Júlia y los Creadores. Cambiar o Morir 6 Desafío final #3
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6 Desafío final #3

—¿Ahora quieres que mate a mi perra? —preguntó Júlia enjugando sus lágrimas con el pulpejo de sus dedos, tratando de mantener el denuedo que intentaba mostrar ante Anthropos.

—Tu… ¿perra? Ha tenido que ser una casualidad — dijo Anthropos soberbio—. Elige.

Júlia se echó las manos a la cara y estalló a llorar, no podía soportar la presión, ella nunca había matado a ningún ser vivo, ni uno. Esta situación le estaba superando.

—No puedo matar a Luna —decía entre sollozos—. El águila.

La majestuosa ave abrió y agitó sus alas adoptando una actitud defensiva y, acto seguido, alzó el vuelo para huir de su verdugo, Anthropos, quién le cortó la evasiva desplegando sus murciélagos tatuados.

La podenca jadeó y movió su cola en señal de alegría y aulló emocionada por la elección de Júlia, que ya estaba agotada anímicamente y mantenía la cara oculta con sus manos, deseando que aquello solo fuera un mal sueño y preguntándose por qué las Artes, que habían jurado no volver a separarse de ella, no estaban allí para salvarla de ese horror.

«¡Qué termine esto ya por favor!» pensaba Júlia desesperadamente.

Pero el juego no había terminado.

El siguiente ser vivo seleccionado por Anthropos fue un humano. Este apareció amordazado y atado a una silla, gritando, aunque no se le entendía nada; estaba diciendo: «¿Dónde estoy? ¡Soltadme! ¿Quiénes sois vosotros?». A juzgar por sus ojos, —y porque soy Verdad—, estaba aterrado.

—¡Júlia! —bramó Anthropos para llamar su atención—. Es tu turno, ¡elige!

Júlia se destapó la cara dejando ver un rostro exhausto y unos ojos rojos que solo suplicaban que alguien o algo pusiera fin a aquella tortura.

La escena que tenía frente a ella no hizo más que empeorar su estado de desolación.

Allí estaban, a un lado, la que parecía su perra sentada moviendo la cola y, al otro lado, una persona sujeta a una silla que le gritaba sin que ella entendiera nada.

Júlia recuperó la postura, se quedó muda mirando una y otra vez a cada uno, sin saber qué hacer, mientras Anthropos seguía presionándola para que tomase una decisión.

—Esa no es Luna —dijo Júlia temblando—, Luna murió hace años y ese hombre no. —Seguía llorando—. Elijo a Luna.

De la boca de Júlia solo surgió un ligero hilo de voz.

Sentía tanta tensión que le costaba respirar.

La perra estaba aterrada y emitió unos sonidos de pánico que llegaron hasta Júlia como si mil dagas atravesaran su corazón.

Guerra asestó un mandoble con su hacha hacia el perro y este desapareció, dejando solo, frente a Júlia, a aquel desconocido que ahora parecía respirar aliviado.

—Ahora viene la parte más divertida —interrumpió Anthropos relamiéndose—.

Venga te daré cierta información. Este hombre es Carlos, se dedica básicamente a salvar el mundo.

Es un miembro activo de… ¿cuántas asociaciones?

—preguntó mirando a ese tal Carlos. Este contestó con balbuceos, aunque se llegó a entender once— ¡ONCE!

Once asociaciones de todo tipo, además es abogado, trabaja en la fiscalía del estado, pero en sus ratos libres, defiende a gente sin recursos.

—Anthropos empezó a aplaudir—. Magnífica labor Carlos —dijo sarcástico—.

Muchísimas gracias —añadió abofeteando la mejilla de Carlos al son de las sílabas—.

Bien. —Se giró de nuevo hacia Júlia, frotándose las manos—.

Como gesto de buena voluntad, te adelantaré que solo te queda una decisión —dijo con superioridad.

—Que acabe esto ya, por favor —suspiró Júlia agotada.

Anthropos sonrió maliciosamente ante el comentario de Júlia y, acto seguido chasqueó sus dedos, pero no apareció ningún otro ser vivo.

—¿¡A dónde te lo has llevado!? —exclamó Júlia al tiempo que vio desaparecer a su padre.

—Aquí —dijo brevemente Anthropos haciéndole reaparecer al lado de Carlos—. Última prueba, la vida de Carlos, abogado salvador del mundo o la de tu padre. Tú eliges.

Júlia no se podía creer está situación, este macabro juego le había agotado psicológicamente, no era capaz de ver con claridad y su cabeza seguía dándole vueltas al por qué de aquella situación: «Si soy la Elegida, ¿por qué no vienen a ayudarme? ¿Seré realmente ella? A lo mejor esperan que luche».

—¡Acaba ya con este absurdo juego! ¡Ya no jugaré más! —exclamó Júlia que se encontraba al límite.

—Recuerda que tu madre sigue cautiva —dijo señalando a Guerra que ahora comprimía el cuello de su madre con su hacha.

—¡NOOOOO! —exclamó Júlia corriendo hacía Anthropos henchida de desesperación.

Cuando, sin saber muy bien con qué fin, estuvo a punto de alcanzar a Anthropos, este se desvaneció y, con él, Guerra, sus padres, el tal Carlos y todos los restos del atroz suceso.

Júlia frenó en seco y, antes de que pudiera preguntarse qué había pasado, una mano tocó su hombro, sobresaltándola.

Justo detrás de ella estaban Karnaut , Música, Moda y otros dos personajes que Júlia no reconoció.

—¿Qué ha pasado? —preguntó desorientada Júlia. Karnaut se acercó y le cogió las manos.

—Tranquila Júlia, es una prueba de conciencia y responsabilidad, ideada por Torth . Siento mucho haberte hecho sufrir.

—¿Cómo? ¿Todo era mentira? —preguntó Júlia turbada.

—Me temo que sí, querida —respondió Moda—. Este es Otha —añadió señalando a uno de los dos personajes que Júlia no acertaba a identificar.

Teatro es un Arte secundario pues proviene de Baile, aunque hay que decir que no tiene nada que envidiarles a las Artes principales.

Viste una toga típica de la época de la antigua Grecia y se asemeja a Tespis, según lo que los humanos sabéis, este fue el primer actor de la historia, aunque discrepo, este artista griego no fue otro que el propio Teatro, quién no pudo contener sus anhelos de subir a un escenario humano de nuevo; esto puso a Bonlur muy furioso, pero no quiero aburrirte con asuntos triviales de vaga importancia, solo decirte que Teatro en la actualidad ofrece maravillosos espectáculos en otros planetas.

Su nombre en gluboniano es Otharzlin ; lin ya lo conoces y otharz quiere decir «distinto o diferente», por lo que literalmente su nombre viene a equivaler a «humano diferente» aunque su sentido literal no manifiesta su verdadero significado.

Lo que realmente quiere expresar dicho nombre es que Teatro puede trocar su personalidad a su antojo, es decir, interpretar a cualquier personaje de forma inmejorable.

—Con mi ayuda y la de Otha hemos podido simular este escenario —continuó Moda, refiriéndose a Teatro con su apelativo cariñoso.

—Yo era Anthropos Júlia —dijo Música interviniendo en la conversación—. Lo siento mucho, con mi don he podido imitar la voz de ese despreciable.

Júlia seguía en shock.