Júlia y los Creadores. Cambiar o Morir 8 Los Natura
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Los Natura

Me pregunto si estarás en la cama leyendo, con las manos cansadas de sujetar el libro y los ojos rojos y vidriosos por el cansancio, pero con la sensación de no poder dejar de leer a pesar de que mañana tienes que madrugar.

Me encantaría que te ocurriera esto, pero te aconsejo que pares la lectura ahora mismo y no descuides tus obligaciones, no seas como Zoo.

Voy a dejar un momento la aventura de Júlia a un lado, porque debo pararme un instante para adelantarte lo que sucedió con ese falso Mecanos al que apresaron y encerraron en un lugar que puedes llamar «Dimensión de los Creadores», que en Glubón sería Lur ther Uorzan , menudos nombres, ¿verdad?

Hablando de mí, no te he dicho mi nombre real, es algo parecido a Karnaut , pero ya lo desvelaré, por el momento no es importante, al menos no tanto como el tema que ahora nos atañe, así que mejor prosigamos con Mecanos.

Como te he dicho, Lur ther Uorzan es la Dimensión de los Creadores; algo así como un universo aislado creado en su totalidad por energía, uor . En gluboniano, Lur viene a significar «espacio o lugar» aunque yo lo he traducido como «dimensión» que me resulta más poético.

Esta dimensión es la sede de los Creadores, como su propio nombre indica.

Es el mundo originario de todos nosotros, donde viven Energía, Tiempo y Universo, así como el resto de Creadores y otras criaturas, siempre que no les haya tocado huir y esconderse…

Ya te adentrarás en esta dimensión y la conocerás por ti mismo, pero ahora debes saber que también es el hogar de un mitzrar muy especial, tan especial que es el único que ha conseguido dominar el elemento rou .

Por su singular condición, este roumitzrar era el responsable de examinar a Mecanos, pues en los Creadores oscuros, la energía — uor — ha sido sustituida por oscuridad — rou —.

Lamentablemente, en el momento en que capturaron a Mecanos, el roumitzrar no estaba presente en la Dimensión de los Creadores, andaba con Uor encargándose de otro tema importante; no te sientas mal por no saberlo, solo ellos lo saben, bueno y yo, que conozco toda la verdad.

A la espera del retorno del roumitzrar, Mecanos estaba encerrado en una especie de celda —ideada por este mismo mago de la oscuridad— que lo aislaba de la Dimensión de los Creadores.

Esta prisión funciona igual que aquella vasija que usó Baco para aislar la oscuridad que estaba infectando a Perfume ¿lo recuerdas?

En aquel momento te mencioné que la vasija había sido fabricada por un mitzrar «bastante especial», me refería a este mago del que ahora te estoy hablando.

Aun con el excelente aislamiento conferido por esta celda, siempre había alguien vigilando a Mecanos, completamente en vano, pues nadie en aquel lugar había reparado en que realmente no estaba todo su ser en ese cuerpo.

¡Diantres! Me acaba de decir mi compañera, o más bien mi guardaespaldas, que no vas a entender por completo el nombre en gluboniano de la Dimensión de los Creadores porque no te he dicho cómo llaman a los Creadores en Glubón .

Discúlpame, yo sabré toda la verdad, pero el experto de los libros es Karnaut .

Resolvamos este contratiempo antes de seguir con las peripecias de Júlia.

Uorzan es el vocablo gluboniano para referirse a los Creadores; uor ya sabes de sobra lo que significa y zan podría traducirse como «los que provienen de», por tanto, Uorzan se traduce como «hijos de Energía» y es por eso que todos los Creadores la llamamos madre.

El ther , que creo recordar haber usado en alguna otra ocasión, no es más que la preposición «de».

Muy bien, ahora sí te he contado todo lo que necesitas saber para no perder el hilo de la historia. Volvamos a la cabaña de Zoo.

Júlia había liberado el poder de la piedra y de nuevo esa extraña televisión surgió frente a ellos.

Unos cortos haces de luz azul centellearon y la primera imagen de aquella historia apareció frente a Júlia y Evolución, que se mostraron atentos y expectantes.

Júlia reconoció a un joven Anthropos caminando de un lado a otro, en una pequeña casa de madera muy similar a la cabaña donde se encontraban.

Es cierto que Júlia nunca había estado frente a Anthropos, pero sí frente a su aspecto, cuando Música se convirtió en él para someterla a aquella funesta prueba dicotómica en la que creyó estar condenando a inocentes seres vivos a muerte.

Rememorar aquella experiencia le provocó un breve dolor punzante que le oprimió el pecho, pero pronto recordó que solo fue un examen y se centró en el Anthropos del pasado que todavía no vestía su característico abrigo.

—Antes de ver esta historia debes saber ciertas cosas —interrumpió Evolución alzando la palma de la mano frente a la pantalla y deteniendo la escena—.

Antes del suceso que vas a ver, Anthropos se había sobrepasado con la explotación de los recursos del lugar donde vivían los primeros humanos, sobre todo a la hora de la caza.

—Evolución se retiró y la piedra siguió mostrando el pasado.

La reproducción se reanudó y Anthropos siguió con su tarea, recogiendo y colocando en una mesa de madera varios utensilios de caza.

Júlia supuso que esa choza debía tratarse del hogar de Anthropos en aquella época.

El pasado Arhzlin , sin su abrigo de piel de lobo, vestía rudimentarias prendas hechas de pieles de otros animales que él mismo había cazado y de su cuello colgaba un gran colmillo que exhibía como un trofeo.

Tampoco lucía su oscura barba bien perfilada y su mirada todavía no transmitía esa arrogancia y soberbia de quien disfruta ostentando su poder despótico.

Sin previo aviso, otra luz apareció de la nada, brilló con intensidad y se fue apagando paulatinamente hasta que se intuyó una figura que poco a poco se hizo más clara, se trataba de Zoo, pero un Zoo muy diferente al que Júlia acababa de conocer.

Aquel hombre no estaba gordo ni desaliñado; también parecía enfadado, pero nada que ver con el mohíno cabreo fruto de su depresión, su mirada transmitía una acérrima autoridad.

—¿¡Cómo un ser tan perfecto puede desencadenar tal destrucción!? —recriminaba Zoo a Anthropos.

—No sé de qué me estás hablando —contestaba Anthropos tan sarcástico como siempre.

—¡Lo sabes perfectamente! —exclamaba Zoo exacerbado.

—Yo solo estoy aprovechando los recursos que me habéis brindado —reprochaba Anthropos con el mismo tono.

—¡Deja ya esas absurdas frases esquivas!

Te estás sobrepasando y estás llevando a la ruina a tu pueblo.

—Anthropos callaba mientras afilaba sus utensilios de caza—.

Te lo advierto, este camino nos llevará a todos al abismo, tanto a humanos como a Creadores—.

La escena se desdibujó al terminar Zoo sus palabras y, de pronto, la reminiscencia se desvaneció por completo dejando solo los haces de luz azul fluyendo.

—¿Ya está? ¿No se supone que iba a ver el origen de los Natura? —preguntó extrañada Júlia.

—Espera un poco —dijo Evolución exasperado—. Simplemente hay un cambio de escena, y señaló los añiles rayos lumínicos que ya se estaban reorganizando para proyectar un nuevo recuerdo.

La imagen se tornó nítida y Júlia contempló una especie de templo griego que le evocó su paseo por el bosque más antiguo del mundo, pues aquel períptero estaba hecho de algún tipo de mineral marmóreo que imitaba la madera; las columnas daban la sensación de ser troncos enormes y el techo, de forma arborescente, contaba con una amplia gama de tonos verdosos que creaban la ilusión de ser las copas de esos falsos árboles.

Aquel era el imponente templo de Naturaleza.

Tras mostrar una panorámica del curioso templo, la imagen se aproximó, ascendió las escaleras y cruzó el pronaos para abrirse en un amplia cela, cuna de una hermosa escultura, que debía alcanzar fácilmente los diez metros de altura, constituida por flores de todos los colores y formas que impregnaban el ambiente de aromas dulces y embriagadores.

De pronto, la perspectiva cambió y quién ahora atravesaba el pórtico principal era Zoo, que anduvo hasta llegar a la base de la estatua para encontrarse allí con una figura femenina que, de rodillas frente al altar, acariciaba las flores.

—Hola Madre —saludaba Zoo con tono triste. —¿Qué te ocurre? —decía esa mujer.

—¿Madre? —preguntó desconcertada Júlia—. ¿Ella es Naturaleza?

—Exacto —aclaró Evolución.

Es la primera vez que aparece la causa de esta narración, Naturaleza.

En aquella época mostrada por las piedras de Tiempo, Naturaleza, en todo su esplendor, era una mujer esbelta y elegante, con la piel de color verde suave, muy sutil, que contrastaba con el intenso color esmeralda de su pelo, tan largo que rozaba la fosa poplítea de sus rodillas, siempre ataviado con flores en consonancia con el lugar y la estación en la que se encontrara.

Al levantarse para volverse hacia Zoo, dejó ver las largas y sedosas telas con las que suele vestir.

— Arhzlin no entra en razón, contesta de forma esquiva e irónica a mis advertencias —contaba Zoo desesperado.

—Aunque me duela, tendremos que tomar medidas —respondía Naturaleza decepcionada.

Pese a la gravedad de la situación, Naturaleza no alteraba su sosegada, calmada y cálida voz, muy parecida a la de Energía. Tomó la mano de su afligido hijo para reconfortarlo y el mitzrariano televisor se apagó.

—¿Qué significa eso de tener que tomar medidas? —preguntó con inquietud Júlia.

—Ahora lo verás —contestó Evolución mientras las luces volvían a refulgir mostrando el siguiente recuerdo, de nuevo en casa de Anthropos.

La escena no era muy diferente a la primera. Anthropos en su cabaña, afanado en sus tareas, esta vez desollaba un animal bastante extraño que se asemejaba a un cérvido. Zoo irrumpía bruscamente, de la misma guisa que en el acto anterior.

—¿Vas a cesar el abuso a esta tierra? —preguntaba Zoo con actitud amenazante, tratando de ocultar su tribulación.