Júlia y los Creadores. Cambiar o Morir 7 Ya no hay vuelta atrás. #3
32%

7 Ya no hay vuelta atrás. #3

Sin decir nada, con la expresión neutra y los movimientos mecánicos de quien lleva tanto tiempo trabajando en su oficio que ya no le supone ningún reto, Baco impuso sus dos manos sobre la brecha de rou y los característicos destellos de los mitzrarianos comenzaron a dirigirse y concentrarse en las palmas de sus manos y en sus dedos y aumentaron progresivamente la frecuencia de aparición hasta que la uor comenzó a proyectarse desde su cuerpo y envolvió la oscuridad que dañaba a Zahrah.

Como si se tratara de una exocitosis, los restos oscuros envueltos en una película áurea se separaron completamente del pecho de Perfume y Baco los aisló en una vasija hecha de tzra , «lo sólido» y rou «la oscuridad».

Un contenedor que fue ideado por un mitzrar bastante especial —y que ya te presentaré— capaz de aislar a la oscuridad, ya que el rou no puede infectar al rou .

Zahrah perdió el conocimiento.

—¡Ya está! —profirió Baco sacudiéndose las manos—. Ahora se tendrá que quedar aquí descansando y recuperando su forma humana —añadió al tiempo que señalaba su cama indicando a Karnaut que tendiera a Perfume.

—Perfecto Baco, nosotros acompañaremos a Júlia a que se instale —manifestó Karnaut una vez hubo colocado a Perfume en la cama de Baco y comprobado que la herida comenzaba a sanar.

—¡Genial! ¡Ya verás Júlia! —exclamó Baco en su tono eufórico.

Evolución y Júlia, cargados de maletas, comenzaron a ascender las escaleras del sótano en dirección al vestíbulo de la Hermandad.

Karnaut agradeció a Baco su ayuda y les alcanzó ya casi en el hall, donde les tomó la delantera y les pidió que le siguieran a través de las elegantes escalinatas que los llevarían a la pasarela superior y, desde allí, les condujo hasta la que iba a ser la habitación de Júlia.

Curiosamente iba a ser la primera humana no artista en estar allí, pero por su seguridad, para evitar que se repitiera el episodio vivido en la universidad o algo peor, todos consideraron que lo más coherente era que Júlia viviera en el hogar de cientos de Artes, bajo su protección.

En el trayecto hasta su cuarto, Júlia, que era incapaz de contener sus ansias por conocer todo cuanto fuera capaz, no dudó un instante en preguntar qué le había pasado a Zahrah y qué era esa herida negra y humeante que cubría su pecho.

—Cortesía de los creadores oscuros —ironizó Karnaut —.

Torth nos indicó que había indicios de mucha gente desaparecida en extrañas circunstancias y envió a algunas Artes a comprobarlo.

Al parecer las pistas y los rastros de las desapariciones los llevaron a averiguar que Anthropos y sus secuaces estaban secuestrando a esas personas y, al intentar ayudarlas, Zahrah fue atacada violentamente e infectada con rou , por eso salía de su pecho ese fluido negro que parecía tinta china en lugar de sangre —narró Karnaut a Júlia.

Llegaron a la habitación y allí encontraron a Escultura, Arquitectura y Pintura poniendo a punto el nuevo hogar de Júlia.

Justo en la entrada, Escultura cincelaba un trozo de piedra que ya dejaba ver su forma, parecía un tucán bastante grande.

Júlia le sonrió a modo de saludo y atravesó el quicio de la puerta para encontrar a Arquitectura, de pie, en medio de la sala, tomando con su carboncillo anotaciones en un plano, estaba preparando las defensas del cuarto.

A simple vista, parecía una estancia normal, pero Arquitectura había embebido en las paredes todas las rocas de Bonlur de las que disponía la Hermandad para sellar el habitáculo de Júlia.

Estas eran diferentes a las que ya conoces pues su función no era transportar sino estabilizar.

Estas piedras se comunican entre ellas intercambiando energía, formando una red tridimensional que mantiene estable y protegido el espacio que abarca.

En este caso, Arquitectura las colocó de manera precisa, haciéndolas formar un rectángulo aislado, con la puerta como único punto de acceso y que tan solo se abría ante Júlia y ante quienes tuvieran el permiso de ella.

La habitación no tenía demasiadas cosas, pero era acogedora.

Una cama de cuerpo y medio se hallaba pegada a la pared de la derecha y, junto a ella, una pequeña mesita de noche.

En la pared contigua, había un armario de doble puerta entreabierto, dejando ver su interior vacío y unas pocas perchas colgando.

Frente a la puerta, un gran ventanal hacia la estancia muy luminosa y tenía el alféizar acolchado y con un par de mullidos cojines.

A la izquierda de la ventana, había un pequeño escritorio con su correspondiente silla, que ahora estaba lleno de botes de pintura, pinceles y otros materiales propiedad de Pintura, a la que encontraron colocando una tiza en la gran estantería que había situada al lado del escritorio.

Pero Júlia todavía no se había percatado de todos los detalles de su habitación, ella quedó embobada, con la boca abierta, mirando un enorme mural que cubría la totalidad de la pared de la izquierda, obra de nuestra querida Leamitz .

—¡Madre, mía! ¿Esa soy yo? —preguntó Júlia admirando el mural.

El dibujo era magnífico. Se trataba de un tríptico con el que Pintura quiso homenajear el momento en el que Júlia le rezó a Naturaleza y revivió el jardín de la Hermandad de las Artes.

De izquierda a derecha, la pintura comenzaba con una Júlia dubitativa, arrodillada frente al brote al que le habló, no le faltaba detalle, en sus facciones podías intuir la congoja que sintió al pensar que los humanos eran la causa de tal debacle botánico; se podía palpar en el ambiente la tristeza que transmitía ese pobre jardín, mustio, seco, de abatidas tonalidades terrosas.

Ni rastro de Naturaleza.

De repente el retrato se agitó y entonces un puñado de hojas se movieron, como guiadas por un pequeño soplido de viento, hacía la parte central de la representación donde se podía apreciar que el jardín estaba recuperando su fuerza y vitalidad.

Júlia seguía de rodillas, pero su expresión ahora era de sorpresa e incredulidad y, tras ella, unos conmovidos Karnaut y Arquitectura que no daban crédito a lo que estaba sucediendo.

La luz y la vida comenzaban a invadir el lienzo.

Naturaleza ha escuchado.

Otra pequeña sacudida y otras pocas hojas guiaron la vista de Júlia hacia la tercera y última sección de aquel tríptico.

Pintura había dibujado el patio entero cubierto de biodiversidad animal y vegetal, casi se podían oler los aromas de las flores y escuchar el canto de pequeños pájaros.

Júlia, Arquitectura y Karnaut transmitían una alegría inconmensurable y todas las Artes estaban dibujadas asomándose a los balcones y ventanas vitoreando a Júlia.

Naturaleza tiene esperanza.

—¿Te gusta? Ji, ji, ji, ji —preguntó Pintura.

—No me gusta ¡Me encanta! ¡Es increíble! —exclamó Júlia.

—Ciertamente, es hermoso —continuó Evolución.

Júlia se aproximó a Pintura y la estrujó entre sus brazos en señal de agradecimiento mientras esta reía y le daba palmadas en la espalda.

—Oye, ¿esa es la tiza que me diste? —preguntó Júlia dudosa, soltando el abrazo y fijándose en la estantería.

—Sí, ji, ji, ji, ji, ahí estará mejor —comentó Pintura.

—Es una estantería como la que guarda la flauta de Música —aclaró Arquitectura—. Ahora puedes cogerla sin preocuparte de perderla.

—Perfecto —respondió Júlia cogiendo la tiza—. No sabéis lo útil que resultará eso para mí… —añadió girándose hacia ellos.

—Sí lo sabemos sí —rio Karnaut al recordar la escena junto a Música, visitando a los padres de Júlia, donde quedó patente que la chica era bastante despistada.

Júlia alzó una ceja ante aquel comentario que no terminó de comprender, pero antes de que pudiera preguntar, Arquitectura se adelantó:

—Ven Júlia, esto es importante. —Júlia se acercó y ella extendió el rollo del papel A0 que había estado dibujando—.

¿Ves? esta es tu habitación. —En el croquis aparecían figuras tridimensionales como los planos de planta de los arquitectos humanos y unos rombos de color verde repartidos por toda la representación—.

Estos rombos representan unas piedras de Bonlur especiales —dijo mientras señalaba las formas romboides—.

Ahora tu habitación es como una fortaleza, no se puede entrar ni salir sin que tú lo ordenes, en realidad basta con que lo pienses.

—Vale, tendré que probarlo —dijo llevándose la mano a la barbilla, como si tuviera en mente planear algo. Tras esto, se dirigió hacia Escultura.

—Buen día joven Elegida —saludó este a Júlia girándose hacia ella.

—Hola, Escultura. ¿Qué estás haciendo? —preguntó Júlia mientras admiraba el busto.

—Un pequeño obsequio, Evolución aseguró que estas majestuosas aves de gran pico y lujosos colores son tus predilectas —explicó Escultura.

—¡Claro! Se lo comenté a Evolución mientras veníamos aquí por primera vez —aclaró Júlia.

—Esta talla sigue el comportamiento de las que guardan mis aposentos, defenderá tu guarida ante los que osen irrumpir sin permiso —esclareció Escultura con puño de hierro.

—¡Es espectacular chicos! ¡Muchas gracias! — exclamó Júlia con entusiasmo.

—Puedes llamarnos hermanos —corrigió Arquitectura fundiéndose en un fraternal abrazo con la Elegida.

—Júlia, debemos irnos —interrumpió Evolución acercándose a ella—. Primero debes conocer a los Natura y después ya regresarás a la Hermandad —concluyó Evolución sacando su piedra del espacio.

—¡Buena ventura, hermana! —exclamó Escultura con bravura.

—Ji, ji, ji, ji —rio Pintura.

—Ten cuidado, Júlia —previno Arquitectura algo preocupada.

—Ya verás como lo haces perfectamente, nos vemos cuando termines —afirmó Karnaut con serenidad.

Tras estas palabras Evolución invocó un portal teletransportador y se metió en él, pero inmediatamente se asomó de nuevo a la habitación de Júlia y dijo:

—¡Vamos, Júlia!

—Gracias a todos —dijo emocionada volviéndose hacia las Artes—. Nos vemos pronto… —Júlia se quedó pensativa —. ¡Hermanos! —concluyó con valentía dando un salto y adentrándose en el portal.