posible a aquella situación.

Seguidamente extendía su mano en dirección a Anthropos, provocando que este se retorciera y se diera la vuelta con gesto de dolor, clavando una mirada adusta en Zoo que empezaba a temblar de impotencia y era incapaz de fijar sus ojos vidriosos en Anthropos.

—¿Qué me estás haciendo? —preguntaba enfadado Anthropos.

—Voy a exiliarte de esta ciudad.

Júlia observó cómo los ojos de Anthropos se henchían de rabia y una ligera aura negra empezaba a cubrir su cuerpo.

Zoo se mostraba aterrorizado viendo a aquella oscuridad apoderarse de Anthropos y no pudo contener un desgarrador alarido.

De pronto, aquel halo oscuro palpitó con fuerza, impactando contra Zoo, que trastabilló y perdió el control sobre el cuerpo de Anthropos.

Tal miedo invadió a Zoo que comenzó a hiperventilar llevándose la mano al pecho.

—Este fue el momento en el que la energía de Zoo que representaba al ser humano se corrompió —puntualizó Evolución parando la reproducción.

Al reanudarse la misma, aparecía Anthropos, la nube oscura que había empezado a envolver su cuerpo ahora era más densa y, con aire altivo, se acercaba lentamente a Zoo, que estaba encogido por el miedo, hecho un ovillo, como decís vosotros.

Se plantó frente a él, mirándolo con soberbia desde arriba, se agachó hacia su oído y le dijo:

—¿Sigo siendo tu animal favorito, padre?

Hubo un brusco cambio de escena y Evolución y Júlia sintieron la profunda decepción de Zoo, un intenso horror y una tristeza extrema recorrían una y otra vez todo su ser, pero haciendo acopio de sus últimas fuerzas, Zoo se levantaba y extendía sus brazos en forma de cruz para convocar a una especie de cóndor de esa época, cinco veces más grande que el que existe actualmente — considerada el ave voladora más grande del mundo—.

La solemne ave, de plumaje negro con el característico collar blanco, irrumpía violentamente en la cabaña, destruyéndola con sus inmensas alas extendidas y sus garras proyectadas hacia delante, atrapaba a Anthropos y lo abandonaba en el gran desierto que rodeaba la ciudad.

Hubo un remolino de luces cerúleas que borraron la escena y proyectaron una nueva, donde aparecía Zoo corriendo despavorido, huyendo velozmente hacia el templo de Naturaleza que, cuando se percataba del estado de su hijo, se apresuraba a socorrerlo.

—¿Qué ha pasado? —preguntaba preocupada Naturaleza.

—Un momento —interrumpió Júlia, haciendo el gesto para pausar la imagen que había hecho Evolución con anterioridad—. Antes, hablando de Arhz , me has dado a entender que los Creadores no tienen sentimientos.

—Bueno Júlia, no son igual que los que tenéis los humanos, la decepción, la preocupación, el miedo, cualquier tipo de sentimiento, como los llamáis vosotros, los Creadores lo percibimos de otra manera en nuestra forma original, digamos que son cambios en la energía de nuestro ser.

—Bueno si nos ponemos técnicos, los sentimientos son resultado de intercambios de energía en nuestro cerebro —señaló Júlia.

—Ciertamente Júlia, pero yo te estoy hablando de uor , los Creadores somos grandes masas de uor , que se compacta cuando tomamos la forma humana y entonces los sentimientos se intensifican y los expresamos como si fuéramos realmente humanos —esclareció Evolución.

—Vale, vale —dijo Júlia con vehemencia—.

Sigamos, que está emocionante la historia.

—Evolución la miró con rechazo, frunciendo el ceño.

Júlia le sonrió falsamente, apretando los dientes, mostrando su arrepentimiento por entusiasmarse con aquellos recuerdos, como si solo estuvieran viendo una película; cuando Evolución le sonrió, ella le devolvió el gesto, bajó la mano y las imágenes prosiguieron.

—Anthropos ha sucumbido a la oscuridad, emanaba luz negra de su cuerpo —le contaba Zoo a su madre.

—¿Cómo es posible? —preguntaba asustada Naturaleza.

—No lo sé —contestaba Zoo afligido—. Pero ahora siento oscuridad en mi ser.

Naturaleza y Zoo se sobresaltaron ante una gran columna de luz que apareció en medio del templo, como si una cargada y solitaria nube hubiera vaciado su contenido fuerte y fugazmente.

A medida que se desvanecía aquel fulgor, la figura de Energía se iba haciendo más clara y, sin mediar palabra, se acercaba a Zoo, que estaba disculpándose entre sollozos, metía la mano en el interior de su pecho y extraía parte de su energía en forma de esfera negra que despedía ferozmente rayos también negruzcos.

—Lo siento mucho hijo mío —decía Energía sosteniendo con dificultades esa esfera.

—¿Ese es Arhzlin ? —preguntaba Zoo con voz queda, agarrándose el pecho como si quien sufre un ataque cardiaco.

—Tristemente, este fragmento de alma ennegrecida representa a todos los lin , pero su perversión la ha desencadenado él —vociferaba Energía para que su voz superara los estruendosos destellos que había comenzado a emitir aquella masa oscura.

La violencia de la esfera se incrementaba rápidamente y empezaba a vibrar con ferocidad en la mano de Uor .

Nuestra madre tuvo que emplear todas sus fuerzas para procurar contener la furia de esa bola.

Los rayos que antes despedía en ocasiones ahora eran continuos y mucho más potentes.

Zoo no pudo soportar más aquella situación y se desplomó inconsciente, haciendo un ruido sordo al caer que nadie escuchó por los fuertes estallidos de la esfera, que rezumaba oscuridad con cada estrépito y se extendía por el templo, sumiendo cada recodo en una espesa negrura.

Júlia contempló cómo Energía contraía todo su cuerpo con mucha fuerza y su humana forma comenzaba a brillar fervientemente.

De pronto, sinuosas hebras lumínicas se desprendieron del cuerpo de Uor y fluyeron como corrientes de agua doradas envolviendo con delicadeza las centelladas oscuras, iluminando a su paso los rincones de la cela que habían sido invadidos por la esfera de oscuridad.

—¡Debo aguantar! —exclamaba energía para sí misma, tras unos largos minutos concentrando todo su poder para sobreponerse al rou .

Entre tanto, Naturaleza había reaccionado rauda ante el desvanecimiento de Zoo y había tirado de él, ocultándolo tras una columna en la que ella también se había resguardado y desde donde ahora observaba aquella singular batalla entre la uor y el rou que estaba aconteciendo en su templo.

Pero Energía se mostraba exhausta. Su resplandor perdía intensidad y aquel esférico, con una fuerte sacudida, se lanzaba hacia el cielo, rompiendo el tejado del templo, y huyendo de allí como una aciaga estrella fugaz.

Uor caía de rodillas agotada y, con ironía dramática, la mágica televisión se quedó oscura.

—Esperaba que Energía fuera más… poderosa — comentó Júlia perpleja.

—¿Más poderosa? —replicó atónito Evolución—. ¿Qué es lo que crees que ha pasado? —añadió levantando su ceja derecha con incredulidad.

—¿Que Energía ha sido incapaz de contener un pequeño fragmento de oscuridad? —preguntó insegura Júlia.

—Acabas de ver cómo Energía intentaba revertir la podredumbre del fragmento de alma que representa a todos los humanos —explicó Evolución—.

No intentaba contener esa masa de rou , trataba de devolverle su uor para reintroducirla en el ser de Zoo y que toda la humanidad no quedara corrompida por la oscuridad.

Júlia, con cara de asombro, despegó sus labios para hablar, pero la mágica pantalla la interrumpió con una nueva y breve escena.

Zoo seguía tendido en el suelo, parecía dormido, aunque su cuerpo realizaba algún que otro espasmo.

Naturaleza se apresuraba a auxiliar a Energía, al grito de ¡madre!

Tras verla caer al suelo por el esfuerzo.

Uor la tranquilizaba haciéndola entender que se encontraba bien y, tomando la mano de Thrithri , se incorporaba y se dirigía a Zoo.

Al alcanzarlo, se acuclilló a su lado, extendió su mano, la apoyó en su cabeza y cerró los ojos.

Los remolinos luminosos advirtieron el nuevo cambio de escena y la pantalla quedó completamente en blanco.

Por un momento, Júlia miró a Evolución creyendo que la historia había terminado, pero enseguida reapareció Zoo, con un aspecto desolador: estaba pálido, acuclillado en un rincón, abrazándose las piernas y temblando.

Nuestra madre entraba en la escena y se agachaba para colocarse a su lado.

Enseguida Júlia cayó en la cuenta de que se encontraban en el interior del alma de Zoo, igual que le ocurrió a ella cuando Baco le dio a beber de la ambrosía en su sótano de la Hermandad.

—¿Piensas quedarte aquí? —preguntaba Energía.

—No, no pu-puedo… —tartamudeaba Zoo aterrado con los ojos muy abiertos—. No puedo creer lo que ha pasado.

—Eres un Creador, tienes una responsabilidad, debes proteger al resto de criaturas de Arhzlin —achacaba Energía.

—¿Cómo? ¿No… no está muerto? —preguntaba Zoo atemorizado.

—No siento su energía, su alma no ha trascendido, y tampoco la siento en este planeta. Solo queda una posibilidad —deducía Energía.

—No creerás… —comenzaba a preguntar Zoo con un ligero hilo de voz, pero sin poder terminar su pregunta por el horror que le invadía.

—Sí, me temo que Arhzlin ya no es un ser de uor — desvelaba Energía provocando que Zoo temblara con más intensidad.

—Yo… yo no puedo proteger a nadie, ¡mira lo que ha pasado con el que se supone que era un ser perfecto! — exclamaba sobrepasado Zoo.

—No pienses así —decía Energía posando sus manos sobre Zoo—. Ahora debemos volver.

—¡NO! —gritaba Zoo—. No pienso cometer ningún error más, lo mejor es que me quede aquí y no moleste.

—Hijo… tú no molestas — le sosegaba Energía.

—¡VETE!