7 Ya no hay vuelta atrás. #5
El frescor y la humedad de aquel bosque, así como la oscuridad provocada por el espesor de los árboles, cuyas densas copas no dejaban penetrar con facilidad la luz de Sol, fueron súbitamente reemplazadas por una intensa luz que cegó a Júlia, provocando una rápida contracción de sus pupilas y haciéndola fruncir el ceño y entrecerrar los ojos con fuerza.
Cuando su visión se acomodó, se vio plantada en medio de un enorme desierto, en un manto de arena eterno donde no llegaba a identificar nada más que pequeñas dunas que dibujaban olas en la superficie, por las que ahora los rayos de Sol nadaban libres.
Sin mediar palabra, Evolución comenzó a andar seguido por una Júlia un poco desorientada.
Tras unos cuantos minutos de caminata, pudieron apreciar a lo lejos un edificio que resplandecía.
—Allí está —señaló Evolución—. El invernadero de Thrithri .
—¿Dónde estamos Evo? —preguntó Júlia un tanto perdida.
—Formulas mal la pregunta, estamos en el mismo sitio, pero hace millones de años, justo cuando acabó la Gran Guerra —aclaró Evolución.
—Aún no me habéis contado nada de esa guerra — dijo Júlia indignada—. Explícamelo o deja de decirlo.
—Ten paciencia, Júlia —dijo con serenidad Evolución—. Torth me dijo que esa historia te la contará Zoo.
—¿Eso por qué? —protestó Júlia.
—Muy fácil, Lanyur lo quiere así.
—Ya empezamos… —contestó Júlia irritada.
Ambos siguieron andando por ese caluroso desierto, enfilando sus pasos en dirección al brillo de aquel lejano edificio recién vislumbrado.
Durante el paseo, un poco para distraerse y olvidar los incesantes rayos de Sol que arañaban sus cabezas, Evolución le recapituló a Júlia la historia del origen de Anthropos.
Espero que la recuerdes, te la conté en el capítulo dos y no creo que sea necesario volver a repetirla.
Está bien, te repetiré el resumen que Evolución le hizo a Júlia en su momento: Naturaleza se divide en Zoo, el primer humano aparece, al tiempo este sucumbe a la oscuridad, Zoo se deprime y extirpa a Arhzlin de su energía.
Si aun así no consigues recordar la historia adecuadamente, te aconsejo que la releas.
El invernadero de Naturaleza es básicamente eso, un invernadero.
El resplandor que Júlia y Evolución vieron a lo lejos eran los reflejos de la infatigable radiación solar sobre las paredes acristaladas.
Terminaron su andadura frente a la puerta de una pequeña cabaña de madera, que precedía a dicha almáciga y que ocultaba un largo pasillo imposible de apreciar desde el exterior, pero que debía cruzar todo aquel que quisiera entrar en la cabaña y, posteriormente, en el vivero de Naturaleza.
Evolución indicó a Júlia con la mano que entrara en la cabaña, Júlia le miró, dudosa, pero finalmente entró.
Su rostro fue invadido por una perplejidad exorbitante en el momento en que atravesó el umbral de la puerta.
Frente a ella se extendía el inmenso corredor que te acabo de comentar.
Absolutamente cada centímetro de las paredes estaba ocupado por cabezas de animales colgadas como si fueran el trofeo de un cazador.
Júlia observó, atónita, e identificó criaturas de todo tipo: aves, mamíferos, reptiles, anfibios, insectos…
La cantidad era innumerable, mayormente porque no era posible avistar el techo.
—Bienvenida, Júlia. Este es el llamado Pasillo de la Vergüenza —declaró Evolución—. Lo llamamos así porque aquí están todos los animales que se han extinguido por culpa del humano, al menos los que podemos ver desde aquí abajo.
—Madre mía —dijo Júlia con gran tristeza—. ¿Tenemos que pasar por aquí?
—Sí. Los tres Natura pasaron por aquí, que menos que tú también lo hagas, aunque cuando ellos lo atravesaron, había bastantes menos animales…
—Está bien pero no me hace mucha gracia —confesó Júlia.
La Elegida se armó de valor y dio el primer paso.
—Antes de que pasemos —la detuvo Evolución—.
Debes saber que esto no es una mera exposición en homenaje a las especies extintas, las cabezas que ves tienen vida y sus ojos siguen a los humanos mientras caminan.
Intenta no asustarte —advirtió Evolución—.
Cuando pasó Arhz no pudo llegar ni a la mitad del pasillo, se derrumbó moralmente y se echó a llorar.
—Vaya, no me lo llego a imaginar —dijo Júlia sorprendida.
—Los humanos tenéis sentimientos. Él es un humano —explicó Evolución.
—Ya, pero algo especial, ¿no? —disintió Júlia—. Las Artes también son seres humanos.
—No me creo que no te hayan aclarado eso —dijo Evolución llevándose las manos a la cabeza—. Las Artes son Creadores que fueron humanos pero los Natura no son Creadores.
—¿Algo así como un semidiós? —añadió dubitativa Júlia levantando su ceja derecha.
Evolución ignoró el comentario y siguió con su explicación.
—Las Artes son humanos convertidos en Creadores y los Natura son humanos con ciertos dones concedidos por los Creadores —ilustró Evolución.
—Vale ya me queda claro —reflejó Júlia con una pequeña sonrisa—. ¿Avanzamos? —preguntó con voz temblorosa.
—Adelante —le cedió el paso Evolución.
De nuevo la Elegida dio un paso hacia adelante, pero pronto le asaltó una duda acerca de un comentario anterior de Evolución que entonces había pasado por alto.
—Bueno espera —frenó en seco—. ¿Qué es eso de «al menos los que podemos ver desde aquí abajo»?
—Me refiero a que los animales que ves se extinguieron por irresponsables acciones humanas, pero si observas bien, no puedes ver el techo —apuntó hacia arriba Evolución—. ¿No te has fijado?
—No, estaba viendo la exposición de cadáveres que habéis montado —contestó Júlia cabreada.
—Ya te he dicho que estos animales no están muertos —repitió Evolución—. Quién hizo esto es Zoo, supusimos que para enfrentarse a su depresión.
—Vale, ¿lo qué has dicho del techo es porque hay más? —Júlia dirigió horrorizada la mirada a la continua oscuridad que limitaba la vista de la parte superior de la pasarela.
—Ciertamente, por arriba están los animales extintos por otras razones.
—Vaya… seguro que hay especies que la humanidad desconoce.
—Tienes toda la razón, ¿avanzamos ya? —preguntó Evolución mirando a Júlia con gesto de desesperación, ella le sacó la lengua de forma burlesca en contestación al tono que había usado.
Después de esta pequeña conversación Júlia se serenó, miró al frente, tomó una amplia bocanada de aire y comenzó a caminar mientras lo expulsaba.
Esta vez, ya no se detuvo. «¡Qué horror!
» es lo único que podía pensar. Miraba a un lado y a otro intentando disimular las lágrimas que comenzaban a brillar en sus ojos.
Identificaba algunos animales gracias a su formación, como el rinoceronte blanco del norte, la foca monje del caribe, un quagga, un sapo dorado, una huia, un moa; se sorprendió, pero no gratamente, al reconocer algunos animales que ella todavía creía vivos, como el pájaro carpintero picomarfil cubano o el puma del este.
Vio leopardos, gacelas, otros delfines, tigres, mariposas; pero eran tantos y tantos animales extintos que era incapaz de conocerlos todos; y menos aquellos animales que desaparecieron miles de años antes de tu era.
Júlia encabezaba la marcha. Acariciando sus ojos de vez en cuando para secar sus lágrimas.
Detrás de ella, un boquiabierto Evolución la seguía sin poder creer lo que estaba presenciando.
¿Te puedes imaginar qué? Conforme avanzaban, los animales no seguían con los ojos a Júlia, ni siquiera le echaban un vistazo. Júlia también había notado ese detalle.
—¿Evo? —Júlia estaba algo confusa—. ¿No me has dicho que los animales me iban a mirar? —Evolución no contestó, simplemente miraba atónito a Júlia y a los animales, comprobando si realmente eso estaba sucediendo.
—Eso te he dicho, sí —dijo Evolución medio asustado al cabo de un rato de silencio.
—¿Qué pasa? —preguntó Júlia incómoda—. ¿Esto es malo?
—No, no —contestó rápidamente Evolución—. Simplemente que no me lo explico. Sigamos a ver qué pasa.
Continuaron caminando. Júlia aceleró sutilmente el paso, deseaba terminar ya aquel pasillo de la vergüenza.
«El nombre no podía describirlo mejor» pensó ella.
Los cientos y cientos de animales se sucedían, uno detrás de otro, arriba, abajo, por todas partes; entre ellos había criaturas nunca antes vistas por los humanos actuales.
Ni uno miró a Júlia. A pesar de lo abrumada y avergonzada que se sentía, reparó en que había algunos huecos donde solo estaba el retablo que debía sujetar una cabeza y el nombre grabado en una placa en la parte inferior.
Supuso que eran animales que se encontraban en peligro de extinción y que aquel pasillo ya se estaba preparando para acogerlos.
«Espero que todo esto pueda servir para evitar que los retablos vacíos se llenen» se decía Júlia en su fuero interno cuando detectaba algún otro hueco.
Intentaba leer todos los nombres de los animales que todavía no estaban allí, por si pudiera impedir que alcanzaran aquellas paredes, no quería olvidarse de ninguno, ese pasillo era ya demasiado extenso.
Así fue, leyendo las placas de los huecos vacíos, como reconoció enseguida un nombre de un animal que ella ya creía extinto y, al menos, se llevó una pequeña alegría en aquel pasillo de los horrores. Ya descubrirás cuál.
Se acercaba el final. Ya se dejaba ver, cada vez más cerca conforme seguían caminando, la puerta de entrada a la cabaña.
Evolución iba siguiendo los pasos de Júlia por inercia mientras sus pensamientos daban vueltas alrededor de varias ideas que podrían explicar el motivo de por qué los animales no se percataban de la presencia de un humano.
—No llego a comprender del todo cómo ha sucedido esto, pero debe ser por tu condición de alma limpia — teorizó Evolución.
—¿Puede tener relación con lo que me dijo Energía? —intentó encontrar una explicación Júlia.